11/12/09

In the court of the Crimson King


El año 1969 es uno de mis favoritos cuando pienso en la música popular moderna. Se publicaron cantidad de discos que luego se convirtieron en emblemas de la cultura pop. La flagrante efervescencia hippie (todavía atontada por el verano del amor), y la psicodelia, asolaban Europa y Norteamérica con especial fervor. Lo curioso de este año, no es la cantidad de discos publicados en un mismo año, sino, la cantidad de buenos discos publicados. Es difícil encontrar otro año que reúna tantas obras buenas juntas.

Ese año aparecieron, antes o después, discos tan transgresores como el Ummagumma de Pink Floyd (quienes también publicaron ese año la banda sonora de la película More). Un joven Kevin Ayers publica Joy of a toy, en paralelo a las sesiones de improvisación en el UFO Club con Soft Machine (donde ya habían dejado su emblema los Floyd de Barret unos años atrás). El poeta de los árboles, Nick Drake, publicaba su primer trabajo (Five leaves left), sin pena ni gloria, resultando ser, décadas después, uno de los mejores discos del siglo. Pero es que Drake (a quien dedicaré un artículo otro día), no hablaba a esa generación. Los ya entonces popularmente titánicos Beatles, publican su influyente Abbey Road. Led Zeppelin publica el I y el II consagrándose para siempre. Aparece el tercero y homónimo de la Velvet Underground. El primero de Crosby, Stills & Nash. El notable y experimental Monster Movie de Can. Aparece el proyecto “sobreestrellado” de Blind Faith. El Jeff Beck Group publica Beck-ola, usando como imagen de portada un cuadro de mi admirado Magritte. Bridget St. John lanza también su primer disco, su sedoso folk de culto en Ask me no questions. El tercer disco de estudio de Janis Joplin I Got Dem Ol' Kozmic Blues Again Mama!. Vanilla Fudge publica Near the Beginning, acercandose a lo sinfónico. El segundo de Os mutantes. Los emergentes Traffic de Steve Winwood se colaban en los primeros puestos de las listas británicas con Last Exit etc, etc, etc. Se publicaron obras que han sido ejes centrales de la música popular de las siguientes décadas. Entre estos, y otros discos, se encuentra uno que conocí antes de saber que lo conocía: In the court of the Crimson King,

King Crimson

Por la segunda mitad de los años 90, una cinta de cassette que contenía un disco de Mike Oldfield por una cara, tenía en la otra canciones variadas de diferentes grupos de los 70 entre las que se encontraban las de este disco; aquellas maravillosas cintas de grabar que a veces no sabías ni de donde habían salido, no había títulos, no podías extraer información, no había Internet para siquiera meter parte de la letra de alguna canción en algún buscador, no existía el Dios Google. No había manera fácil de saber qué estabas escuchando, a no ser que conocieras las señas de identidad del grupo, o que alguien más la escuchara contigo y lo conociese, o que por suerte, alguna de esas canciones apareciera en algún programa de radio, para atar cabos. En esas me encontré yo durante bastante tiempo, escuchando sin saber que escuchaba “En la corte del Rey Carmesí”, el primer álbum de King Crimson. Una de las bandas de rock más importantes de todos los tiempos y una de las obras más trascendentes del bigbang creativo (1966-1975). Tarjeta de presentación del grupo entonces formado por

Robert Fripp – guitarra (cerebro del grupo, el único que se ha mantenido hasta hoy)
Greg Lake - bajo, voz principal
Ian McDonald - teclados, flauta, mellotron, coros
Michael Giles - batería, percusión, coros
Peter Sinfield - letras

De las portadas se encargó el artista y programador informático Barry Godber, quien murió en 1970 de un ataque al corazón, poco después de que se publicara el disco, a los 24 años de edad.


21st Century squizoid man

El telón se abre con un auténtico torrente eléctrico que ya augura lo que es, y sobre todo será, el hombre del siglo XXI: esquizoide por encima de todo. Voces distorsionadas, estribillos y riffs rockeros, vientos y percusiones de corte progresivo, con un bajo eléctrico contundente. Poderosa, sobre todo los últimos 5 minutos. La línea de bajo con los instrumentos de viento y las percusiones a veces parecen querer acercarse a un raro jazz huraño. La canción es delirante.

I talk to the wind

Tras ese torrente que bien podía ser una gran explosión, aparece una de mis canciones preferidas de este disco, I talk to the wind. Sonidos próximos al rock espacial, la atmósfera recuerda a veces a los Pink Floyd del DSOTM (aunque este disco es 4 años anterior al de floyd). Aparecen instrumentos de viento que le dan un aire medieval a la canción, podemos pensar en noches de luna, ramas secas y caminos, lagos y seres fantásticos si se quiere. La batería suena como esas baterías de los 70, ese sonido seco, sutil y elegante, que tanto me gusta y que los 80 echaron a perder.

