25/1/10

Aktuala


F
inales de los 60 principios de los 70 no sólo fue el periodo bigbang de la música popular en términos experimentales en Gran Bretaña y USA, este boom también se manifestó en multitud de países a los que de una u otra forma esas músicas conseguían llegar; cientos o miles de grupos saltaron rápidamente al mercado, muchos de ellos, al no conseguir apoyo de las discográficas, desaparecieron relativamente rápido; algunos con más suerte y mejores discos son hoy los clásicos. Valga poner como ejemplo las bandas españolas Smash (pioneros en el rock andaluz, entendiendo el término como el resultado natural de adaptar el rock al sentir propio de la región anadaluza), o los catalanes Máquina. Sirvan estos dos ejemplos clave aunque en España aparecieron muchas bandas modernas en estos ámbitos a pesar de no haber acabado la dictadura franquista. Básicamente Europa se llenó de rock progresivo. En Italia no fue menos.

Siguiendo con una nueva entrada en el blog sobre obras progresivas de la década de los 70, aunque en este caso añadiendo tintes experimentales, quiero referirme a Aktuala. Un curioso grupo experimental de músicos italianos con el que me topé hace unos años.


Es uno de esos casos difíciles de "etiquetar", ya que, aunque el rock progresivo está cerca de lo que ofrece Aktuala, me atrevería a decir que están más cerca de las tribus africanas y las músicas tradicionales indias; si no en esencia, al menos en influencia sí. No estamos ante un caso de prog-rock al uso; nos encontramos ante un grupo de experimentos populares, étnicos, ambientales, densos, pero libres al fin y al cabo. Frenesí en forma de jazz vibrante y bizarro entre percusiones tribalistas, saxos que "chillan" y chirrían, hileras de instrumentos artesanales y platillos entre lo que parecen aullidos de animales surrealistas, cantos de sirenas, voces humanas que parece que vinieran de ultratumba... toda una espiral de sonidos psicodélicos tan paranoides que no parece que haga falta el famoso ácido LSD, tan de moda entonces, para vivir un viaje multicolor a lo desconocido.

1972. Italia. Se agrupan unos cuantos músicos diferentes entre sí, algunos más interesados en el aspecto "ocultista" de la música; otros más cercanos al rock progresivo y la psicodelia. El resultado es una densa estructura de sonidos que evocan misterio étnico y majestuosidad oriental enlazados, con atino, a una amplia gama de percusiones, sonidos que parecen emular animales (imaginarios o no), sitares, alguna guitarra clásica, gongs, fláutas, oboes etc...


El concepto global no deja de ser algo "amañado", pero interesante, al menos como disco al que otorgarle una sola escucha por mero entretenimiento y curiosidad. No defrauda. La combinación de instrumentos de por sí es interesante, el saxo alcanza momentos de alta originalidad. A pesar del contínuo frenesí, todo gira siempre sobre bases generadas por instrumentos orientales.

Instrumentos de Aktuala

Antonio Cerantola a las guitarras
Laura Maioli a las percusiones
Daniele Cavallanti al saxo
Walter Maioli a la flauta, armónica y oboe
Lino "Capra" Vaccina percusiones

Publicaron 3 discos. Este es el primero, homónimo, de 1973.
Los temas que más me gustan son el que abre el disco When the light began, y el último, Dejanira. Sólo tiene 6 cortes, alguno pasa de los 11 minutos de duración.

Aktuala - Aktuala (1973) En Rapidshare

19/1/10

El ganso de nieve


El rock progresivo alcanza su auge en los años 70, desde entonces la cantidad de bandas y músicos que se han expresado en esta vertiente musical es insondable. Como suele ocurrir en todos los vértices artísticos, en el prog-rock también hay bastante paja (paja de cierta calidad); pero, como también es común, existen muchas obras clásicas dentro del género y grupos que con su trabajo abrieron nuevos senderos para la música popular. Es el caso de las grandes, King Crimson, Pink Floyd, Yes, etc, etc... y porsupuesto Camel.

En 1975, esta banda de rock progesivo y sinfónico, publicó un disco memorable y cargado de bellas melodías: The Snow Goose. Un álbum conceptual basado en los pasajes de la novela del mismo título escrita por Paul Gallico en 1941, escritor norteamericano que murió un año después de la publicación del álbum, la novela narra una historia de amor y amistad durante la segunda guerra mundial.

