22/3/11

Borges a fondo (1976)


¿Dónde está hoy día el espectador interesado en espacios culturales de esta índole?

Ha desaparecido.

Vivimos en la caverna intelectual. En una era de máxima información, saturada de artillería informativa, fabricada en su mayoría por algunas cunas ideológicas y lingüísticas; en una sociedad occidental, y española en particular, sometida a un sistema de mercado que influye de manera devastadora en la forma de pensar y sentir, que condiciona incluso la oblicuidad de nuestra mirada -desposeída hasta el extremo de sí misma y encharcada en la velocidad y la frivolidad- algunos parecemos recluídos entre la multitud.

Pienso en esto, en la imágen feroz del rumbo que ha tomado la sociedad occidental. Expongo la pregunta:

¿Dónde está el perfil de espectador que seguía con interés un espacio como este?

Comparto este reducto. Esta extraordinaria entrevista con un no menos extraordinario escritor y ser humano.


Que la sintáis, la viváis y la soñéis.


18/3/11

Cactáceo eléctrico



Con Pincho iban Los Fruitis. Con el Cactus. Una planta asombrosa, que en su quietud y robustez sobrevive conservando el agua dentro de sí, protegida con sus zafias púas, en las tierras desérticas, enfrentando ventiscas y olas de calor, en mitad de una sequía que puede ser extrema. La Penca es un derivado de la familia cactácea, que abunda en climas cálidos, en Andalucía por ejemplo. Y creo que Pincho era más bien una penca de higo chumbo y no un cactus, al menos no el cactus en que pensamos al nombrarlo. Pero quería hablar de la banda de rock, y tienen algo en común, tanto la penca como la familia cactácea en general provienen, al igual que esta banda de rock, del continente Americano.

Pensando en la historia del rock podríamos escribir una interminable lista de grupos olvidados. Algunos con menos justicia que otros. Dentro del rock duro han existido muchos grupos average, pero también existieron bandas de alta calidad instrumental, originalidad y potencia (que son las únicas cualidades que podemos exigirle al hard rock), una de ellas es incuestionablemente Cactus. Cactus fue un supergrupo, surgido de la unión de varios talentos de la escena norteamericana allá por 1969. Es curioso que, siendo un grupo mucho más dinámico y ecléctico, original y vivo que Blind Faith, se recuerda siempre éste último como el supergrupo (por aquello de ser el primero y tener en sus filas a Steve Winwood o Eric Clapton), pero en Norteamérica, existió una banda coetánea que no tenía nada que envidiarle.

Con la sección rítmica de
Vanilla Fudge (importante grupo cuyos primeros discos influyeron a bandas como Black Sabbath, Uriah Heep, Deep Purple, o Los Modulos aquí en España), la batería de Carmine Apprice y el bajo de Tim Bogert; uno de los guitarristas más valorados de la historia: Jeff Beck; y la voz de un cantante muy exitoso, que tenía peculiaridades como vocalista de rock -por ese timbre rasgado- y del que a penas ha quedado su nombre merodeando algunos artículos que hablan de The Faces o de su mediocre carrera en solitario: Rod Stewart. Esta formación inicial duraría poco, so pena del accidente de Jeff Beck y la marcha de Stewart que pronto empezaría su andadura con The Faces. No tardarían en incorporarse el guitarrista Jim McCarty y el vocalista Rusty Day. Esta formación se mantuvo suficiente tiempo en activo como para grabar y publicar tres discos en apenas dos años. Tras este periodo (finales de 1971) los dos últimos incorporados abandonaron también. Disolviendo la banda poco después, y resucitandola muchos años más tarde, en 2006 y hasta hoy.

Cactus bebe directamente del blues de varias escuelas y del espíritu "libre" emergente por entonces tras el verano del amor. El sonido de este grupo, entre otros que por su carácter se asemejan (Cream o Jimi Hendrix por ejemplo, que acentuaban las distorsiones) hace referencia directa a la definición propiamente de la palabra Rock. La roca, la roca que nunca llegaron a cargar los cantos rodados y tampoco los escarabajos. La roca que cae pesada e inerte rodando por los desfiladeros. La roca seca y poderosa, impenetrable. La energía electrizante. Tendrían que pasar muchos años hasta que se produjera definitivamente la asociación póstuma del rock con la energía adolescente, por lo menos hasta alcanzar la mitad de los años 70 con el punk. Hasta entonces, el rock (bajo esta desingnación de roca) era un fenómeno juvenil, pero no necesariamente adolescente. El rock era más robusto, a veces más pesado, más añejo, más amargo quizá, menos fresco. Casi todos los grupos comportaban cierta calidad instrumental, al menos los grupos que conseguían cierto éxito, aunque a menudo no salieran del underground. Esta banda duró poco, pero dejaron un par de discos memorables, injustamente eclipsados por los cansinos nombres de siempre.

Cactus - Cactus, 1970

El primer álbum (Cactus, 1970) arranca con un blues-rock acelerado que pedalea recorriendo nuestro cerebro, con poderosas guitarras frenéticas y rocambolescas, con esa voz, idónea para este grupo y una sección rítmica no menos sorprendente, "Parchman Farm", un clásico, original de Mose Allison, que en la versión de Cactus ha quedado soterrado e ignorado y que no debería faltar en cualquier sesión de rock and roll eléctrico.

