29/10/11

Goodbye



Dicen que en la vida, entre otras cosas, hay que plantar un árbol antes de morir. Digo esto, y aludo a esa insensata frase, porque hoy hace dos años que decidí plantar este pequeño árbol virtual. Un árbol que ha ido creciendo a lo largo del tiempo, ramificándose. Lo hemos regado entre todos los que hemos venido a verlo. Muchos habéis sido testigos desde el principio y otros llegasteis cuando ya estaba grande. Otros, seguramente llegaréis en el futuro y encontraréis este mensaje. Os animo a mirar en el archivo, porque el árbol quedará aquí hasta que Blogger decida talarlo.

Aquí se termina este punto en el universo cibernético. Pongamos mirada de perro sobre este árbol de páginas. Ojo-punto sobre el objeto que ha tomado una forma, con su ritmo interno, sólo en la vibración. Objeto inteligible que aprehendemos cada uno de modo distinto, inevitablemente orgánico, a pesar de la frialdad de las máquinas que lo guardan.

A los lectores y lectoras habituales, a quienes habéis plantado semillas aquí y allá dentro del árbol, y todas las personas que por devenir del azar lleguen en el futuro: gracias por parar y poner la atención. Siempre podréis releer los artículos y visualizar todo el contenido de entradas anteriores; casi todas son atemporales -lo que he escrito pocas veces ha estado relacionado con la actualidad- y pueden seguir siendo útiles.

Desde que finalmente me animé a plantar este árbol han pasado exactamente dos años. Dos años en los que he aprendido mucho, nunca pensé que esta pequeña aventura cibernética sería tan productiva. Reitero en mi gratitud hacia quienes habéis danzado por estas ramas, comentando y aportando savia al árbol. En las estadísticas veo llegadas procedentes de innumerables rincones del mundo, a todos saludos y gratitudes. Y gracias a los artistas que hemos compartido y comentado. Sin ellos este árbol no sería como es.

Espero que este rincón haya sido últil para vosotros en estos años. Estoy convencido de que hay frutos que pueden aportar algo; basta con un poco de predisposición intelectual. No sé qué hará Blogger, es probable que dentro de un tiempo termine cerrando este blog, pero no lo haré yo. Porque no es sólo mío. Es de todos los que lo hemos leído y escrito.

Que os acompañen los animales, la música, los árboles, el amor y todas las formas que adopta ese extraño rumor que nos reconoce y reconocemos.


Besos y abrazos


Lokua Kanza - Goodbye



18/10/11

Un sueño IV: dualidades



K y P se encontraron en las orillas de un río. Sin conocerse y sin hablar, dijeron:

K:

- Cada cierto tiempo me urge la necesidad de cambiar aspectos relevantes de mi vida. En ocasiones acometo cambios radicales que parecen dotar a la vida de aventura, de sentido. Creo que de este modo estoy más en la intensidad de vivir. Cambiar de amistades o alternarlas, cambiar de trabajo, de vivienda o de ciudad. Así me siento más vivo y más completo. Más seguro de evadir la muerte o el pensamiento insoportable de aquello último e inevitable, el lugar incierto al que estamos abocados. Me paseo por las emociones vitales sin conocerlas nunca, cayendo una y otra vez en el mismo pozo, tropezando con los mismos errores. Llamo a esto vivir. Llamo a esto ser humano. Cambiar, actuar, decepcionar, mentir, probar el veneno gozoso, perderme de hilo en hilo, sentir la lengua áspera de la traición: 'amar', 'odiar', por igual, asumiendo lo que soy entre las imágenes, humano, ecléctico, imprevisible. Rondar en los días la doblez de mi conciencia y hallar después el perdón. Así parezco escapar del vértigo último. No sé si para siempre. No lo cuestiono. No contaré mis días. Viviré. Viviré colocando riquezas en la miseria del espíritu. Pondré antifaz en cada ojo que se acerque. Seré liebre que escapa veloz entre la multitud, con incierto destino, no sé hasta dónde, no sé hacia dónde.

P:

- Entre la incontable pila de ilusiones que han venido y han ido a lo largo de mi existencia consciente, hay una cuyo propósito permanece con una mayor firmeza que las demás: el deseo de vivir en una cotidianeidad práctica. Puede parecer paradójico, a muchos les parecería aburrido, pero mi mayor deseo es alcanzar una vida práctica en lo estático. Una vida sin hora(s)rio. La vida práctica, cotidiana y social, como un lienzo sobre el que se fuese trazando la pintura de mi verdadera vida; la vida de mi pensamiento, la vida de sentir-se sin ataduras ni convenciones sociales, obligaciones cotidianas casi siempre banales o que ocultan la única naturaleza de lo social: las máscaras. Es un inalcanzable sueño que no obstante persigo con la única esperanza de acercarme, habitar el casi. Una vida limpia de adversidades etiquetables, archivadas en lo posible, post-románticas (románticas al fin y al cabo): calcinadas. Sin sorpresas, sin atracos al sentimiento, sin incertidumbres socio-sentimentales. Sin asperezas. Quiero el infinito ese que sólo está dentro. Viajar y cambiar de lugar nunca me ha reportado más que la sensación de intentar huir de no-yo, y el 'disfrute estético' de aquel o este sitio más o menos encantador. Pero deseo la quietud; ser y estar en la paz y la templanza inabarcables de las que sé que estoy hecho y provengo. Ser agua de un lago perdido y lejano, donde van a beber los pájaros y se fortalecen las algas y los musgos. Estático pero vibrante. Densidad, placidez de árbol, ternura. Hallar la paz en la humedad de las noches. Ese es mi deseo mayor. El único inevitable, el más imposible. Lo que dice salvarse entre los desfiladeros del sueño.

23/9/11

Espejos, I




Avalanche
Leonard Cohen
Songs of love and hate, 1971

16/9/11

Un sueño III


Golconda, 1953
René Magritte


Anoche miré dentro
y algo se extendía con rapidez.

Había dentro una tensión visceral. Podrían haberme estallado las arterias y sin embargo me mantuve estático. Encontré en mi camino algunas virtudes que ante mi atónita pero decidida mirada desfilaron como cuadros de museo: allí desaparecía todo rastro de vanidad.

En el viaje, por momentos frenético, toda suerte de despojos intentaron obstaculizar mi camino, pero no consiguieron detenerme. Llegué finalmente a esa nada intraspasable que parece conformar los cimientos que ocultan la vacuidad que somos. "Allí", me propuse arrancar la máscara en un espantoso acto de heroicidad. "Allí", pude sentir la presencia oculta de la bestia.

¿Qué había detrás? ¿tal vez el mal o la maldad en estado puro, un rostro de inimaginables facciones horripilantes? ¿el reverso de mí mismo? ¿todo lo que mi yo ha mantenido oculto? -eso me temía- ¿O acaso era el principio de la conciencia de "ser todo"? ¿Estaba escrutando el inconsciente colectivo del cual hubiera sido dado a ver sólo partes inconexas, despojos o miserias intempestivas? ¿Me había arrastrado éste a los terrenos más grises del espíritu, propios y ajenos?

Titilaba. Sin cansacio. Temblaba en el umbral de mi conciencia. Fue un acto extraño y profundo que consistía -eso creo-, en forzar la voluntad-otra contra la voluntad de "mí", que como en todo momento, "quería"; quería algo distinto (su acostumbrada placidez en las formas, el espacio y el tiempo).

Me vi, sin verme, rechazado por miradas humanas y acogido por miradas de perros, vacas, caballos y otros animales.

Desperté de nuevo entre el gélido sueño de todos, sobrecogido y extrañamente reconfortado.

Un amigo escribió una vez: "Los viajes más largos y peligrosos se hacen sin moverse del sitio". En cualquier sentido, tenía razón.