The Snow Goose supuso la llegada de Camel al circuito mainstream (llevaban desde mediados de los 60 tocando, primero con bandas amateur y posteriormente como Camel, ya habían publicado dos discos antes de este), como ocurriese a Pink Floyd con Dark Side Of The Moon o a Mike Oldfield con Tubular Bells, este disco fue "la puerta grande" para Camel.

Music inspired by The Snow Goose, al igual que los discos que he citado arriba, es a día de hoy un clásico; creo que si tuvieramos que enumerar unos cuantos discos para ejemplizar lo que es el rock progresivo, esta obra entraría en la lista sí o sí.

Desde que abre con
The great marsh, el oyente emprende una odisea por una extensa galería de sonidos que evocan aventuras y fantasía, construidos a partir de guitarras eléctricas, órganos, flautas, percusiones, y una destacable línea de bajo de alta precisión y elegancia que consigue sumir en confortable remanso a las melodías; el oyente ha iniciado un viaje con destino a los confines de su imaginación.

Andrew Latimer a las guitarras, flauta y voz principal
Peter Bardens a los teclados, órgano y mini moog
Doug Ferguson al bajo
Andy Ward batería y percusión

La obra la co-escribieron Andrew Latimer y Peter Bardens. Y para los arreglos orquestales contaron con David Bedford (compositor un tanto en la sombra que publicó en los 70 obras interesantes, además de trabajar con Kevin Ayers o con Mike Oldfield adaptando Tubular Bells a formato orquestal, entre otros; un músico quizá infravalorado).

Camel
en el Royal Albert Hall

Este álbum conceptual y enteramente instrumental llevó a Camel por los escenarios de todo el mundo. Para mí es la mejor obra de este grupo y uno de los mejores Lps instrumentales de la historia del rock.

1975 en la BBC



Camel - The Snow Goose (1975) en Mediafire


Camel en Spotify

Más info en Wikipedia

16/1/10

Las tentaciones, o Eros, Pluto y la Gloria


(Estos días de lluvia me han hecho recordar una de mis antiguas lecturas...)


- XXI -


Dos satanes y una diablesa, no menos extraordinaria, subieron la pasada noche por la escalera misteriosa con que el infierno asalta la flaqueza del hombre dormido y se comunica en secreto con él. Y vinieron a colocarse gloriosamente delante de mí, en pie, como sobre un estrado. Un esplendor sulfúreo emanaba de los tres personajes, que resaltaban así en el fondo opaco de la noche. Tenían aspecto tan altivo y dominante, que al pronto los tomé a los tres por verdaderos dioses.

La cara del primer Satán era de sexo ambiguo, y había también, en las líneas de su cuerpo, la malicia de los antiguos Bacos. Sus bellos ojos lánguidos, de color tenebroso e indeciso, parecían violetas cargadas aún de las densas lágrimas de la tempestad, y sus labios, entreabiertos, pebeteros cálidos, de los que se exhalaba un bienoliente perfume; y cada vez que suspiraba, insectos almizclados iluminábanse en revoloteo al ardor de su hálito.

Arrollábase a su túnica de púrpura, a manera de cinturón, una serpiente de tonos cambiantes que, levantando la cabeza, volvía languideciente hacia él los ojos de brasa. De ese vivo cinturón colgaban, alternados con ampollas colmadas de licores siniestros, cuchillos brillantes o instrumentos de cirugía. Tenía en la mano derecha otra ampolla, cuyo contenido era de un rojo luminoso, con estas raras palabras por etiqueta: «Bebed; esta es mi sangre, cordial perfecto»; en la izquierda, un violín, que le servía, sin duda, para cantar sus placeres y sus dolores y para extender el contagio de su locura en noches de aquelarre.

Arrastraban de sus tobillos delicados varios eslabones de una cadena de oro rota, y cuando la molestia que le producía le obligaba a bajar los ojos al suelo, contemplaba vanidoso las uñas de sus pies, brillantes y pulidas como bien labradas piedras.

Me miró con ojos de inconsolable desconsuelo, que vertían embriaguez insidiosa, y me dijo con voz de encanto: «Si quieres, si quieres, te haré señor de las almas, y serás dueño de la materia viva, más que el escultor pueda serlo del barro, y conocerás el placer, sin cesar renaciente, de salir de ti mismo para olvidarte en los otros y de atraer las almas hasta confundirlas con la tuya.»

