5/12/09

Breve ensayo sobre la música


Música.

(Del lat. musĭca, y este del gr. μουσικ).

1. f. Melodía, ritmo y armonía, combinados.
2. f. Sucesión de sonidos modulados para recrear el oído.
3. f. Concierto de instrumentos o voces, o de ambas cosas a la vez.
4. f. Arte de combinar los sonidos de la voz humana o de los instrumentos, o de unos y otros a la vez, de suerte que produzcan deleite, conmoviendo la sensibilidad, ya sea alegre, ya tristemente.
(R.A.E)

El escritor francés Alfred Musset escribió:

"Etimológicamente, se cree que la palabra Música procede del griego, derivando del vocablo “Musa” como recuerdo del coro de las nueve musas hijas de Zeus y Mnemósine, de la mitología griega, que dirigidas por Apolo, estaban encargadas de conservar y cuidar las artes y la ciencia. La música concierne a las nueve musas inspiradoras del arte, que los griegos enumeraron así:

1. Melpómenes: Tragedia
2. Talía: Comedia
3. Calíope: Poesía épica.
4. Terpsícore: Poesía y danza ligera
5. Erato: Lírica coral
6. Euterpe: Música (Nótese la posición de la música en esta jerarquía de las musas de la Grecia antigua)
7. Polímnia: Poesía lírica
8. Clío: Historia
9. Urania: Astronomía

Pero, ¿Qué significa el concepto MUSA, y por consiguiente, qué significa MÚSICA? MUSA proviene del Sánscrito, designa a la esencia materna y significa “concebir, transformar, hacer”, la madre es el principio femenino tangible e intangible. La raíz Us o Ash designa a la esencia paterna y significa “el Absoluto Señor, el Padre, el Uno, el Innombrable”. Es el principio masculino de lo tangible y lo intangible. Se complementa con IKE, que significa “relacionado con”. Por lo tanto, MUSA designa una unión de los opuestos, un centro generador de energía, por lo que Música vendría a ser lo relacionado con el centro de energía, y ¿qué sería lo que relaciona el concepto música con el centro de energía? El sonido armónico y proporcionado. Se entiende y se justifica el asignarle a la Música un papel trascendente para la realización espritual del hombre.” (La Música La Reina de Las Bellas Artes. Alfred Musset, 1810-1857).

Podría seguir citando fuentes, recopilando datos sobre el significado de la música etimológicamente, históricamente y/o “académicamente”; pero no es necesario para lo que quiero decir.

Si hay un arte libre, es la música; la manifestación artística más abstracta para nuestros sentidos, puesto que sólo la percibimos a través del oído. Ni siquiera sabemos de la naturaleza del que la crea. Es por eso que nos ayuda (a los que la creamos) a conocernos a nosotros mismos, o a conocer a esos tantos otros que hay dentro de nosotros; y a los que la oyen, a conocerse a sí mismos y a los que la hacen.

Lo que parece seguro es que tanto a los que la crean, como a los que la escuchan (que pueden ser los mismos), la música ayuda a entrever lo imposible de conocer. Esto es, lo inefable. Tiene tal poder, que sume nuestras almas en abismos, acelera nuestro ritmo cardíaco, nos invita a soñar los sueños más imposibles y nos transporta a través de las sensaciones por lugares invisibles, recovecos de la profundidad del espíritu, lo insondable. Pero todo esto es balbucear. ¡Cuántas cosas no se han dicho ya sobre la música, desde tiempos inmemoriales! Toda suerte de escritos ronda la historia de la humanidad. ¡Cuántas obras intentando explicar el poder de la música! (con lógica, con métrica, con todas las armas de la rectitud científica y la revelación filosófica).

Hay un aspecto técnico en el que la música se mueve. Digamos que a través de la ciencia, o a través de la lógica, podemos explicar y comprender los cauces por los que la música fluye, las sendas por las que este poder “pasa”. Nuestras herramientas exteriores catalizadoras. Los instrumentos, el sonido, nuestros oídos... y teorías musicales de estudio: polifonía, tempo, contrapunto, etc.
Pero la música encierra un poder que va mucho más allá de esto. Un poder superior a nuestro entendimiento, ya que el lenguaje es totalmente abstracto. Es el lenguaje de las sensaciones, como la poesía, pero todavía más abstracto y directo. Se clava en el alma y la modifica, la altera. No es de extrañar que la Iglesia (aún hoy lo sigue haciendo en algunos sectores), llegase en cierto momento a advertirnos de la música. Y no sólo la Iglesia, también algunos filósofos y personalidades; porque la música traspasa nuestro intelecto y mueve los afectos, queramos o no.