8/9/11

Nosce te ipsum



[...] Desear tan poco y conocer tanto como sea posible ha sido la máxima principal que ha guiado mi existencia; pues la voluntad es nuestra parte más vulgar y mezquina; como a los genitales, tenemos que ocultarla, aunque unos y otra se hallen en las raíces de nuestro ser. Mi vida es heroica, no definible en términos pequeño-burgués o mercantilistas, y menos en los que cuadran al común de las gentes, que no conocen otra cosa que el trajinar diario de cada individuo; mal pudiera, pues, afligirme al constatar cómo me veo privado de todos aquellos aditamentos de la vida convencional del sujeto típico: cargo público, hogar, relaciones sociales, esposa e hijos. La vida de tales personas se reduce a asuntos de esa índole; la mía, en cambio, es de tipo intelectual, y su despliegue gradual e ininterrumpido durante los cortos años en que dura la plenitud intelectual y su libre ejercicio está destinado a beneficiar con su fruto a siglos de la humanidad. Comparada con esta vida intelectual, mi existencia personal representa sólo una base, una conditio sine qua non, es decir, algo totalmente secundario. Cuanto más escueta sea esa base, tanto mayor será su firmeza; con que cumpla su función para con la vida intelectual habrá alcanzado su cometido. Además, nunca me ha fallado la guía certera del instinto característico de quienes orientan su existencia hacia fines intelectuales, lo cual me ha permitido pasar por alto los objetivos privados y encauzarlo todo hacia mi vida espiritual. De ahí que tampoco me inquiete que mi biografía personal produzca la impresión de ser inconexa y desordenada: se asemeja a la voz acompañante de una melodía, que por sí misma carece de coherencia porque sirve de trasfondo a la voz principal, que en cambio sí la tiene. Lo que inevitablemente se halla ausente de mi vida personal me es compensado de otra manera, a saber, a través del goce pleno de mi espiritualidad y el cultivo de mi vocación congénita a lo largo de mi vida. Es más, si poseyera aquello que me falta, sería incapaz de disfrutarlo y me resultaría un estorbo. Tratar de desviar hacia otros menesteres o imponerle tareas, a un espíritu que de suyo brinda y produce frutos, especialmente frutos que nadie más podría brindar y que por ello perduran, apartándolo así de su actividad benéfica, es no sólo cruel sino insensato. [...]

[...] es verdad que Goethe dice que la conversación es aún más vigorizante que la luz; y sin embargo, es preferible guardar silencio antes que sostener una conversación tan pobre y acartonada como la que es usual entre los hombres, en la que tres cuartas partes de lo que a uno se le ocurre no puede ser dicho por miramientos que no por inevitables son menos necios, con lo que la conversación se torna en una especie de caminar sobre la cuerda floja de lo que es permitido decir sin riesgo alguno. Generalmente, cada conversación, excepto la sostenida con un amigo o un amante, deja un mal sabor de boca, una leve alteración de la paz interior. En cambio, todo recogimiento del espíritu deja una estela reconfortante. Si hablo con los hombres, lo que obtengo de ellos son sus opiniones, que casi siempre son falsas, ramplonas o mentirosas, y están vertidas para colmo en el paupérrimo lenguaje que cuadra con su talento. Si, en cambio, hablo con la naturaleza, ésta me proporciona, verídica y francamente, toda la esencia de cada cosa mentada, y lo hace de forma nítida e inagotable, expresándose en el lenguaje de mi espíritu. A mí siempre me absorben vivamente mis pensamientos y su transmisión; pero con los bípedos no pasa lo mismo: no se interesan sinceramente por sus propias ideas y expresiones, ni las respaldan con el suficiente entusiasmo como para que uno se los tome en serio. Por eso están siempre atentos a su entorno inmediato, en un grado que a mí me resulta incomprensible. Mi mirada se enfoca en un punto concreto, pero la de ellos siempre yerra difusa de un lado a otro, y acogen con alegría cualquier ruido que los interrumpa. De ahí que, por ejemplo, los hombres nunca me parezcan menos mis semejantes que cuando observo cómo hablan por hablar, toleran indolentes el ladrido de los perros o mantienen canarios en cautividad. [...]

* Apuntes íntimos de Arthur Schopenhauer de origen difuso. No vieron la luz hasta pasados varios años, no sólo de la muerte del autor, sino de la muerte del amigo que "heredó" estos textos. En España están publicados por Alianza Editorial bajo el título de El arte de conocerse a sí mismo, 2009.

1/9/11

Listos para la reconversión


El enigma de Hitler, 1937
Salvador Dalí



Viendo la que posiblemente sea la mejor serie de ciencia ficción que ha dado la televisión -The Twilight Zone- me topé con un capítulo en el que un joven protagonista que creció en ausencia materna, sin afecto paterno, sin atención familiar y sin respeto, se convierte en odio atrincherándose al ideal nazi; comienza a dar discursos a pie de calle para algunos curiosos que se acercan a escucharle, sin conseguir la mínima atención. Pero cierto día, una misteriosa silueta se aparece en la sombra y le da consejo para, a través del speech, dirigir y controlar a las masas; consejos/ordenes que refuerzan notablemente su autoestima y su fanatismo.

Poco a poco consigue reunir algunos oyentes y más tarde aglutina a una pequeña multitud que visita sus mítines. En su afán por liberarse de su profunda carencia de cariño, su neurótico cerebro se deshace (asesinándolo) de uno de sus amigos y compañeros más fieles, cuya muerte servirá de pretexto, al más puro estilo del Führer, para sensibilizar a los seguidores y conseguir sus empatías. El grupo de seguidores y la organización no llegan en todo el capítulo a multiplicarse demasiado, sólo lo suficiente para que, el único amigo verdadero del protagonista, -que no comparte en absoluto sus ideas y que muchas veces le advirtió del peligro del camino que estaba tomando- (un señor mayor que le cuidó cuando siendo un niño huía de la hostilidad de su hogar) se preocupa por el peligro del éxito que la organización estaba consiguiendo y en uno de los mítines interviene tras las antorchas y ante las banderas y los guardias, para hablarle al protagonista y a sus seguidores de quién es realmente el hombre al que siguen.

Poco después, la misteriosa silueta en sombras se aparece de nuevo a solas ante el protagonista y éste le reprocha que nunca se muestre, tras lo cual, ésta avanza unos pasos y la luz revela su cuerpo, es la figura de Hitler, envejecido; como si no hubiera muerto. Hitler le convence de que asesine al anciano para demostrarse su capacidad de odio, para romper con sus debilidades, para afianzar su impasibilidad y su autoridad. A lo que accede. Poco antes de morir, el viejo pronuncia unas palabras cuya frase final aún recuerdo: «No se destruye un ideal con una bala». El anciano: símbolo de la compasión y la conciencia humana. El protagonista muere a manos de unos agentes en un intento de huída cuando iba a ser arrestado.

Este paralelismo con la figura histórica de Hitler y el ideal consciente, consentido y convencido, de exterminación de ciertos patrones étnicos o ideológicos, control y sometimiento de la sociedad por medio de discursos altamente rabiosos y mezquinos, por medio de la fuerza militar y el miedo, me recuerda, directamente, y ahora mismo con más precisión, a la ola de neo-fascismo que estamos viviendo en el mundo rico. Que amenaza con la llegada de tiempos mucho peores que los actuales. Ya estamos viendo los resultados de emplear tales discursos sin ir más lejos en la vieja Europa con la reciente matanza atroz en Noruega.

No podemos olvidar quienes nos gobiernan. En Europa, un individuo tan rancio como Silvio Berlousconi (quien, junto a otros -no hay que olvidarse-, posee parte de la cadena Tele5 -ahora también Cuatro y lo que fue CCN+, reconvertido a telebasura 24hrs), un señor cuyo poder de influencias viene a vibrar en España, pero se apuntala por toda Europa mediterránea, de la mano de amigos como el vaticano, -un individuo con muchísimo poder-, soltaba en público declaraciones como estas:

«Si hay menos inmigrantes habrá menos criminales»

«Por favor, aquí sólo pueden estar las mujeres jóvenes y bonitas. Las viejas y feas por favor apoyen a la oposición»

«La izquierda no tiene gusto, ni siquiera cuando se trata de mujeres. Nuestras candidatas son más hermosas. En el Parlamento, no hay comparación»

«Mussolini no mató a nadie, mandaba a los opositores de vacaciones al exilio»

«Otra razón de peso para invertir en Italia es que tenemos bellísimas secretarias… chicas soberbias»

«El Gobierno Zapatero es demasiado rosa para Italia: Aquí no es todavía tan fuerte la presencia de la mujer»


En Europa no sólo Berlousconi hace gala en público de unos ideales neo-fascistas (da grima imaginar qué y cómo pensará cuando no hay micrófonos), tenemos otros gobernantes que se le acercan un tanto mucho, gobernantes votados por el pueblo, seguidos por muchos ciudadanxs, no sólo de clase alta, sino, harto más tristemente, campesinos y obreros.