Y yo le contesté: «¡Mucho te lo agradezco! De nada me sirve esa pacotilla de seres que no valen sin duda más que mi pobre yo. Aunque algo me avergüence el recuerdo, nada puedo olvidar; y si no te hubiese conocido, viejo monstruo, tus cuchillos misteriosos, tus ampollas equívocas, las cadenas que te traban los pies, son símbolos que explican con claridad bastante los inconvenientes de tu amistad. Guárdate tus regalos.»

El segundo Satán no tenía el aspecto a la vez trágico y sonriente, ni las buenas maneras insinuantes, ni la belleza delicada y perfumada del otro. Era un hombre basto, de rostro grueso y sin ojos, cuya pesada panza se desplomaba sobre sus muslos, cuya piel estaba toda dorada e ilustrada, como por un tatuaje, con multitud de figurillas movedizas, que representaban las formas múltiples de la miseria universal. Había hombrecillos macilentos que se colgaban voluntariamente de un clavo; había gnomos chicos y deformes, flacos, que pedían limosna más con los ojos suplicantes que con las manos trémulas, y también madres viejas con abortos agarrados a las tetas extenuadas, y otros muchos más había.


El gordo Satán se golpeaba con el puño la inmensa panza, de donde salía entonces un largo y resonante tintineo de metal, que terminaba en un vago gemido hecho de numerosas voces humanas. Y se reía, mostrando impúdico los dientes estropeados, con enorme risa imbécil, como ciertos hombres de todos los países cuando han comido demasiado bien.
Y éste me dijo: «Puedo darte lo que todo lo consigue, lo que vale por todo, lo que a todo reemplaza!» Y se golpeó el vientre monstruo, cuyo eco sonante sirvió de comentario a las palabras groseras.

Me volví con repugnancia y contesté: «No necesito, para mi goce, la miseria de nadie; y no quiero riqueza entristecida, como papel de habitaciones, por todas las desdichas representadas en tu piel.»

Por lo que toca a la diablesa, mentiría yo si no confesara que a primera vista hallé raro encanto en ella. Para definir tal encanto no lo podría comparar a nada mejor que al de las bellísimas mujeres maduras, que, sin embargo, ya no envejecen, y cuya hermosura conserva la magia penetrante de las ruinas. Tenía a la vez aspecto imperioso y desmadejado, y sus ojos, a pesar del cansancio, conservaban fuerza fascinadora. Lo que más me llamó la atención fue el misterio de su voz, en la que encontraba el recuerdo de las contraltos más deliciosas y un poco también de la ronquera de las gargantas lavadas sin cesar por el aguardiente.

«¿Quieres conocer mi poderío? -dijo la falsa diosa con su voz encantadora y paradójica-. Escucha.»

Y se llevó a los labios una trompeta gigantesca y llena de cintas como un mirlitón, con los títulos de todos los periódicos del universo, y a través de la trompeta gritó mi nombre, que rodó así por el espacio con el ruido de cien mil truenos, y volvió a mí repercutido por el eco más lejano del planeta.

«¡Diablo -salté, casi subyugado-, eso es bonito!» Pero al examinar más atentamente al marimacho seductor me pareció reconocerla vagamente, por haberla visto brincar con algunos pilletes conocidos míos; y el ronco sonar del cobre me trajo a los oídos no sé qué recuerdo de trompeta prostituida.

Por eso respondí, con todo mi desdén: «¡Vete! ¡No estoy guisado para casarme con la querida de algunos que no quiero nombrar!»

Tenía yo derecho, ciertamente, a estar orgulloso de tan valerosa abnegación. Mas, por desgracia, me despertó y todas mis fuerzas me abandonaron. «En verdad -me dije-, muy aletargado tenía que estar para mostrar tales escrúpulos. ¡Ay! ¡Si pudiesen volver cuando estoy despierto, no me las daría de tan delicado!»

Y los invoqué en alta voz, suplicándoles que me perdonaran, ofreciéndoles que me deshonraría lo más a menudo que fuese necesario para merecer sus favores; pero les había ofendido gravemente, sin duda, porque no han vuelto jamás.


Charles Baudelaire
El spleen de París - Pequeños poemas en prosa

8/1/10

I'm a dinosaur, somebody is diggin' my bones




Adrian Belew en su blog personal:

"I still have plenty of fuel in my tank.
physically and creatively.
I look forward to at least another decade
of performing and producing my art".


