5/2/11

Voz-poema que dice


Conmigo

Conmigo -conmi(e)go- a cuestas.

Difícil convivencia.
Hostigada, acosada por ese yo
que viene del pasado.

Reactualizaciones de un comportamiento: actos,
gestos, respuestas reiteradas, todo ello formando
conjunto y que me expresa, me
re-presenta.

Pero no es cierto, no hay ningún mí
bajo la re-presentación, no hay expresión de ningún yo.
Hay gestos, hay repeticiones, hay
pliegues.
Pliegues en la carne,
pliegues en el cuerpo,
pliegues en la risa,
pliegues en la recepción,
pliegues bajo los golpes,
pliegues bajo las caricias.
Pliegues.
Pliegues que no pliegan ningún yo.
Sólo pliegan. A veces se despliegan. Entonces
es cuando dicen "has cambiado". ¿Quién cambia?
Tan sólo se ha desplegado un pliegue
y el color, como el de las telas
que han quedado expuestas, quietas y
dobladas, a la luz del sol,
es distinto. Más claro, tal vez, más
ingenuo, "más auténtica", te dicen,
el color original.

Sólo es debido al uso.

Los demás
hacen el yo, "me" hacen.
Me hacen con sus ojos.
Me hacen con su juicio,
con su conocimiento. Sólo se conoce aquello
que se repite. Conocer a "alguien"
es haber asistido a sus repeticiones,
haberle dado el tiempo necesario
para la confección de un "comportamiento",
haberle dado el tiempo,
haber vestido la nada con el tiempo,
haberla mesurado, haber
medido. Conocer a "alguien"
es haberle tomado las medidas.
Después de ser medido, el alguien es
manejable. Y entonces, como
resultado de aquella medición, se le otorga
la in-vestidura de su yo.
Y tanto es el afán de la nada por ser,
por ser algo, por saberse, que el alguien
llega a creerse y de golpe, adquiere una
"identidad", vestido hueco
sobre la nada, sobre
la energía neutra que toma forma,
hueco que quiere saberse y adopta
la vestidura y la convierte en templo.
La fuerza se torna templo,
lo invisible, visible en la duración. Dura
lo que persiste en la mirada, aquello que permite la repetición del gesto,
el impulso reiterado.

No soy lo que presento, lo que re-
presento, lo que se repite,
no soy el mí que se yergue ante el otro,
que le teme, le odia, le desea, le asedia o le rechaza, no soy los que dicen, no soy nada que pueda decirse. -¿Quién está hablando? ¿Quién dice "yo no soy"?- Todo lo que puede decirse se repite.
Yo no soy nada de lo que se repite,
soy bajo todo lo que se repite,
soy debajo, tras aquello, y tras el
bajo y el tras de aquello.
Yo no soy nada del mí, del tú, del
yo que me hostiga cuando me lo creo,
cuando me in-visto, me revisto, me
visto de lo que "me" corresponde.
Yo soy la fuerza con sus pliegues,
la fuerza que adopta una manera de plegarse
-"persona", le llamamos-
y que a veces se despliega y
se deja ver ante quien puede, quien
sabe ver dentro de los pliegues.

-Kālī se arranca los vestidos. Kālī se despoja de los sentimientos. Colores que matizan la energía, la multiplican, la diferencian, sentimientos: enlaces, hilos que forman red, relaciones entre nudos: universo. Los sentimientos afianzan
el mí, lo confirman frente a otro. Despojada de los múltiples colores, sólo queda el brillo. La luz informe en la que nada puede verse porque nada hay que pueda verse: sin forma, no hay ningún algo, ningún mí, ningún otro, nada.
Sin sentimientos, la energía es pura neutralidad.

Nadie ve. Nadie sabe,
nadie me ve sin mí, nadie me sabe sin mí.
Yo me equivoco si lo digo.
Si digo que no me ven me equivoco.
¿Quién habrán de ver?
Yo soy la que dice yo más allá
del mí, de las repeticiones, sin
color, sin sentimientos.
Me equivoco si me apena su ceguera,
su ignorancia, me equivoco
si me causa dolor o alegría.
Comprendo entonces lo que aún no soy,
sé lo que no llego a ser,
VEO EL PLIEGUE EN EL QUE ME COBIJO,
DESDE EL QUE HABLO.
Si me despliego, la expansión aún se tiñe
de una cierta tristeza y esto es
lo que me hace comprender que los hilos son fuertes
o, simplemente, mi deseo de que el otro,
los otros entren en la danza,
se desplieguen también y dejen de juzgar
el mí que tanto me hostiga, que dejen de crearlo,
que dejen de desenvolvérmelo,
de tirarme a la cara el vestido para que me lo ponga
y les sea más fácil relacionarse conmigo, les sea
todo más fácil o así se lo crean.
Que la desnudez no les avergüence,
que no me avergüencen recluyéndome en el mí.






Hainuwele y otros poemas
Chantal Maillard

4 comentarios:

Anónimo

Soy Sergio.He empezado a leer creyendo que era tuya la poesía, y pensaba (" Miguel esta cogiendo muchas cosas de Chantal"), luego veo que es de ella.

Lo cierto es que soy muy burro para la poesía y para hacer comentarios de ella.Pero te animo a escribirla.
(y a ser posible, con tradución para burros)

En fin... hasta luego craker

Anónimo

¡Qué inoportunos pueden llegar a ser los anuncios de goear!.
Tremendo poema. Indescriptible la voz de Chantal, conmovedora.

Gracias

P. Galvez

Ahab

Sergio:

los lectores de Chantal somos todos burros, búfalos y vacas.


Me alegro de leerte. Espero que todo siga bien por allí. Dale un achuchón al outlander de mi parte cuando lo veas.

Un abrazo

Ahab

P. Galvez:

desde luego, esos malditos anuncios ya molestan cuando hay algún tema musical; pero cuando se trata de un poema es mucho peor, muy molesto.

A veces no salen los anuncios, pero casi siempre, lamentablemente hay que soportarlos, o bajar el volumen y esperar.

Sobre la voz, el estar, la pulsión de Chantal, ¡qué decir!.


Digo: silencio. Y lo hago.


Gracias por entrar una vez más al árbol

Un saludo