I talk to the wind / but the wind does not hear / the wind cannot hear

Únicamente escuchando estos dos primeros temas, podemos ver que King Crimson era una banda bien armada y sobrada en recursos, arriesgada y con mucho talento. La verdad es que el disco es bastante revolucionario, y en muchos aspectos adelantado a su época.

Epitaph

De casi 9 minutos de duración, mantiene esa esencia medieval que mencioné antes en I talk to the wind, pero aquí es mucho más romántica, y desde mi punto de vista un tanto averiguable, bastante sinfónica.

But i fear tomorrow / i’ll be crying


Moonchild

Otro de los puntos fuertes del disco, y quizá la mejor canción, es Moonchild. Tiene un poco de todas las partes del álbum, en un corte de más de 12 minutos. Arranca con estos fantásticos versos:

Call her moonchild
Dancing in the shallows of a river
Lovely moonchild
Dreaming in the shadow of the willow

Talking to the trees of the
cobweb strange
Sleeping on the steps of a fountain
Waving silver wands to the
night-birds song
Waiting for the sun on the mountain.

She's a moonchild
Gathering the flowers in a garden
Lovely moonchild
Drifting on the echoes of the hours

Sailing on the wind
in a milk white gown
Dropping circle stones on a sun dial
Playing hide and seek
with the ghosts of dawn
Waiting for a smile from a sun child



Pero tras la parte más convencional (no por eso menos interesante y bella), de repente da un giro radical para transformarse en auténtico rock de vanguardia, que a veces parece rozar la música académica contemporánea y el free-jazz, algo bastante común en esta banda, experimentando con tempos, sonidos, ruidos y silencios, de forma magistral.

La música de King Crimson generalmente tiende a cruzar por estos lares, a veces piensa uno en auténticos músicos de conservatorio. No está de más decir que entonces, muchos músicos que habían aprendido académicamente, decidieron expresarse (así lo entendieron) de forma más libre, entrando al rock. Muchas bandas de rock progresivo y otros estilos estaban compuestas por músicos de formación claramente académica. Recuerdo las palabras de uno de los mejores bajistas de la historia del rock, el bajo de Cream, Mr. Jack Bruce, quien declaró alguna vez haber abandonado su formación de música clásica; todo ese mundo académico que exige ciertas disciplinas etc... para adentrarse en el rock como terreno de expresión más libre. Aunque hoy día esta visión es mucho más discutible que en sus días. Yo, al menos, entiendo lo de Bruce como una libertad más bien material y cercana a los años fugaces de la juventud; poco o nada como libertad musical creativa in essentia. Pero así lo entendió él.

El disco cierra con una de las piezas más famosas de King Crimson, y la primera que me enganchó en aquella cinta de cassette, The court of the Crimson King. Una especie de balada sinfónica con unos poderosos acordes de Mellotron y coros majestuosos, que también fue lanzada como single.

In the court of the Crimson King es un disco distintivo, progresivo, anticipado a su época, revelador de los trabajos posteriores del grupo (algunos mejores que este), y bastante recomendable. 7 de 10.

En Mediafire

5 comentarios:

Anónimo

fantastico disco, lastima que luego se tornaran tan cerebrales

saludos desde america

rlo

Genial disco...

Tienes que hacer otra entrada exculsivamente sobre "Starless", sabes que lo merece jeje.

Enga "Solitario!"

Ahab

Je,je. Sí Carlos, a este paso vamos a hacer un grupo llamado "The Solitaires", suena hasta bien.

Sobre "Starless", algún día dedicaré una entrada, no te quepa duda, gran tema donde los haya.

Salud

KAra.

Discazo In The Court... 21 Scentury Schizoid debe ser una de las cosas más anacrónicas jamás publicadas. Lo que debe haber sido escuchar hace 40 años una canción así! Si a mi me voló literalmente el cráneo cuando la oí por primera vez hace cinco años a lo sumo, imáginense en ese momento...
Muy cierto lo de 1969, uno de los años cumbre del rock. Todos los discos que nombraste y eso que te olvidaste de Arthur de los Kinks, otro discazo si los hay. También está Tommy de ese año, no un disco que me fascine pero es un clásico y una de las primeras óperas rock. Salu2.

Ahab

Es un disco revolucionario.

Sí, otros discos serían publicados en esa fecha, claro, innumerables; cuando escribí esta entrada pensé en esos que cité, aunque algunos a mí personalmente no me dicen demasiado a pesar de conocer y entender su poder influyente.
1969 fue un año especialmente dador en la emergente música rock.

Gracias por comentar, saludos