Una visión optimista y realista (espero que su pronóstico se cumpla), a la vista está: es uno de los guitarristas más originales de la historia del rock y uno de los artistas más vivos que hay, pasando ya los 60 años, siempre ha mostrado una preculiar vitalidad en el escenario. Se ha convertido en una figura de culto, desde que el mismísimo Frank Zappa lo descubriera y arrendara para su banda, poco después David Bowie, otro tanto con Talking Heads, hasta King Crimson y su andadura en solitario. Entretanto ha colaborado con un largo número de artístas del mundo de la música a través de los años. Aparece acreditado en más de un centenar de trabajos de otros artistas.

Junto a Frank Zappa

Belew nació en Kentucky, en su adolescencia era batería, hasta que le diagnosticaron una enfermedad temporal contagiosa y tuvo que pasar un par de meses aislado. No se le ocurrió otra cosa que probar a tocar la guitarra. Así, escuchando discos y tocando "de oído" (como hemos hecho muchos), aprendió a tocar la guitarra a su manera. Intentó desde el principio buscar nuevos senderos sonoros para la guitarra, no queriendo imitar las técnicas de los "grandes" (Hendrix, Clapton...), sino valerse de ellas para desarrollar una forma personal y única de tocar y de componer. Luego aprendería a tocar otros instrumentos también, como el piano, teclados, chelo, flauta o armónica.

Usuario habitual de la red de redes (http://www.adrianbelew.net/ - http://elephant-blog.blogspot.com//), él mismo ha creado este simpático vídeo corto en el que resume su carrera grosso modo.



Aquí podemos ver un resumen detallado de su actividad, con motivo de una petición popular para que Adrian Belew sea incluido en el Rock And Roll Hall Of Fame.


Ha hecho música inovadora, vanguardista, introspectiva, densa, feroz, neurótica, romántica, así como música más bailable, pop; ha probado, con su disco The guitar as Orchestra, a emular una orquesta tocando únicamente la guitarra, pasandola por pedales etc... aunque este proyecto no fue muy agraciado; ha creado canciones pop rock memorables que ya son clásicos como "Young Lions", (es un gran admirador de Beatles, como todo músico que se precie y eso se nota en canciones, sobre todo acústicas, como Men in helicopters que se parece muchísimo en su forma a Eleanor Rigby); la primera vez que lo ví fue hace unos años en un vídeo de una de las canciones de la etapa pop de Mike Oldfield (con quien también colaboró, para el disco Earth Moving, uno de los peores del de Reading, todo sea dicho), llamada Holly, que Oldfield le compuso a su hijo Luke. Belew canta y toca la guitarra. Aunque creo que nunca la ha llegado a interpretar en directo con Oldfield, sí lo ha hecho, en cambio, en playback. Pero es que Belew ha colaborado con tanta gente, de menor o mayor calidad, hasta con Tori Amos; de hecho, antes de entrar en King Crimson y empezar a publicar discos en solitario, Adrian Belew era un músico [destacado] de sesión.

Con King Crimson lleva desde 1981 hasta la actualidad. Desde entonces ha ofrecido miles de conciertos con esta banda, formando parte de ella integramente, como frontman, voz principal y guitarra (cuánto no habrá aprendido de Robert Fripp, o de Tony Levin - uno de los mejores bajistas del mundo).


Adrian Belew - Young Lions (acoustic)


Hot tribal night
Underneath florescent skies
Bonfires rage strange
Wild waving shouting picasso faces

In the guise of a lioness
The wind kisses her burning dress
You can feel their animal eyes
You can hear them cry,
"be the jewel around my neck,
Never a tear on my burning dress"

Lying, paralyzed,
A brave prey who lays dying
And is surrounded by angry spirits
Hunters, guns, drums, and elephants

Why is this night quiet?
Filled with trees filled with eyes
As she prowls around my feet
She throws back her head dress and cries,
"now you will be mine,
Be my young lion"

Why is this night quiet?
Why the trees filled with eyes?
As she prowls around my feet
She throws back her head dress and cries,
"be my young lion"

King Crimson - Dinosaur



Long ago and far away in a different age
when i was a dumb young guy
fossilized photos of my life then
illustrate what an easy prey i must have been
standing in the sun, idiot savant
something like a monument
i'm a dinosaur, somebody is digging my bones

Ignorance has always been something i excel in
followed by naivete and pride
doesn't take a scientist to see how
any clever predator could have a piece of me
standing in the sun, idiot savant
something like a monument
i'm a dinosaur, somebody is digging my bones

when i look back on the past
it's a wonder i'm not yet extinct
all the mistakes and bad judgements i made
nearly pushed me to the brink
it doesn't pay to be too nice
it's the one thing i have learned
still, i made my fossil bed
now i toss and turn