Angela Merkel
soltaba esta perla:

«El intento de Alemania de crear una sociedad multicultural ha fracasado por completo»

O Nicolas Sarkozy, en referencia a la inclusión de una persona de origen árabe en su partido:

«Cuando hay uno, vale; los problemas surgen cuando hay muchos»


En España todos conocemos bien el pie cojo de J. M. Aznar, que soltó perlas tales:

«Lo que Dios ha creado, el hombre no debería cambiarlo con estructuras faraónicas... en el problema del agua hay que respetar una España húmeda y otra seca. Este elemento no debe ser alterado sustancialmente por el hombre»

«España ofrece el mercado más dinámico del área euro; con una localización estratégica clave y buenas infraestructuras, y con casi 43 millones de personas con alto poder adquisitivo»

«España, junto a Alemania, es el último bastión de la derecha europea»

«Cuando los gobiernos son austeros, las sociedades son prósperas»

Recientemente anda diciendo que España no puede sostener un estado de autonomías. Y que si gobierna el PP en la próxima legislatura habrá modificaciones -de las de echarse a temblar, sin duda-. Como si el poder estuviera poco centralizado. En un país donde los ciudadanxs no cuentan absolutamente para nada, salvo para llenar las urnas, y donde las libertades han estado coartadas siempre (en ciertos periodos más que en otros).

Este neo-fascismo me recuerda también a los neo-conservadores norteamericanos, que hoy día están propagando unas ideas sumamente peligrosas en la sociedad yanqui. Y que afirman cosas asombrosas a ojos de cualquiera. Tras las innombrables declaraciones de Bush, con cuyo glosario de frases y discursos elaboraríamos una lista interminable, Sara Palin es una experta en dejar a cualquiera anonadadx:

«La Guerra en Irak es respuesta al 11 de Septiembre»

«No retrocedan, recarguen” (sus armas) “consideren las circunscripciones electorales como blancos en la mira"»

«Soy la alcaldesa, puedo hacer lo que me plazca hasta que la corte me diga lo contrario»

«Si un vegano viniera a casa a comer, le pondría una ensalada, y luego le explicaría mi filosofía sobre lo que es ser carnívoro. Si Dios no quisiera que comiéramos animales, ¿cómo es que los hizo de carne?»

Como el ser vivo que agonizando se retuerce buscando por todo medio conservar la vida, el capitalismo empuja con fuerza para sostenerse cuando ya está casi muerto; los gobiernos neoconservadores (de los que en Europa hay muchos) son la servidumbre del capitalismo más sanguinario. Chupando tanta sangre como pueden a la masa indefensa y pasiva para entregársela a los bancos: entidades invisibles e inertes, en cierto modo inexistentes: mearse en la sopa de los pobres.

Pero para colmo, no sólo de políticos se nutren los ideales neo-fascistas; en España tenemos ciertos individuos, literatos, periodistas, incluso filósofos (o así llamados todos), que ponen las alfombras a unos ideales que huelen pestilentemente a pre-constitucional. Por ejemplo, el Sr. Pérez Reverte no escatima en engañar a tanto bobo como pueda. En sus artículos -escritos con odio y desde el odio- pretende engañar, por medio de una retórica bastante zafia y vulgar, al iluso votante de izquierdas y al probablemente inseguro votante de derechas -que duda de sus propias ideas y las coloca sobre los artículos de Reverte para reafirmar su presunta inclinación política-, no escatima, digo, en hacer uso de su popularidad echando gasolina al fuego, confundiendo, se las ingenia para que los insegurxs, o necesitadxs de defender ideales llamados de derechas, echen mano de sus textos convenientemente, y de paso ganarse unos euros, que está la cosa muy mala.

Entre los periodistas y literatos, hay uno en particular que siempre me ha llamado la atención por lo insólito del caso, a pesar de que estas cosas ya no sorprendan. Este no es un Pérez Reverte ni mucho menos, en ningún sentido, salvo en sus -no del todo bien llamadas- ideas de librepensador. Me refiero a F. Sanchez Dragó. Un hombre versado, leído, hinchado como un globo de información y conocimiento literario universal e histórico, conocedor de la búsqueda de las verdades, conocedor de los autores más importantes, de las filosofías y poesías, y sin embargo impresentable.

Es un defensor de una derecha-librepensadora-neoliberalista de corte fascistoide. En su seno de amigos, encontramos a personajes tan ilustres como Jose María Aznar o Esperanza Aguirre. Defiende unas ideas que se sitúan muchas veces -por la forma en que las cuenta- en una extraña línea que confunde, aunque se ve con claridad el pie que le cojea cuando lo escuchamos opinar en televisión o cuando leemos algo suyo -si lo soportamos. Entre sus amigos amiguísimos también se encuentra un personaje curioso, el filósofo Gustavo Bueno, a quien Dragó solía invitar a sus tertulias en Telemadrid o TVE2 (periodo PP), tertulias -todo sea dicho- en las que han hablado de la cuestión república-monarquía en España, por ejemplo, muchas veces han sido tertulias sumamente políticas con mucho sesgo, y graciosamente, sin invitados de izquierdas, todos de derechas. Bastante curioso porque la figura de Dragó choca con esos ideales en esencia. No todos los gatos son pardos.

Gustavo Bueno es un filósofo asturiano empeñado en Hegel, con un trasfondo muy conservador español y muy peligroso. Todos estos personajes de la cultura y el conocimiento que he mencionado albergan ideales neo-fascistas, ya sea de un modo u otro. Y esto me parece gravísimo para la sociedad, para cualquier sociedad, pero para la sociedad española muchísimo más. Una sociedad como la nuestra, cuya masa vaga sin ideas arrastrada por líderes de trapo y por la mass-media, peligra gravemente de cara al futuro de este estado, y en Europa (salvando las distancias) no es muy diferente. Cuídense de estos personajes porque bajo su retórica se yerguen bestias rabiosas.

A pesar de las manifestaciones varias que se están sucediendo en tantos lugares, a pesar de que la información es mucho más libre que antes y que hoy cualquier persona puede estar muy bien informada, paradójicamente seguimos votando en masa. Como si las verdades que llegamos a encontrar fueran las mentiras y viceversa. Es sorprendente. Paradójico.

Es paradójico que tantos millones de personas confíen sus votos a líderes calcinados, arranciados; arranciados porque se arrancian las ideas, porque las ideas están envenenadas, y lo peor, están sometidas, encarceladas en un marco, en una celda, esto es: en el sistema. Las ideas políticas "viables" están acotadas en los márgenes de acción: de legalidad. No es posible la revolución y sí es posible un exacerbado control a muchos niveles; sobre todo en los países llamados 'desarrollados', los que sucumbieron al sistema capitalista. Entre ellos España. Un país con un telón de fondo marcado por movimientos sociopolíticos de hace 50 y 100 años. Que son la base sobre la que se sustentan los falsos "ideales" que hoy llevan a capa y espada todos los bandos. Ya sea desde la ignorancia y la ingenuidad, a veces -pocas veces-, o desde el consentimiento, la mayoría.

Es paradójico confiar en líderes que se mienten a sí mismos con un descaro sórdido. Paradójico escuchar sus speeches mintiendo en cada palabra, hablando de solidaridad mientras en sus propios países hay gente durmiendo y enfermando en la calle. Paradójico que los "motores económicos españoles" (empresas como El Corte Inglés, Endesa, Acciona, Telefónica o Banco de Santander) se gasten 100 millones de euros en la visita del Papa, dinero con el que salvaríamos la vida de cientos de miles de personas que están muriéndose de hambre cada minuto. Una visita que ha servido para alimentar el recelo de la sociedad mayoritaria de este país, unos cuantos navajazos y la violencia servil de la policía sobre cualquiera que se digne siquiera a andar en contra de ese despilfarro. Eso sí, los anuncios de niños en inanición a la hora de comer no faltan.

