7/9/10

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Considerar nuestra mayor angustia como un incidente sin importancia, no sólo en la vida del universo, sino en la de nuestra misma alma, es el principio de la sabiduría. Considerar esto en el centro de esa angustia es toda la sabiduría. En el momento en que sufrimos parece que el dolor humano es infinito. Pero ni el dolor humano es infinito, pues nada de lo humano es infinito, ni nuestro dolor vale más que el ser un dolor que sentimos nosotros. Cuántas veces, bajo el peso de un tedio que parece locura, o de una angustia que parece pasar más allá de ella misma, me paro, dudando, antes de rebelarme, dudo, al pararme, antes de divinizarme. Dolor de no saber lo que es el misterio del mundo, dolor de que no nos amen, dolor de que sean injustos con nosotros, sofocando y agarrando, dolor de muelas, dolor de zapatos apretados —¿quién puede decir cuál es el mayor en sí mismo, cuanto más en los demás, o en la generalidad de los que existen?

Para algunos que me hablan y me escuchan, soy un insensible. Soy, sin embargo, más sensible —creo— que la vasta mayoría de los hombres. Lo que soy, no obstante, es un sensible que se conoce y que, por eso mismo, conoce a la sensibilidad. Ah, no es verdad que la vida sea dolorosa o que sea doloroso pensar en la vida. Lo que es verdad es que nuestro dolor sólo es serio y grave cuando lo fingimos como tal. Si somos naturales, se pasará igual que ha llegado, se difuminará del mismo modo que creció. Todo es nada, inlcuido nuestro dolor.

Escribo esto bajo la opresión de un tedio que parece no caber dentro de mí, o precisar de algo más que mi alma para tener donde instalarse; de una opresión de todos y de todo que me estrangula y me hace desvariar; de un sentimiento físico de la incomprensión ajena que me perturba y me destroza. Pero levanto la cabeza hacia el cielo azul extraño, expongo mi mejilla al viento inconscientemente fresco, bajo los párpados tras haber visto, olvido mi mejilla después de haber sentido. No me siento mejor, pero quedo indiferente. Verme me libera de mí. Casi sonrío, no porque me comprenda, sino porque, habiéndome transformado en otro, he dejado de poder comprenderme. En lo alto del cielo, como una nada visible, una nube minúscula es un olvido blanco del universo entero.

Bernardo Soares, ayudante de tenedor de libros
Fernando Pessoa, Libro del desasosiego

4 comentarios:

Asterión

Pessoa: un gigante. Esta tesis de Soares hace eco en el poema "Heteropsicografía": "El poeta es un gran fingidor, / finge tan verdaderamente / que incluso finge que es dolor / el dolor que en verdad siente".

Saludos

Ahab

Un gigante de lo pequeño.

No sé si me gusta algún escritor más que Pessoa. No sé si hay algún libro que me guste más que "Libro del desasosiego", cada vez estoy más convencido de que es el mejor libro que he leído en mi vida. Ahí está todo. Hiriente, asombrosamente honesto, sangrante, filósofo, poeta, persona, soñador; trabajador de los huecos del lenguaje, de lo pequeño, de los entresijos del pensamiento.

Un grande, sí; un gigante de lo pequeño.

Gracias Asterión.

Saludos

PeterPan

Ahondando en el interior de uno mismo.
El libro ya está anotado. Lo leeré.

gracias ahab

Ahab

Lectura imprescindible.

saludos PeterPan