King Crimson - Three of a perfect pair




Pasos recientes

La etapa reciente de Belew es, seguramente, lo que me ha impulsado, sobre todo lo demás, a escribir esta entrada. Hace unos años Paul Green (creador y profesor en The School of rock y gran admirador del trabajo de Belew, especialmente con Zappa y King Crimson) le invitó a echar unas jornadas con sus estudiantes (todos entre 7 y 18 años), a Belew le pareció interesante y asistió. Dio unas clases, y estando allí Green le propuso que tocara con sus dos alumnos más aventajados, Julie y Eric Slick (dos hermanos adictos a la música, bajo y batería respectivamente), tocaron juntos la canción City of tiny lights de Frank Zappa y Belew quedó impresionado con los hermanos. Tanto con Julie, la bajista, como con Eric a la batería, músicos muy jóvenes, pero que lo saben ya casi todo, auténticos fieras, la verdad es que es alucinante como tocan los dos, especialmente Julie, toca el bajo increíblemente; con mucha fuerza y precisión, su estilo es perfecto para el trabajo con Belew, siempre descalza en el escenario, muestra una personalidad musical solemne y arrolladora.

Julie Slick durante un show
Eric Slick durante un show
Para que comprendáis el por qué de mis halagos a estos dos hermanos con vuestros ojos y oídos, y veáis cómo efectivamente Belew sigue en forma, os dejo este extraordinario concierto del llamado Adrian Belew Power Trio, para el mítico Rockpalast alemán:

Este vídeo anda por eMule en alta calidad.


Y algunas fotografías:


Belew dice estar en forma, y está en forma; un músico que desde siempre ha sido una alternativa a los cánones del rock, ofreciendo música para los inconformistas, rock progresivo del mejor que se ha hecho y se hace. ¡Que nos dure muchos años!
Mi saludo, admiración y respeto a este joven dinosaur. Keep up the good work!

Adrian Belew en Spotify

4/1/10

Breve ensayo sobre la música II


El universo es música

Cuando publiqué Breve ensayo sobre la música, tuve la sensación de haber escrito algo denso, difícil de digerir. De algún modo me sentí en deuda con quienes leyeron, no tanto por no haber sido claro como por no haber sido extenso, es en parte por esto que publico ahora una extensión, una segunda parte; una especie de segundo capítulo. He querido citar otros autores, transcribir otros textos y recomendar algún libro. De hecho, y así quiero empezar, recomiendo un libro en torno al cual voy a girar durante esta segunda parte de este ensayo. Se llama "La estética musical desde la antigüedad hasta el siglo XX". El autor es Enrico Fubini, uno de los musicólogos y expertos del pensamiento musical más importantes de nuestro continente. Las páginas de Fubini suponen un claro, conciso, didáctico y revelador repaso por el pensamiento musical desde la antigua Grecia hasta nuestros días. De líquida lectura y directo, sin demasiada opinión (aunque se puede ver, en lo inevitable); es más que una jugosa referencia para todo aquel que se interese por el pensamiento musical.

A mí, personal y especialmente, me interesa el pensamiento musical en la época del Romanticismo. Básicamente por dos razones: en primer lugar porque me parece el más fértil de los periodos en este campo; los textos sobre la música están llenos de poesía, son, naturalmente, más oníricos, más cálidos y sobre todo más infinitos. Y en segundo lugar porque está más cerca (generalmente) de mi punto de vista y de mi estilo de pensamiento. Me identifico más con los textos de pensadores, músicos, poetas, filósofos etc... de éste periodo que con los de ningún otro. Ya que, en etapas anteriores, fueron más los pensadores los que osaron escribir y categorizar a la música. Valgan como ejemplos

Pitágoras: la música es matemática, se convierte en su doctrica al descubrir y expresar aritméticamente los intervalos de la escala musical, como las razones entre los números 1,2,3 y 4, descubren que existe un orden y una organización numérica en la naturaleza del sonido.

Platón: “La melodía se compone de tres elementos: palabra, armonía y número... El número y la armonía se han hecho para las palabras". "Toda conversación sobre la música debe llevar a lo hermoso” y "Que la educación se mantenga pura, para que nada sea innovado en la gimnástica ni en la música... No se puede tocar a las reglas de la música, sin alterar las leyes fundamentales de la gobernación".