Es paradójico oír a los políticos hablar de inauguraciones, galardones, incluso de cifras, cuando la gran mayoría de la sociedad sufre graves problemas económicos; máxime cuando esos mismos problemas económicos han sido creados por ellos, por los que NO se hacen responsables de solución alguna y nos piden el dinero a nosotros para tapar agujeros.

Nos gobiernan absolutos ineptos. Nos gobiernan, pero cuando decimos "nos gobiernan" parece un término lejano, como si no gobernaran realmente; algo que no nos alcanza, algo institucional, algo con marcos y grabados. Pero ser-estar gobernado es mucho más que eso. Nos controlan, nos guían, nos utilizan con la causa mayor del avance de una sociedad o un país, ¿qué causa es esa? ¿quién? ¿quién en su sano juicio puede creer en un país?, ¿qué es un país? ¿es España un país? - En nombre del progreso de un país -dicen-. ¡Qué progreso y qué país es ese!

Lo que vemos no son países, ni progresos. Vemos, en todo caso, lo que parecen direcciones, vemos personas, familias, seres humanos y animales, sometidos.

Vemos hambre.

Calamidad.

Vemos riqueza en una minoría avara y mezquina. Desigualdades astronómicas. Vemos coches de lujo pasar delante de personas que buscan comida en los contenedores de basura.

Vemos ignorancia, vemos "dirección" de la sociedad.

Vemos terrorismo de estado vertido contra la sociedad cuando decide manifestarse sin violencia.

Vemos encauce, empuje, vemos sumisión del poder de los estados hacia organismos y empresas internacionales los unos, multinacionales las otras, en detrimento de la sociedad; supuestos ejes de la economía y el progreso continental. ¿Organismos? ¿Qué son? ¿Cuál es su latitud? ¿Cuál es la latitud de invenciones tan atroces como "el mercado", o "la patria", en cuyo nombre se mata en masa y se acaba con culturas enteras?

El capitalismo se toca por la otra punta con el anarquismo. El anarquismo persigue la abolición del estado y una organización libertaria de la sociedad. El capitalismo persigue la disolución del estado, pero con intereses bien distintos: controlar a la sociedad y a la economía por medio del mercado, hasta el último recurso. ¿Imaginamos un estado sin gobierno?, ¿sin sanidad pública?, ¿sin seguridad social? ¿sin servicios auspiciados por "lo sano" de la administración pública, esto es: la garantía de libertades de trámite? ¿nos imaginamos tales cosas tornadas en poder exclusivo de las empresas? ¿un mundo en el que, más aún que ahora, todo signifique dinero? el infierno sería poca cosa.

Recientemente las revueltas árabes (no sabemos hasta qué punto controladas por el capitalismo occidental), han producido una combustión política en las masas de occidente, lo más reciente que hemos visto ha sido el movimiento del 15-Mayo y los disturbios en Londres. Ambos proceden de la misma frustración socioeconómica; en la que un sistema capitalista, que se tambalea, ya no puede o no quiere sostener los privilegios materialistas que han mantenido a las masas occidentales calladas durante tantos años de "progreso" económico. Los indignados buscan (o eso parece), un regreso del llamado "bienestar" socioeconómico; pero en su base también está (por qué no decirlo) el desconocimiento: todos los movimientos de masas profesan en el fondo una ingenuidad y un 'borreguismo'. Éste especialmente. No quiero decir con ello que el 15-M no despierte mis simpatías, todo lo contrario. Pero este tipo de movimientos "pacíficos" no conseguirán, desde mi punto de vista, ningún cambio sustancial. No conseguirán tumbar al sistema. Porque el problema mayor, por encima de la corrupción, por encima de la gestión gubernamental, por encima de la abrupta ignorancia que han conseguido instalar en la población occidental, es El sistema. Si el 15-M busca reformas para volver a flotar en un aparente bienestar, entonces no busca revolución alguna. Si desde el 15-M o cualquier otro movimiento de la índole no hay un motor de combustión interior que apunte a un cambio Total de sistema no pasará prácticamente nada. Apenas se verán sucedáneos o pequeñas reformas insustanciales en realidad. Muchos ya entendíamos esto así antes de la crisis y siempre hemos deseado un cambio, no ahora que no podemos pagar la hipoteca o comprar un coche nuevo; gozar, en definitva, del falso bienestar que produce una economía hinchada. Siempre hemos sabido que esto iba a pasar y siempre hemos abogado por la abolición de un sistema como este, insostenible y profundamente corrosivo.

El sistema en sí mismo es el gran problema que nos aqueja. Y es contra lo que hay que luchar. Y se puede resumir en pocas líneas el porqué de esa lucha, el porqué de dirigirla hacia el sistema -si no es violentamente no será posible un cambio-, el porqué es la tenebrosa seguridad de que este sistema, fundamentado en la producción desmedida, venta-compra, renta, saqueo de recursos, sometimiento de países y poblaciones a través de los medios más rastreros y a través del miedo mediático y la violencia de estado (no sólo violencia física, también psicológica y especuladora), se acabará de igual modo. Aunque consigan derrotar a Gadafi y otros cuantos poseedores de petróleo (sorprendentemente y como última estrategia, usando a esos pueblos como "ejercito occidental" contra sus propios gobiernos), el sistema se derrumbará de nuevo igualmente, no tardará mucho. Se sustenta en la producción, y para que esta se mantenga debe hacerse sostenible. Pero aún así, aunque se hiciera sostenible, llegaría un momento en que sencillamente no quedaría materia, no quedarían recursos naturales, porque son limitados, se acabarán. La civilización ha llegado a tal punto de sometimiento, degradación y enajenación mental, que hemos olvidado todo aquello que se parece más a "lo que somos" en pos de un falso bienestar lleno de comodidades absurdas y brutalmente nocivas para la vida.

No somos, si acaso, más que otro animal cualquiera. No somos más que PARTE de una arquitectura muy compleja que jamás entenderemos. Y tampoco somos inmortales, ni como seres individuales ni como especie. El poder debería adoptar otro tipo de medidas, orientadas, por ejemplo, a que la educación fuese más honesta y más desvinculada de los intereses políticos; más plural y menos jerárquica; ese sería un buen comienzo, indispensable para empezar a hablar de cambio.

Estamos reventando el planeta, y mientras sigamos construyendo cerebros vacíos no cambiará nada, la sostenibilidad del planeta no resistirá muchos siglos más a este paso. Los que tengan deseo de tener hijos, hoy día ¿con qué perspectiva lo desean, si dentro unas cuantas generaciones lo más probable es que no exista ni la civilización? La amenaza que este modelo de sistema cierne sobre la especie humana es irreversible, demoledora, y sin garantías. Lo peor no es que esta gigantesca sombra amenace gravemente a la raza humana como especie, sino a toda la vida en la Tierra.

Vemos un planeta que se muere; agonizando. Un planeta que unos pocos han convertido en su habitación de los juguetes mientas la gran mayoría se retuerce moribunda en una esquina. ¡Contra la pared! ¡Y callados! En cuanto abráis la boca: artillería, botas en la cabeza, porras contra el cuerpo. Estos gestos demuestran con pasmosa calaridad, el fondo que se esconde tras la máscara del bienestar: las mismas armas de sometimiento y coartada de libertades de siempre. El mismo perro con diferentes collares (con perdón de los canes).

Tanto poder mal usado, tanta inconsciencia, tanta desvinculación de uno mismo en el campo de la cultura, las artes, el pensamiento, el espíritu, la política, las letras y hasta la ciencia, frecuentemente me produce una sensación de pavor y asco. Un panorama tan abrasivo sólo infunde preocupación, desilusión, desesperanza, al fin, exilio.