Ya en la antigüedad, se le otorgaba a la música poderes “mágicos”, medicinales (Pitágoras) y una gran capacidad de conmover, que podía llegar a ser peligrosa para el hombre.
Sin embargo, tuvieron que pasar muchos siglos para que la música se considerase, se valorase como en nuestros días y se aceptase como un arte “mayor”, sin necesidad de usar letras para orientar las piezas o usarla exclusivamente para ritos religiosos.
Se cree que la partitura musical más antigua de occidente es la que reza el epitafio de Seikilos.

Soy una imagen de piedra. Seikilos me puso aquí, donde soy por siempre, el símbolo de la evocación eterna.

Es una triste melodía sobre estos versos:

Brilla, mientras estés vivo,
no estés triste,
porque la vida es por cierto corta,
y el tiempo exige su retribución.

Atemporales palabras.

En wikipedia, leemos que la canción es melancólica, clasificada como skolion o ‘canción para beber’. También en esta fuente, apuntan que se desconoce el tempo de la canción, ya que no fue anotado; y que la estela fue descubierta en 1883 cerca de Aydın, a unos 30 km de la ciudad de Éfeso (Turquía). Desapareció en 1922 durante el Holocausto de Asia Menor. Posteriormente, se reencontró, rota por la base, en poder de una mujer del pueblo que había cortado la base y la usaba para apoyar una maceta. Actualmente se encuentra en el Museo Nacional de Dinamarca.



Sé que existen otros textos musicales de la antigüedad griega, que al encontrarse deteriorados, fueron tomados por especialistas, reconstruidos, interpretados, grabados y publicados. Por casa (no sé dónde) tengo un CD grabado por un querido amigo que en su momento me informó de estas obras.

The eye of the beholder

Pero no quisiera profundizar demasiado en la antigüedad. Al fin y al cabo, es un tema complicado, amplio y profundo, que requiere, naturalmente, un desarrollo mayor.
La música, como arte mayor (para mí superior a las demás), encierra un poder, como decía más arriba, sin igual. Podemos hablar de “grados” en ese poder inalterable. Por ejemplo, para que nos entendamos con representaciones de nuestro tiempo; si escuchamos una canción vacía o “mediocre”, músicas internacionales de radio fórmula, música básica, facilona y hermética, desprovista de alma alguna; dependiendo generalmente del gusto, pero también del grado crítico en cuanto a la belleza musical, nos gustará más o menos. Si el estribillo es pegadizo, aunque no nos guste, es muy probable que vayamos en autobús, estemos en un bar, o en un establecimiento cualquiera, y al sonar esa melodía, ese estribillo, aunque no estemos atentos en ese momento, “llame nuestra atención”. Es uno de los atributos de la música que otras artes no poseen sin una predisposición intelectual. Sin entrar en mejores o peores músicas, es la música en sí la que tiene ese poder, sea cual sea, de calidad alta o de calidad baja. Sin embargo, si no conocemos la canción de antemano, o no contiene una melodía que se cuele en el alma directamente, lo más probable es que sigamos tomando nuestra copa en el bar, mirando la ventana del autobús o los artículos de cualquier establecimiento, sin percatarnos necesariamente de lo que está sonando. Esta peculiaridad la diferencia de todas las demás artes, porque puede “colarse” en el alma sin necesidad de prestarle atención previamente a lo que suena. Aunque todo depende de los oídos que escuchen, o del eye of the beholder.
Y es que la música parece expresar lo inefable y/o inalcanzable para nosotros. Como decía al principio, intenta revelar algo.

Escribe J. L. Borges, al final de “La muralla y los libros”:

“La música, los estados de felicidad, la mitología, las caras trabajadas por el tiempo, ciertos crepúsculos y ciertos lugares, quieren decirnos algo, o algo dijeron que no hubiéramos debido perder, o están por decir algo; esta inminencia de una revelación, que no se produce, es, quizá, el hecho estético”. (Otras Inquisiciones, 1952)

Hace unos años, charlando con un amigo sobre este asunto, uno apuntaba que la música es el arte mayor; que es, de entre todas las artes, la que nos acerca de modo más directo a lo que quiera que haya al otro lado de nuestra comprensión del mundo. El otro no estaba tan de acuerdo con esa afirmación, sobre todo porque, la poesía también ofrece características muy elevadas.