En la Edad Media, el salto a la polifonía y el humanismo, el Ars Nova

Guido de Arezzo: “Es inmensa la distancia que hay entre músicos y cantores; estos cantan, aquellos conocen cuanto constituye la música. Al que hace lo que no sabe se le puede definir como bestia".

Fubini, durante el recorrido histórico por el pensamiento musical, llega al romanticismo citando autores como Beethoven, Mozart o Chopin.



Y habla de E.T.A Hoffmann (1776-1822), ilustre escritor, pensador, pintor, tenor y compositor alemán, bastante importante. Yo sólo conocía su faceta como escritor, gracias a El Hombre de arena. Publicó sendos textos sobre la música.

Escribe Hoffmann:

"¡Qué cosa sublime no es la música, tan sublime como profundo e inescrutable es su misterio! ¿No vive a caso en el espíritu mismo? ¿No lo colma de dulcísimas imágenes oníricas arrastrandolo a una vida diferente, luminosa, ultraterrenal, donde el hombre encuentra refugio de las deprimentes penas de este mundo? Si: una fuerza divina lo invade entonces. Y quien se abandona con infantil pureza de sentimientos a las solicitudes de la fantasía aprende a hablar el lenguahe del romántico, mundo sin explorar de los espíritus , y evoca inconscientemente (como el aprendiz de brujo cuando lee en voz alta el libro del maestro) hileras de ángeles y de demonios maravillosos se mueven alrededor del mundo como aéreos séquitos de danzantes, suscitantdo una palpitación de infinita nostalgia que nadie alcanza a percibir".

Hoffmann poseía una profunda visión histórica de la música y esto se hace notar en sus textos, confiriéndole a la música definiciones atemporales. Las definiciones de música más cercanas las encuentro en lo literario, y en el periodo romántico; como no es posible definirla, todavía no lo hemos conseguido y posiblemente no lo consigamos nunca, me decanto por estas definiciones poéticas llevadas al papel tras ser atravesado por la grandeza de este arte sinigual. Por eso siempre he preferido hablar de música con poetas que con músicos.

Sigo transcribiendo a Hoffmann, en este caso refiriéndose a Beethoven:

"Rayos de luz inflamados surcan la noche negra de este reino. Gigantescas sombras fluctuantes nos acosan y nos comprimen cada vez más y nos asfixian, pero sin extinguir la pena de la infinita nostalgia en la que reincide, y mediante la cual se libera de todo compromiso, cada improvisado ímpetu de alegría canona. Solamente con esta -que resume en sí misma, pero sin destruirnos, el amor, la esperanza y la alegría y que parece que quisiera rompernos el pecho con el tumultuoso unísono de todas las pasiones que se han fundido a la vez-, solamente con esta pena continuamos existiendo arrebatados por el éxtasis de la profecía".



En la primera parte de este ensayo intenté explicar cómo la músca alcanza nuestro espíritu y mueve los afectos de forma pura, y de forma más directa que ningun otro arte. Luego he descubierto otros textos que lo explican quizá con mayor claridad y belleza. Por ejemplo, la escritora parisina de origen suizo Madame de Staël (1767-1817) escribió:

"De todas las bellas artes, la música es la que influye más directamente sobre el espíritu. Las demás artes nos dirigen hacia esta o aquella idea; solamente la música se introduce en el manantial más íntimo [del que brota] la existencia, transformando radicalmente nuestra disposición interior. [...]; parece como si, al escuchar sonidos puros y deliciosos, estuvieramos a punto de captar el secreto del Creador y penetrar en el misterio de la vida. Ninguna palabra puede expresar esta impresión, ya que las palabras derivan de impresiones originales, de la misma manera que los traductores [se encauzan] sobre las huellas de los poetas. La falta de determinación de la música se presta a todos los movimientos del alma y, de este modo, cada cual cree descubrir una melodía como en una estrella nítida y tranquila durante la noche, la imagen de cuanto desea en este mundo".

Fubini tampoco se olvida de Stendhal
(Henri Beyle 1783-1842), otro ilustre que dedicó parte de su producción a la música. (Sindrome de Stendhal, Luismi lo citaba en los comentarios de la entrada sobre Nick Drake). Stendhal vivía la música con notable pasión, no poseía conocimientos profundos sobre su "ciencia", sin embargo dejó muchos textos dejandose llevar por su naturaleza sublime; no por ello obviandose o excediendose en su exaltación; los textos son perfectamente admisibles desde cualquier punto de vista. Y es que para los románticos, la música constituye la concidión ideal y perfecta del arte. Stendhal no fue ni crítico musical, ni historiador musical, ni músico. Quizá era un poco de todo esto.