Radiohead - Like spinning plates (I.M.W live recordings)

While you make pretty speeches
I'm being cut to shreds
You feed me to the lions
A delicate balance

Mientras dais vuestros bonitos discursos
soy rebanado en rodajas
Me echais de comer a los leones
un equilibrio delicado


And this just feels like spinning plates
I'm living in cloud cuckoo land
And this just feels like spinning plates
Our bodies floating down the muddy river

Y esto se siente
como platillos giratorios
Vivo en un mundo de fantasía
y esto se siente
como platillos giratorios
Nuestros cuerpos flotando sobre el río fangoso


18/8/11

JMJ




"Confiamos
en la victoria del bien
sobre el mal
Lucha contra el verdadero enemigo".


15/8/11

sólo



Sólo un deseo importante:

seguir haciéndome pequeño




10/8/11

The glory of ignorance


A veces siento (no del todo pienso) que de no ser por mi insondable ignorancia, -de no ser por aquello que ignoro-, odiaría profundamente y sin remedio a la totalidad de la raza humana. Cuando esto pasa, esbozo cierta mueca de gratitud o alivio: por suerte para la vida de este planeta el género humano no tardará en extinguirse; pero entonces me asalta una zozobra y rabia mayor: antes de que esto ocurra ¿cuántas especies de seres vivos desaparecerán a manos de la 'indirecta' guillotina del homo-sapiens?, ¿cuál será el aterrador e inevitable escenario de un planeta en ceniza? ¿cuál la vibración en los horripilantes silencios de la herrumbre?

Aquello que ignoro es todo eso que emana de algún dentro posible, un dentro que desde su centro se expande como el universo, en todas las direcciones, y que me(nos) salva; sin saberlo, no sólo de la caída al abismo, al vacío (que bien la desearía), sino también de la insoportable conciencia pura de existir. Aquello que ignoro impulsa las experiencias que luego llamamos amor (profanando, ensuciando), experiencias que la Historia ha intentado universalizar en lo tangible, en la palabra-estatua, palabra-grande. Aquello que ignoro es lo que soy, en caso de que se pudiera validar esa afirmación, "lo que soy". Lo que ignoro es aquello que no puedo conocer, de lo que sólo conozco formas, 'esculturas' que se forman en mi pulso, en mi ritmo, dejándome sólo ver contornos que apreso rápido. Por eso es necesaria la distancia, y sobre todo la lentitud, que no consiste sólo en "re-leer", sino en respirar (en) la lentitud, lentizarse, ser caracol. Lo que ignoro es lo que soy; aquello a lo que responde el cuerpo. El tempo de estar-siendo.

At the close of everyday - The Glory of ignorance

1/8/11

everlong


1945-1982

1936-1959

1957 – 1999

1956 – 1980

1941 – 1959

1947 – 1975

1946 – 1980

1966 - 1997

1972 – 2010

1948 - 1974

1943 – 1971

1983 –2011

1967 - 1994

1942 - 1970

1911 – 1938

1948 - 1980
1943 – 1970


They all passed away
so young,
leaving something here
ever long.




De arribabajo:

Elis Regina

Buddy Holly

Adrian Borland

Ian Curtis

Ritchie Valens

Tim Buckley

Bon Scott

Jeff Buckley

Lhasa de sela


Nick Drake

Jim Morrison

Amy Winehouse


Kurt Cobain

Jimi Hendrix

Robert Johnson

John Bonham

Janis Joplin



21/7/11

El mes de Bélgica III


Debo decir, en esta última entrada, que los textos que he transcrito han sido seleccionados sobre la marcha, conforme he ido avanzando en la lectura. El cuerpo de Bélgica es todo dentro, se conoce a medida que se va leyendo; es como si de una imagen sólo viéramos una parte y poco a poco fuésemos conociendo el resto, ampliando la mirada y des-con-certándonos mejor. Seguramente en entradas futuras vuelva a transcribir fragmentos de este libro para explicar o ilustrar otros pensamientos. Lo que Chantal dice, mejor que ella no lo dice nadie, si a caso alguien -conscientemente- lo dice. En futuras lecturas que harán otros yoes, acercándose de nuevo a esta tierra Maillardiana, encontrarán de seguro otros vértices, caminos, pliegues; encontraré(mos) otros rincones habitables, otras oblicuidades del soñar y el pensarse, y quizá seleccione otros textos para otros cometidos. La selección que he hecho en estas breves entradas, además de que surge sobre la marcha de la lectura, no pretende significar Lo mejor de, ni siquiera Lo que más me ha gustado de, aunque, naturalmente, un tanto de esto último hay. Seleccionar estos textos y no otros responde a una mezcla entre el re-conocimiento que encuentro en ellos y la "viabilidad" para publicarlos en el árbol. Pero este libro ronda las 400 páginas, y en él no diría que hay textos más o menos filosóficos, o más o menos poéticos. Hay poemas que se piensan. Y pensamientos que se poeman. Hay un decir hasta que se puede, sin sobre-decir. Hay maravillosos momentos de empatía y compasión en que no se nombra, en que nada se nombra porque no puede ser nombrado -lo que hay.

Chantal escribe lo-que-no-se-puede-decir de la mejor manera. Su lectura quizá no es para cualquiera. Pero es que algunas cosas no son para cualquiera, por alguna razón no pueden serlo. Bach no es para cualquiera, no es Barbara para cualquiera. Ciertos autores, ciertas obras, o ciertos seres necesitan -a falta de mejores palabras- de una apertura del alma, cierto vuelco de la sensibilidad, para canalizar la emoción y la energía que entregan; que pueden entregar. Algunas obras se cierran sobre sí mismas, se protegen, no pueden ser penetradas por todas las sensibilidades, o todos los estados sensibles. Chantal es para unos pocos y unas pocas que nos reconocemos en su escritura; y en ella, habitando el temblor o la ternura, vislumbrando el vértigo o rastreando lo invisible que queda atrás -atrás de la acción-, escrutamos los pequeños universos del ser.
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Ser para otros un tercero es cosa natural cuando no se está presente, pero, cuando se está, hace que uno se encuentre incómodo en la propia piel, como si excediese el espacio que le corresponde, o como si se transparentara o se hubiese ausentado sin saberlo. Cuando hablan de ti en tercera persona y tú asistes a la conversación, te desdoblas: ¿quién, de ti, está escuchando hablar de ti? ¿Por qué extraño fenómeno estás ahí, como si de un muerto se tratara, oyendo lo que dicen de ti? En la infancia, los comentarios se hacen en tu presencia porque no eres una persona, sino un ente pequeño que se supone que no entiende y, más tarde, siendo ya persona para otros, se sigue haciendo en tu presencia, como suponiendo que tampoco entiendes, porque estás lejos o no atiendes, o hablas otro idioma, o porque no te conocen. Hablan de ti en tercera persona y te conceden la extranjería en el espacio mismo de tu cuerpo, aquel que creías más evidente, incuestionable: tu presencia física.


***


Si alguien quiere salvaguardar sus recuerdos, que no trate de confrontarlos con nadie, pues no fue tal, para otros, aquello que recuerda.

He venido en busca de mi infancia, de su rastro. En mi anhelo, he pretendido comprobar, corroborar y ensanchar mi recuerdo con memorias ajenas. Y he aquí que éstas me ofrecen las esquinas más duras, los pliegues más oscuros.

Abrir la memoria, ¿para ver más? ¿Para poseer? ¿No convendría a caso, antes bien, bendecir el olvido y permitirnos ser sin las trabas de lo que fuimos? Anhelamos poseer la mirada divina antes de comprender cuán desesperante ha de ser, cuán terrorífica. Le fue necesario a Dios encarnarse para poder soportarla.


***


La escritura es proyección y vaciado. La mente -¿la mente?-, algo se aligera volcándose en el cuaderno. Toda forma expresiva es un ejercicio de reducción. El lenguaje, siempre, simplifica la experiencia, la reduce a elementos significativos, conceptuales. Para su comprensión. Comprender, no hay que olvidarlo, significa "apresar conjuntamente". ¿Dónde pues queda lo vivido, en el decir?