Como prueba, para hacerlo entender, pusimos el ejemplo de una palabra. Si decimos por ejemplo “árbol”, esta palabra nos evoca una serie de conceptos, variables por supuesto en cada persona; y si hundimos la palabra dentro de la imaginación, ésta nos reporta conceptos y relaciones de conceptos bastante amplios, incluso quizá infinitos. Pero son conceptos concretos, las palabras tienen significados, más o menos “estandarizados”. Sin embargo, si en lugar de decir o escribir una palabra, simplemente hacemos sonar una nota de algún instrumento, como por ejemplo, el piano, al hacer sonar la nota DO, lo único que despertamos en el receptor es una sensación, o sino al menos, una comunicación absolutamente indefinida. No un concepto asociado desprendido del lenguaje, como ocurre con la palabra, sino una sensación desnuda, pura, si se quiere. Y ni siquiera hemos creado armonía tocando la nota DO. Cada nota es una sensación. Las notas musicales son emociones, abstracción pura. No son como ruidos comunes, son gotas sensitivas, son herramientas para provocar la catarsis, en uno u otro sentido. La música no necesita del ejercicio intelectual, sólo se trata de sentir, a diferencia de las artes “físicas”, y en menor medida, de la poesía. Mi amigo y yo, desde ese día estuvimos de acuerdo en la “superioridad” de la música como forma de expresión artística más pura y más directa del ser humano.
Si observamos una escultura, y sentimos, rápidamente aparecen asociaciones y pensamientos, ejercicios intelectuales que nos llevarán de un lado a otro. Lo mismo ocurre si miramos una pintura, abstracta o no, o un edificio. Posiblemente, el ejercicio intelectual que efectuamos sobre la obra artística que observamos, pueda dar resultados infinitos, o quizá no. Quizá nuestro pensamiento, partiendo de unas bases tangibles, comprensibles (objetos, colores, estructuras...), tenga una finitud. Sin embargo, no podemos contemplar esta posibilidad con la música. El ejercicio intelectual, que somos libres de hacer, puede ser infinito. Por esencia infinito, como el cosmos. Podemos asociar cualquier cosa de nuestra imaginación a la música, independientemente del carácter de la música. Podemos entenderla bajo cánones de interpretación de la belleza o de sentir (como el sentir romántico del que se habló en los comentarios de la entrada “we suck young blood”, de este mismo blog). Conmueve al alma de forma pura, sin obligarnos a pensar en colores o formas concretas, o recuerdos o sueños concretos. La misma música puede ofrecer miles de sueños diferentes según cuando la escuchemos. Está en nuestras manos imaginar, o “intelectualizar” la música, pero no tenemos porqué hacerlo, puede bastarnos simplemente con sentir.

Let me tell you with my words

Por último, quiero hablar de un factor que, en la música, nos lleva a pensar en conceptos concretos: las letras. Las letras escritas para la música, desde la ópera hasta el pop, condicionan al oyente. Aunque también ofrecen cierta libertad, la gran mayoría de las letras nos evocan esto o aquello. Podríamos distinguir entre distintos tipos de letras. Básicamente, hablaré de las letras “poco poéticas o poco abstractas” y de las letras “poéticas o abstractas” (uso el término poéticas en el sentido de la abstracción del mensaje de las letras). Para poner un ejemplo (espero no resultar demasiado grotesco), la gran mayoría de las canciones que aparecen en las radio fórmulas, me parecen insultos a la inteligencia. Parecen estar hechas para cierto prototipo de ser humano que no se da cuenta de lo vacías y lamentables que son esas letras (no hablo ya de las músicas que las acompañan porque lo hice arriba como ejemplo); esas letras serían las “poco poéticas o poco abstractas”. Esos serían textos “sensibleros” y, por qué no decirlo, en su mayoría, feos.

El trabajo como letrista de cantautores pícaros, tipo Joaquin Sabina (aunque sea original), tampoco me sirven. Creo que lo que escriben no es poesía, sino, grosso modo, una artimaña de juegos de palabras, que si no eres muy tonto, no engañan a tu mente y menos a tu sensibilidad. Las letras poéticas son, las que guardan, al menos, un trasfondo verdadero, un trasfondo despojado de estereotipos y prejuicios por parte del que las escribe, y están escritas con alma, sin pretensiones.

Como ejemplo, copio una letra de Barbara (Monique Serf, 1930-1997), aunque todas sus canciones son poéticas o abstractas, elijo una de mis favoritas, que a su vez es una de mis canciones favoritas de todos los tiempos, “Le mal de vivre”. La canción original está escrita en francés, aquí copio una traducción de la misma:

Barbara - El mal de vivir

Llega sin avisar, tan sólo llega
Llega de lejos,
Se arrastra de orilla en orilla
Con la faz disimulada,
Y de pronto una mañana, al despertar
Se insinúa
Ahí está, se adormece
En las entrañas.

El mal de vivir
El mal de vivir
Que hay que vivir
Hasta el final.