"La buena música -afirma Stendhal- no se equivoca y va derecha al fondo del alma en busca del dolor que nos devora". "Siempre que haya en algún lugar del mundo soledad e imaginación, se manifestará, más tarde o más temprano, el gusto por la música". "Los reflejos del arcoiris no son más delicados ni se deslucen con mayor facilidad que los reflejos de la música, desde el instante en que todo su encanto se basa en la imaginacion y en que la música no tiene en sí nada de real".

Se ha dicho que le siglo XIX es el siglo de la música. Y, ciertamente, es el período donde se publican más escritos sobre música y donde adquieren mayor difusión, textos de músicos y hasta de literatos, poetas, filósofos; los hombres de la cultura en general, escriben en este periodo sobre música.

Escribe Johann Paul Richter (uno de los escritores preferidos de Schumann):

"Oh música!, ¿eres tú la que traes pasado y futuro tan cerca de nuestras heridas, con tus abrasadoras llamas; el arte que porta la brisa vespertina de esta vida o el aire matutino de la vida futura? En verdad tus ecos son sutiles acentos que los ángeles recogen de los alegres sones del otro mundo, para traer a nuestros mudos corazones, a nuestras solitarias noches, el pálido canto primaveral de los altos vuelos celestiales".

La músca es pues, el eco de un mundo desconocido, de una "dimensión paralela"; quién sabe (y aquí pienso en Jung y su inconsciente colectivo), quizá la música, (la música in essentia, en el sentido que la define Schopenhauer, que luego transcribiré), quizá esa fuerza o energía latente, esté en el "otro mundo", ese otro mundo al que pertenece la fuerza creadora, la voluntad. Lo que hay detrás de la representación, tras del velo de maya. La esencia de la existencia. Quizá la música esté ahí. Y las obras grandes y los artistas grandes sean "agraciados" con una porción alta de capacidad creadora, o contacto inconsciente con esa otra "dimensión", la voluntad; la voluntad de todo cuanto existe. La meta del hombre inquieto podría ser, adentrarse cuanto más mejor dentro de esta otra dimensión, de la que está hecho todo, pero como energía íntima, como voluntad, no sólo como representación.

Ya lo dije en el primer capítulo de este ensayo, la música:
"aquello que nos acerca de modo más directo a lo que quiera que haya al otro lado de nuestra comprensión del mundo". Sigo pensando así.

Dejando el libro de Fubini a un lado (lo retomaré en el siguiente capítulo), quiero destacar que de las definiciones y divagaciones varias que he leído a lo largo de mi vida sobre la música, no he encontrado otras más agudas (ni, para mí, más acertadas
), que las estructuras filosóficas de Arthur Schopenhauer. El llamado "filósofo pesimista" (cosa que no entiendo muy bien, pienso que no fue pesimista en su filosofía y esto me lleva a pensar que no se le entiende bien, o, más concretamente, que no se le quiere entender), busca, se sumerge, se adentra en la voluntad, concibe la música como el arte mayor y la sitúa como el arte más sublime de todos. En lo más alto de la pirámide que acaba, en el otro extremo, con la arquitectura. Aunque explica también como estas dos artes albergan factores en común.

Escribe Schopenhauer en Sobre la metafísica en la música (El mundo como voluntad y representación):


"La música constituye por sí sola capítulo aparte. En ella no encontramos la imitación o reproducción de una Idea de la esencia del mundo; pero es un arte tan grande y magnífico, obra tan poderosamente sobre el espíritu del hombre, repercute en él de manera tan potente y magnífica, que puede ser comparada a una lengua universal, cuya claridad y elocuencia supera en mucho a todos los idiomas de la tierra.

En ella hay que ver algo más que un exercitium arithmeticae occultum nescientis se numerare animi de que Leibniz la calificó, con gran razón, sin embargo, en cuanto él no consideraba más que su significación exterior e inmediata, su corteza. Si el contento que la música nos produce no fuera otra cosa se podría comparar a la satisfacción que experimentamos cuando resolvemos un problema matemático, y no sería aquel íntimo gozo con que se expresa en nosotros una voz interior. Desde nuestro punto de vista, que está caracterizado por el efecto estético, tenemos que reconocerle una importancia mucho más seria y profunda y que se refiere a la esencia interior del mundo y de nuestro yo, y en este respecto, las relaciones numéricas en las cuales se resuelve no deben considerarse como lo significado, sino como el signo."