***


acabará consiste

[ETTERBEEK]


túnel oscuro. Cartel Norte. Dentro cálido fuera reloj en alto cuadrante arriba chimeneas alineadas. Hojas secas sol apenas o de vez en cuando. Túnel. Acabará. Acabará consiste. Sensible. Mejor el frío fuera, dice alguien. cartel azul y blanco. Dentro malva. Entran todos envés. Todos en lo que se mueve en túnel a través. En su sitio. cada cual en su sitio pegado a él por un cable en su oído. Sin túnel casas alineadas ramas secas imagen también seca sin mí nostalgia abajo todo escapa cemento gris fachadas inhóspitas todo gris Etterbeek sin destello grúa en las vías piedras hojas menos viejas escarcha en tejados trocitos de hierba nieve escasa en taludes nostalgia pinzamiento



[GROENENDAAL]


ahora la tarde. Cayendo, dicen. No cae. tan sólo más difícil distinguir algo de otra cosa salvo placas de nieve reluciendo ramas o maraña negra sobre nubes abajo donde la luz asientos vacíos otra luz sobre rail derecho más difícil distinguir Groenendaal los caballos y él con frío en las manos resoplando dedos entumecidos ríe boca desdentada gorra maloliente habla sin entender adiós su risa gruesa salpicando mi abuela riñe su hermano alza los hombros ríe de nuevo gorra en cabeza sale por fin olor a hombre tras él pequeña respira ahora muerto ya pasó ya todos muertos ya pasó


***


Una casa es un ente insólito. Puede adquirir sobre sus habitantes un extraño poder y ejercerlo con tiranía. Es frecuente oírle decir a alguien que no sale porque "no puede dejar la casa sola". Su dueño es, en realidad, su esclavo; ha de cuidarla, mantenerla, vigilarla, protegerla como si se tratase de una persona. Por otra parte, las casas tienen autodeterminación: pueden cambiar de esclavo, echar al que no les conviene o retener al que quisiera escapar de ellas. El que queda atrapado enferma en cuerpo y espíritu y su enfermedad puede transmitirse de generación en generación.

No sé en cuál de mis casas quedé atrapada. Las que recorro en sueños aparecen siempre distintas de lo que fueron. He vuelto sobre mis pasos varias veces en busca de ellas. Las he vuelto a recorrer. Éste es el dossier de esos reencuentros.


***


Volver para recuperar. Fragmento a fragmento. Fragmento sobre fragmento. Volver de soslayo. Volver apenas, el tiempo justo, el tiempo necesario para ser sorprendida. En cuanto ocurre el destello, su lugar de aparición ha de ser abandonado.

Los que han muerto no tardan en perder el rostro. Con el tiempo van borrándose sus rasgos en la memoria y su imagen se convierte en idea. Empiezan entonces a vivir en el concepto de lo que fueron. El concepto: com-prensión de todos los fragmentos, reducción de todas las imágenes a una sola y, finalmente, conversión de la imagen en residuo de conciencia. "Él" o "ella" queda reducido a "saber-que-él", "saber-que-ella", se repliega su tiempo en un no-tiempo, la suma de todos los gestos que la memoria atesora, ya no en su imagen, sino en su idea. A eso, sin duda, es a lo que llamamos comúnmente olvido. Ese proceso.



***


No hay infancia. Se acabó. No la hay. La hubo, pero ya no. Sólo son huellas, improntas, vāsanas, dirían en la India, unas más atenuadas, otras menos. Tejido deslucido, la conciencia, o bien sonoridad, antiguas vocalizaciones que quedan resonando.

No, no hay. Nada por recuperar. Las huellas son dentro. Fuera, otras voces, nuevas. Nuevos objetos para nuevas costumbres, nuevas huellas para otra infancia. La nuez que crujía bajo el diente ahora proviene de países lejanos, las manzanas vienen en paquetes de seis y la cajera enseña a la aprendiza de tez clara cómo son las cosas por el trato que debe dar a las distintas tarjetas de pago.

Levántate y anda, dice una voz -la del texto, otro texto-. ¿Quién ha de levantarse? ¿Quién, para caminar? No hay otro yo que el que se hace caminando. Y sin alguien a mi lado, no camino.

El mundo se escora. Las cosas son como se enseñan y las jóvenes vidas aún no saben que lo que-es es lo que interesa que sea. Saber que una mastercard ha de tratarse como visa, por ejemplo.

El sabor de las frutas pronto habrá desaparecido. La fauna será aquello que se encuentra en las imágenes de National Geographic. El sabor de una fruta, el olor de un animal serán cosas del pasado, de las que se tendrá noción, ya nunca confrontación. Pronto. ¿Os acordáis del sabor de una fresa pequeña? -Y cuando esto ocurra, cuando no se sepa más qué era una fruta, o un animal, ¿quedarán las canciones?

Quizás no sea tiempo, ya, de nostalgias. Nosotros, los europeos, hemos olvidado cantar hace mucho, pero nos enorgullecemos de nuestros logros sociales. Individualismo, libertad de conciencia y diferencia, beneficios relativos si entendemos que el yo que se crece en su individualidad acaba separándonos a todos. Pequeños yoes, pequeñas personitas que se creen con derecho a juzgar al otro, que a su vez igualmente juzga al otro, que a su vez... y las espaldas retumban con el signo de autoridad de los unos adjetivando a los otros. El poder de juzgar siempre nos alza por encima del que es juzgado. Y así, emprendemos la danza de todos sobre todos a ver quien más, a ver quien más alto, quien de más alto cae. ¿Dónde aquel consenso que nos unía a todos, antes de la diferencia? ¿Hubo un antes?

***

9/7/11

El mes de Bélgica II







La tarde cae en Málaga. La luz baja despacio. Adquieren otra solidez, las casas. La oscuridad desciende.-¿La oscuridad?-. Yo desciendo. Yo-tarde, desciendo con el día. Condesciendo: no otra cosa es vivir. La tarde ocurre en mí. Simplemente. Doy fe.



***



Me preguntan si escribo. Contesto que no. Porque no entiendo qué es lo que preguntan. Siempre balbuceo en mi cuaderno. Pero ¿escribes ahora?, ¿qué escribes? No sé. No, nada... respondo. ¿Por qué no me preguntan si respiro? Será que respirar no tiene importancia. Sin embargo, al respirar, emito el mismo sonido que al escribir. Cierta sordera, sin duda, nos impide atender a lo que vibra despacio, calladamente.


***


Construimos la inmortalidad con aquello que nos rodea y nos acompaña. Un objeto familiar es una parcela de inmortalidad. Cobijados por lo familiar, evitamos la sensación de estar perdiendo pie. Objetos y personas que nos acompañan dotan de continuidad los instantes de por sí inconexos que se suceden. Llamamos continuidad a esa sucesión, y existencia a aquella continuidad. El sufrimiento surge en las brechas, ahí donde la continuidad queda interrumpida por la ausencia repentina de una persona o de un objeto familiar. Entonces, el instante, abrupto, sorprende como el encuentro inesperado de un acantilado en un recodo del camino.


***


-¿A quién le servirán mis conocimientos? -se lamentó el filósofo-. Empeñé mi vida en un inmenso esfuerzo de lógica, imperioso y solitario. Se averiguó inútil para la resolución de las cuestiones metafísicas, pero imprescindible para conocer los límites del conocimiento y valioso, sobremanera, para dilucidar cuestiones inmediatas. ¿Qué continuidad habrá, ahora, para tan largo empeño? Inútil es el saber que no se entrega. Soy como un panadero que, encerrado en su sótano, siguiese amasando pan a diario, lo cociera y lo colocara en los estantes a los que nunca nadie tendría acceso; cuando, al sentarse una tarde, a solas, contemplase las baldas repletas de panes cubiertos de verdín y comprendiese lo inútil de su empresa, ¿qué haría entonces el panadero?

-¡Basta de lamentaciones! -exclamó el poeta-. El ejemplo no es adecuado. Comer pan es una necesidad; pensar, en cambio, es un esfuerzo cuyos logros a menudo son amargos; ¿a quién iba a interesar? Mejor únete a mí, canta tu dolor, tu gozo si lo hallaras, todos se reconocerán en tus palabras, las cantarían contigo, las seguirían cantando después de ti y hallarán en ellas consuelo.

El filósofo levantó los ojos; había en ellos ternura y compasión.

- Si comiesen mi pan -le dijo al poeta dulcemente-, no necesitarían hallar consuelo. Lamentándose se amparan entre todos y eso les hace fuertes, lo sé, pero, ¿para qué utilizarán su fuerza? Si comiesen mi pan sabrían de la inutilidad de todas las guerras. El pan que amaso en secreto equilibra el universo.