Podemos colgárnoslo en bandolera
O como una joya en la mano
Como una flor en el ojal
O justo en la punta del seno
No necesariamente es la miseria
No es Valmy, no es Verdún
Pero son las lágrimas en los párpados
En el día que muere, el día que nace.

El mal de vivir
El mal de vivir
Que hay que apurar
Hasta el final.

Seamos de Roma o de América
Seamos de Londres o de Pequín
Seamos de Egipto o bien de África
O de la puerta de Saint-Martin
Todos alzamos la misma súplica
Todos recorremos el mismo camino
Que se hace largo cuando hay que hacerlo
Con nuestro mal en las entrañas.
Han querido comprendernos
Quienes nos alcanzan con las manos desnudas
No queremos escucharlos
No podemos, ya no podemos.
Entonces, solos en el silencio
De una noche interminable,
De pronto pensamos en ellos
En aquellos que no regresaron

Del mal de vivir,
Su mal de vivir
Que tuvieron que vivir
Hasta el final.

Y sin avisar llega
Llega de lejos,
Se ha paseado por las fronteras
Disimulando la risa
Y de pronto una mañana, al despertar
Se insinúa
Y os maravilla
En las entrañas

El gozo de vivir
El gozo de vivir
Oh, vívelo
Tu gozo, tu gozo de vivir.



La letra de la canción es absolutamente estremecedora, conmovedora como pocas; verdadera, poética, es también un poema. Además (y aquí quería llegar), aporta a la música una grandeza sin igual que atisbamos también en la traducción. Sin embargo, sin conocer la letra, ya nos podemos emocionar con ella. La canción es emocionante por sí sola, como muchas otras de Barbara y otros artistas. A veces las letras aportan a las canciones significados que hacen que éstas pierdan mucho. Otras veces, no aportan nada, nos quedamos igual; y hay otras que aportan aun más a la música, así lo comprobé personalmente con las letras de Barbara, nunca he necesitado conocer las letras para emocionarme considerablemente con las canciones; pero, al conocerlas, la belleza en esas canciones creció; no necesitaba ni necesito las letras porque su música es emocionante, el sonido de las palabras de Barbara recitadas/cantadas por ella, su voz, su piano, todo es un río que se agita.

Otro ejemplo de letra “poética o abstracta” podría ser “From the morning” del autor inglés nacido en Birmania, Nick Drake (1948-1974):

Nick Drake – From the morning

A day once dawned, and it was beautiful
A day once dawned from the ground
Then the night she fell
And the air was beautiful
The night she fell all around.

So look see the days
The endless coloured ways
And go play the game that you learnt
From the morning

And now we rise
And we are everywhere
And now we rise from the ground
And see she flies
And she is everywhere
See she flies all around

So look see the sights
The endless summer nights
And go play the game that you learnt
From the morning




Los textos o las letras que yo entiendo en este breve ensayo como “poéticas o abstractas”, son las letras conmovedoras que no caen en lo averiguable, letras a las que no se les acaban los matices, ni con los años, letras que superan nuestra comprensión, o que no podemos abarcar del todo con la inteligencia, y no porque no tengamos la capacidad, sino porque en ellas hay algo más que el pensamiento. Hay una esencia que es inabarcable de la que están impregnadas, y es tan real que no la podemos apurar nunca, al menos nunca del todo. Así, las letras no perecen con los años, no caducan. Como algunos poemas.



He querido publicar este pequeño ensayo como ejercicio de redacción personal. Sin más pretensión que compartir mis reflexiones. Gracias Edurne por las correcciones.





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2 comentarios:

Anónimo

enorme pieza de Bach, interesante el ensayo, un saludo capitán

P. Galvez

Enrique

Tema para un larguísimo debate, que más de una vez hemos acometido a los tumbos, que al final suele ser la mejor manera de que salgan ideas originales y no frases hechas o dogmas. En fin, sí que apuntaría principalmente que el arte, como tal, tiene unas características, pero que cada disciplina artística, al mismo tiempo, no cumple sólo la funciòn de arte puro. Por ejemplo: dentro de la plástica no es lo mismo un cuadro que un comic, pero ambos entran dentro del arte (no siempre, claro, el solo hecho de ser cuadro o de ser comic no los hace arte de por sí). La poesía en sus comienzos servía más que nada para poder transmitir los mitos de memoria, más que para su actual funciòn lírica.Y en el caso de la música, no podemos dejar de recordar la funciòn juglaresca que cumplió durante toda la historia, tradición en la que desde mi punto de vista se enganchan los cantautores, sean Sabina o Paolo Conte (ya después las diferencias de calidad, o incluso de intencionalidad, es otro cantar).Bueno, la seguimos un día de estos personalmente.