-Esto es especialmente destacable,
Schopenhauer nos advierte de no confundir los números en la música con la explicación o singnificado de ésta-

"Pues con relación al mundo, deben conducirse, en cierto modo, como la representación a lo representado, como la copia al modelo, y esto lo deducimos por analogía con las otras artes, a todas las cuales es propio este carácter. Su efecto sobre nosotros es semejante al de éstas, aunque es más poderoso, más rápido, más necesario e infalible. Al mismo tiempo, aquel aspecto de imitación de la naturaleza debe ser muy íntimo e infinitamente verdadero y adecuado, puesto que es comprendida instantáneamente por todo el mundo, mostrando una especie de infalibilidad por el hecho de que sus formas son susceptibles de reducción a reglas perfectamente exactas y que se expresan en números, reglas de las cuales no se puede apartar sin dejar de ser música ipso facto. Sin embargo, la semejanza entre la música y el mundo, el aspecto bajo el cual la música puede ser una imitación o reproducción del mundo, es algo profundamente oculto. En todos los tiempos se ha cultivado la música sin adquirir conciencia clara de esta relación; contentándose con comprenderla inmediatamente y renunciando a concebir en abstracto la raíz de esta comprensión inmediata.

[...] La música no es, en modo alguno, la copia de las Ideas, sino de la voluntad misma, cuya objetividad está constituida por las Ideas; por esto mismo, el efecto de la música es mucho más poderoso y penetrante que el de las otras artes, pues éstas sólo nos reproducen sombras, mientras que ella esencias. [...] Y como es de esencia en el hombre sentir deseos y satisfacerlos y volverlos de nuevo a sentir para continuar así indefinidamente, así como la dicha y el bienestar del hombre no consisten más que en este paso del deseo a su cumplimiento y viceversa, cuando se verifica rápidamente, puesto que el retraso implica dolor y la falta de deseos hastío y languidez, del mismo modo es de esencia en la melodía el vagar en mil direcciones, apartándose sin cesar del tono fundamental para marchar no sólo hacia los grados armónicos, la tercia o la dominante, sino hacia cualquier grado, hacia la disonante y los intervalos aumentados para volver siempre al tono fundamental. Por medio de estas evoluciones, la música nos pinta las innumerables formas de los deseos humanos y expresa también su cumplimiento, volviendo a un grado armónico y mejor al tono fundamental o tónica. La obra del genio consiste en la invención de la melodía, en el descubrimiento de los más profundos secretos de la voluntad humana, y su acción, aquí más que en parte alguna, es independiente de toda reflexión, de toda intención deliberada, pudiendo decirse de ella que es una inspiración. El concepto, aquí como en todas las regiones del arte, es estéril; el compositor nos revela la esencia interior del mundo y expresa la más honda sabiduría en un lenguaje que su razón no comprende, de aquí que en el compositor, más que en ningún otro artista, el hombre esté completamente separado del artista y sea distinto de él.

[...] Podemos considerar la naturaleza y la música como dos expresiones distintas de una misma cosa que es el lazo de unión entre ambas y cuyo conocimiento es imprescindible para entender dicha analogía. La música es, pues, en cuanto expresión del mundo, un lenguaje dotado del grado sumo de universalidad que respecto a la generalidad del concepto se conduce como éste a las cosas particulares. Pero su generalidad no es en modo alguno la generalidad vacía de la abstracción, sino que tiene otra naturaleza completamente distinta y va unida a una determinación absolutamente clara. Por esto se parece a las figuras geométricas y a los números que como formas generales de todos los objetos posibles de la experiencia y aplicables a priori a todas las cosas no son, sin embargo, abstractos, sino intuitivos y completamente determinados."

Arthur Schopenhauer vivió en el periodo romántico, aunque no se si podríamos incluirlo en este movimiento en tanto a su actitud intelectual.
Quiero recomendar este libro (El mundo como voluntad y representación) como obra mayor de su sistema, como pilar del pensamiento europeo y como gran creación literaria, pues Schopenhauer, a diferencia de la gran mayoría de los filósofos, fue un excelente escritor.



Concluyo esta segunda parte del breve ensayo sobre la música, en el que, sobre todo he querido citar definiciones y reflexiones que para mí son pilares de mi concepción de este arte sublime (aunque sea parcialmente), con una frase del propio Arthur Schopenhauer con la que no puedo estar más de acuerdo.

"La música es un ejercicio de metafísica inconsciente, en la cual el espíritu no sabe que hace filosofía."