El poeta lloró. Luego dejó de llorar.

- Enséñame, -le dijo.

Y de lo que hablaron fue de los límites del lenguaje, de las definiciones correctas, de la lógica que rige el pensar.

Después de mucho tiempo, el filósofo le preguntó al poeta:
- ¿qué has aprendido?

- A no llorar -contestó el poeta-. Y le señaló un pez de aletas doradas cuya cola guiaba como una quilla su cuerpo irisado bajo el agua. El filósofo se sentó a su lado.
Y de lo que hablaron fue de los días, de las nubes que pasan, de los ojos de los peces, del latir bajo el pelambre cálido de los mamíferos.



***


El tiempo se ensancha proporcionalmente al grado de atención. No se trata de una fórmula física, no, ni tampoco es una sentencia metafísica. Estoy hablando de algo tan común como aquello de lo que dan cuenta las expresiones familiares como Ha sido un día muy largo, o bien, El día de hoy ha pasado volando. Tiempo subjetivo, no el que fabrican los relojes (pues está claro que los relojes no miden sino que inventan el tiempo común), sino aquel que es, al fin y al cabo espacio, ya que designa esa continuidad de la vigilia en la que tienen lugar nuestros gestos, nuestros actos físicos y de conciencia.

Que el tiempo se ensancha proporcionalmente a la atención significa que cuanto más intensa sea la atención más se dilatará el tiempo objetivo (el que marcan los relojes) un mayor número de movimientos, físicos, por supuesto, pero sobre todo mentales. Así es como, a punto de tener una accidente (los frenos, por ejemplo, no responden), somos capaces de sopesar, en milésimas de segundo, todas las posibilidades y decidir aquella que hemos de tomar. La llamada "reacción instintiva" o los "buenos reflejos" son, en realidad, una delicada cadena de respuestas de la que generalmente no somos conscientes por... falta de tiempo, es decir, porque de ordinario vivimos con la atención adormecida. Pero cuando ésta se despierta por alguna razón que la llama poderosamente, como es el caso de un accidente, podemos tomar conciencia de lo que ocurre hasta el punto de que nos dé la impresión de que decidimos aquello a lo que asistimos. Y, en realidad, decidimos. De que queramos comprender nuestro comportamiento en términos mecanicistas, espiritualistas u otros depende que atribuyamos la decisión, en circunstacias normales, a uno u otro concepto, pero quién o qué decida, si el cuerpo-mente o la voluntad racional, para el caso es lo de menos, pues en tales momentos lo que ocurre es que, en el tiempo ensanchado por la atención, la conciencia se unifica con ese cuerpo-mente para dar la respuesta más acertada. Con algunas drogas como el alcohol, por ejemplo, se produciría el efecto contrario, ya que bajo su influjo se reduce la capacidad de atención, y el tiempo se contrae.
La atención es absoluto presente. ¿Cuál será, pues, el tiempo de la memoria? ¿Qué espacio será aquel que se abre sobre el recuerdo, en el destello? ¿Cómo mantener allí la atención despierta para atraparlo? O no podrá atraparlo la conciencia, dispuesta a traerlo a otro tiempo, un presente que no le pertenece, el de quien, en ese momento, recuerda.
Y recordar es un gesto. El de la imagen que discurre -en nuestra mente, decimos.



***


Alguien a quien no recordabas aparece en un cruce de caminos, o de gestos, de acciones dispuestas por otros. Y los hilos convergen, y un huso se comba, listo para recibirnos, para recibir el nos que el mí, espontáneamente, estima como propio. Alguien aparece, que conserva la memoria de aquel tiempo compartido en los inicios y, de repente la carga se aligera: no eres la única responsable del pasado, no sólo por ti respirarán los muertos. Pues quien se queda solo, quien se queda el último protege con su aliento a todos los que fueron; de él depende la historia de los suyos. La memoria se convierte en una responsabilidad: el que queda ha de responder por todos los que le precedieron.

Pero alguien reaparece y te dice ¿Recuerdas...?, y de repente dejas de ser el único testigo. Un tiempo compartido se abre en el que sois cada cual para el otro, ese testigo. Y tú le dices Sí, y ¿recuerdas...? Y aligeras su carga igualmente porque tú abres también para él el teatro de la memoria. Descorres la cortina, levantas el telón, traes a escena gestos olvidados, animas las máscaras y les abres la boca a los muertos antiguos para que digan, para que vuelvan a decir lo que entonces dijeron, y él y tú reconozcáis entre ambos la historia que fue de todos. Y sabéis que nadie más está vivo para hacer memoria de todo aquello, que nadie hay que pueda contaros lo que no recordáis ni contestar las preguntas para las que no tenéis respuesta y, así, colmar los huecos.

Porque muy pronto te das cuenta de que lo que recordáis, tanto él como tú, son unas pocas escenas. Y si antes ¿Recuerdas...? iba seguido, por ambas partes, de una sonrisa beoda, ahora, lo es apenas de un rictus que deja transparentar un reconocimiento marchito. Y entiendes que los recuerdos no deben exponerse a la luz, que conviene evitar que se incorporen del todo, que, para salvaguardarlos, han de abortarse prematuramente sus apariciones, pues su existencia transcurre entre bastidores, al amparo de la sombra. Y es que el recuerdo, en la sombra, es más; la imagen que adopta en la luz lo empobrece.


***




















Bélgica

Chantal Maillard
Editorial Pretextos, 2011

1/7/11

El mes de Bélgica


La poeta y filósofa Chantal Maillard ha publicado recientemente uno de los libros más conmovedores que he leído nunca, Bélgica. La autora, por medio de su extraordinaria capacidad de cuestionarse la vida y el pensamiento, propone un viaje de regreso a los parajes abstractos de la conciencia en gestación. Una odisea a la infancia a través de una lectura exquisita, no exenta de herida y desasosiego existencial. Permanente búsqueda que el Yo hace rodeándose a sí mismo.

Para muchos, su prosa poética y su poesía son nuestra voz. Chantal se detiene en los pliegues, los examina, los enfrenta. Los explica de algún modo; los describe; nos des-cribe a todos describiendo el pensar-se. Chantal dice lo que nosotros no podemos decir.
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Decimos La vida. La vida es. Decimos La muerte.
Decimos Vida y muerte. Decimos Amor. Hablamos, verbalizamos, sustantivamos. En cada caso, ¿a qué nos referimos?

Amo el amor, dije alguna vez. Me refería a una sensación, o a un estímulo. Sensación. Estímulo. Palabras que tampoco significan gran cosa. Debería haber dicho, haber sabido decir aquella tensión en mis venas, aquel latir que me llevaba hacia las leves señales de otro latir en el que deseaba perderme.
¿Qué queda ahora de aquello, salvo estas palabras abstractas, sin referente?.


***


La pasión dura en el ser humano lo que el celo en otras especies. Aquélla, no obstante, por conveniencia, inventa una continuidad. Allí donde había pulsión dice "amor", y lo enaltece. Con el tiempo, inevitablemente, el período de celos, y lo que era defensa de un territorio, pasa a ser el cultivo de una posesión. La palabra amor, que algunos siguen pronunciando más allá de ese momento, es punto de cruz con el que, en nuestra cultura, adornamos nuestra vida, convirtiéndolo en un tapiz cursi y añejo.



***


Hubo un tiempo en que la locura no existía. Si alguien decía que hablaba con los animales, se le creía. Nadie era rechazado por su comunidad por escuchar a un árbol o a una montaña.

Una sociedad crea sus neurosis cuando ya no es capaz de atender a las necesidades de sus miembros, cuando no alcanza a regular sus conflictos. Entonces, en vez de integrar, separa y oprime.


A veces el consuelo toma formas excéntricas. Llaman locura, en tal caso, al sutil equilibrio que se trama bajo la conciencia y tratan de devolver al ser dolido al mundo compartido por todos. Le quitan el consuelo, le rompen la estrategia. Si no ha podido resistirse, clavado en medio de la realidad, entonces, desfallece.



***


No destacar: un impecable principio de convivencia. No destacar significa no invadir el espacio ajeno, limitar la intención personal para dejar que otro pueda desplegarse en el suyo. No destacar significa tener en cuenta la necesidad que el otro tiene de ser alguien, de contar para otros, de importar igualmente.

La solidaridad, como valor o como norma, en una sociedad donde se prima la competitividad es un contrasentido. Si pretendemos educarnos en la solidaridad, sería conveniente, ante todo, reemplazar los modelos de competición por otros más igualitarios. Trocar el paradigma vertical (jerárquico, ascendente y descendente: éxito-consideración/fracaso-desprecio) por otro, horizontal. La igualdad de oportunidades no ha de confundirse con al igualdad social. Pero el sistema de consumo se contrapone radicalmente a los valores de equiparación o igualitarismo; no se sostiene sin las diferencias porque necesita de individuos que quieran distinguirse y consuman, para ello, productos de toda índole. La desigualdad es la piedra angular del sistema de consumo. Virtudes como la modestia o el recato no tienen, por ello, lugar en él. Son valores designados como obsoletos porque, simplemente, no convienen.



***


Animalitos empeñados en la perpetuación de la especie. Paradas nupciales, plumajes enarbolados, gorjeos, quiebros... Si fuese tan sólo eso, pero no: los animalitos culturales aderezan sus gestos con palabras y construyen con ellas una "sólida realidad" que se sostiene en el vocabulario.

Amor, le dicen a la atracción inducida por efervescencias hormonales.
Amor, le dicen al interés por la supervivencia de la prole.
Amor, le dicen al hábito que, con el tiempo, se fortalece.

Amor, le dicen al domesticado placer del roce de los órganos.

Amor, le dicen al deseo, que sólo siente el animal herido, de volver al cobijo materno, y aún antes.



***


Calla. No hables ya más. Deja la retórica. Toda ella. La mente es pura analogía. Abandona las redes, las telarañas con las que tratas de explicar el mundo.

Fuera del cerco. Salta. No digas más. Hazlo.



***


Sed débiles, amigos. Erradicad la tristeza: esa cargada de esperanza. La tristeza es deseo engastado en la impotencia. ¿Quién dijo que la esperanza fuese una virtud? Abridla, ved cómo se deshace la pulpa entre los dedos y su olor, el olor de lo pútrido os impregna el vestido. La tristeza y la esperanza cuelgan del mismo árbol. ¿Que es virtud la fuerza de vivir? No, no es ninguna cualidad admirable del alma sino fuerza (vis) incontrolada, efusión de la carne por ser carne, por seguir siendo, siempre. No es admirable la fuerza de vida, es simplemente natural. Y cuando se impone al caos (la enfermedad mortal, la decadencia) y pretende seguir construyendo sobre él a pesar suyo, se convierte en la enemiga de la vida misma, de la vida de todos. Acercaos a la debilidad, atended al desprendimiento al que convida y a esa lucidez que en la desdicha arde, ese fuego frío que mora en permanencia, sin alumbrar apenas, testigo, simplemente. Acercaos a la debilidad, haced acopio de desencanto. Sed débiles, amigos. Hay en la debilidad una virtud mayor que no se alza, que yace, difícil de aprender por la renuncia que la invita. Con ella, los días que nos quedan se escanciarán despacio, en presente, y aprenderemos, al fin, que lo eterno es el nombre que le damos a la inconsciencia y el infinito, la paz que se inaugura tan sólo para quien supo abandonar a tiempo la esperanza.



***


No es candor, es ingenuidad lo que transpira la lírica cuando el autor describe un mundo rutilante y recrea, en clave de rosas y azahares, la engañosa mansedumbre de la naturaleza. No, no somos bienvenidos en la tierra, y nadie nos bendice. Y si bien es legítimo aspirar a la inocencia y sumirse en las aguas turquesas de un anuncio, no lo es negarse a reconocer la fragilidad que toda paz conlleva. Ciertamente, tanto se engaña el cuerdo en su cordura como el loco en su locura, y tanto vale pensar que la vida es dolor como que sea el más preciado de los dones, pues a todos nos aguarda, al final, la misma quietud, el mismo silencio de raíces exagües. En idéntica ceniza tornarán los labios de aquellos que callaron y los de quienes hablaron. Pero es sin duda más urgente reconciliarnos con lo humilde que rendir pleitesía a las formas consensuadas de lo bello.




















Bélgica

Chantal Maillard
Editorial Pretextos, 2011

21/6/11

El mes de los árboles V (El bosque)



Barbara - Au bois de Saint-Amand



Hay un árbol, me subo a él,
En el pequeño bosque de Saint-Amand
Te atrapo, tú te subes,
Me escondo, te toca a ti.

Hay un árbol, vuela una tórtola
En el pequeño bosque de Saint-Amand
Que abrigaba nuestros locos juegos
El palomo vuela, vuela, vuela al viento

Bajo el árbol vuela la tórtola
Y se marcha, llega la primavera
Nuestros quince años se estremecen
En el pequeño bosque de Saint-Amand.

Y bajo el árbol, sin palabras
Me meces amorosamente
Y en la hierba, suelta la enagua,
vuelan nuestros sueños de la infancia.

Pero un buen día, la cabeza loca,
Lejos del pequeño bosque de Saint-Amand
Y lejos del tiempo de la escuela
Me marché, como una hoja al viento.

Buenos días, árbol, mi hermoso árbol
He regresado, mi corazón está feliz
Bajo tus ramas, que se inclinan,
He recuperado mis sueños de niña.

Hay un árbol, si muero
Quiero me entierren a sus pies, dulcemente
Que sea mi última morada
En el pequeño bosque de Saint-Amand.

Que sea mi última morada
En el bosque de Saint-Amand…

Hay un árbol, la tórtola vuela
Vuela mi corazón,
Hay un árbol…

17/6/11

El mes de los árboles IV (Fuimos)




Nos subimos al árbol
para ver de cerca las estrellas

todos teníamos los pantalones rotos
y las mejillas sucias

de la risa blanca
tan sólo nuestra
ternura que subía
por las copas de los nísperos

allí cultivamos
en la noche
la mirada
y las constelaciones

con nuestras manos de niño
en las ramas
erigimos la casa.

Subimos al árbol esa noche
sólo para sentir
el candor de las estrellas
y quedarnos allí
para siempre

14/6/11

El mes de los árboles III (Return)




La llama tiende al cielo porque pertenece al cielo.
El hombre tiende al campo porque pertenece al campo. Porque ha sido rama, ha sido aire. Porque ha sido polvo y agua, musgo y alga, lobo y pez.

El hombre, por ser lo que es, quiere vivir entre los árboles
y el resto es muerte y frío. Omisión o mutilación degenerada de la única conciencia posible, si la hubiere. Todo lo demás es ficción.

8/6/11

El mes de los árboles II (Breathe)




Respiro
de otro modo

se libera algo
siento ir
algo

nace en la sien

en su envés
migra hasta la entraña

la vida, tal vez

1/6/11

El mes de los árboles


portar la vida

mis brazos

de rama

lo que he sido

antes

de ser otro

raíz-herida
que busco

al fondo

23/5/11

Un sueño II


Tunnel Trees


... pero ojo -dije-, controlar el miedo no significa despreocuparse, no significa insensibilizarse; no significa avanzar desde el impulso puro o la ceguera; no significa abolir la atención al temblor del otro, no significa velar la timidez; no significa enterrar el pudor, la verg
üenza o la indignación; no significa alimentar la soberbia de yo, no.


Controlar, o abolir el miedo, significa derribarse las efigies, quebrantar la tradición etnocéntrica; soltarse, liberarse; significa que el corazón al latir re-tumbe a todo el cuerpo; significa descreer de las eternas certezas inconscientes; significa arrancar, con lo blando de tus dedos, los clavos y el oro de todas las iglesias y palacios; significa reconstruirse, desdoblarse de sí; saber que se es murmullo, hoja, hierba pequeña o rizoma; significa partir en busca de, y dejarse ser eso en busca de: avanzar en el vértigo; henderse en la tierra o mar en la mano silencio.

Cayendo.


ser
humano
quebrar
el acero

con el alma.