Cactus - Parchman farm

"My lady from south of detroit" deja que desear, no es la balada-rock el fuerte de este grupo, algunos coros con cierto aire épico no ayudan, imprimen a la canción cierto sabor descafeinado y sencillo. Prescindible. Porque Cactus, como he dicho más arriba, es un grupo de rock-blues con todas las letras, y es ahí donde se definen como grupo y donde pueden ofrecer algo.

Temas como "Bro. Bill" (en el que oímos la armónica desfilar entre guitarras vacilantes y ritmos bluseros), así como otros cortes, "You can't judge a book by the cover", "Let me swim", "Oleo" o "Feel so good" (con ese solo de batería, como era común por entonces) recorren las lindes del emergente hard-rock con airosa maestría, suenan y huelen a pólvora, a puro rock and roll. La densa "No need to worry", un blues lento de esos que hipnotizan y mecen, aparece como el único corte de blues propiamente de todo el disco y le asigna una personalidad más sólida a este logrado debut de Cactus. Un disco recomendable para los aficionados a las guitarras eléctricas y al buen rock-blues añejo de los 70.

Cactus - No need to worry


En 1971, durante ese auge de productividad, aparece la siguiente referencia, más potencia y electricidad en One way or another, otro disco recomendable para los amantes del rock setentero. Que abre con una no muy afortunada pero respetable versión del clásico de Little Richard "Long tall sally". Y continúa con el puro hard-rock de "Rockout-whatever you feel like". Y "Rock and roll children" que siempre, como el resto de canciones del grupo, siembra varios precedentes musicales que serían imitados y experimentados por otras bandas hasta la saciedad en el futuro. Un rythm and blues acelerado con acústica y armónica "Big mama boogie", que acaba transformándose en más tralla eléctrica, marca la escisión de este segundo disco de Cactus. Es difícil establacer diferencias de calidad entre un disco y otro, están creados casi al mismo tiempo, y todos tienen canciones lo suficientemente buenas para que no entren del todo la primera vez, salvo por al capa exterior de los cánones del rock, y luego con el tiempo se valoren mucho más. Lo más parecido a experimentar que hace el grupo en los discos de estudio se llama "Song for aries". El tema homónimo, que cierra el álbum, es de los mejores que incluye, Cactus en estado puro.

Cactus

En ese mismo año, 1971, aparece la tercera referencia, cuya portada abre esta entrada del blog: Restrictions. El disco arranca con el tema homónimo, quizá más sofisticado que los temas del disco anterior y con un sonido un poco más cuidado, arranca entre hard-riffs y coros importados del pop pero sin abandonar por un segundo la esencia de la tradición afroamericana que define a Cactus. Seis minutos de engranaje y precisión rockera que se acerca por momentos al funk en una combinación de sonidos prominentes, guitarra bajo y batería dialogan constantemente y el vocalista encaja a la perfección con el sonido. En este tipo de grupos suele ser, siempre ha sido, complicado encontrar un vocalista capaz, que no se exceda en la expresión. De hecho, pocos hay en la historia del rock que se mantengan bien, este tampoco es una maravilla, pero encaja a la perfección aquí.

"Token Chokin" es el siguiente track en esta tercera obra de Cactus, parece augurar un disco lleno de coros puramente norteanericanos, casi gospelianos a veces. Y "Guiltless Glider", que empieza marcada a bombo y bajo (si nunca la has escuchado, los primeros segundos te recordarán a "The hardest button to button" de White Stripes, mera coincidencia).

Pocas canciones en los discos de este grupo destacan de las demás. Son discos para quien le guste este sonido, porque hay un placer estético en estos sonidos, esas baterías de la época, que para mí no se han superado (en el sonido de estudio), con esas primeras distorsiones de guitarra eléctrica y esas líneas de bajo que empezaban a imaginar otros horizontes partiendo de las escalas del blues. Los discos de este grupo presagian algo, hay en ellos cierto Stoner rock rudimentario, embrionario.

Restrictions, al igual que Cactus y One way or another, está lleno de hard-rock, escalas agresivas, solos a toda velocidad, baterías precisas, potentes líneas de bajo muy complementarias y admirables (la sección ritmica es quizá lo mejor de grupo). A Cactus no le llegó apenas la psicodelia, no se expresa apenas en sus discos, salvo quizá, ciertos vestigios en el tema "Alaska", pero muy levemente, apenas insinuado, hay cierto aire ácido en las distorsiones propias de la época. Pero sigue siendo un blues-rock de la mejor calaña. Este disco cierra con un blues en acústica, cierra con desnudez, con un homenaje a la raíz de todo este tinglao que llamamos rock.

Hay otra referencia de la banda, fechada en 1972, un disco titulado Ot 'N'sweaty, cuyos tres primeros cortes son grabaciones en directo en actuaciones en Puerto Rico, en el que incorporan teclados, aportando más densidad al sonido del grupo. Se recorren otros lares que se alejan (siempre muy poco) del blues-rock determinante de los trabajos anteriores, pero no se encamina tampoco hacia algo mejor. Los teclados se salvan en general por poco, pero no suponen una mejora sustancial, a mi personalmente este disco me gusta mucho menos que los anteriores. Es el último disco de Cactus, hasta que se reunieron en 2006. Pero eso es otra historia.

Uno de esos grupos buenos para disfrutar tomando unas cervezas, especialmente el primer disco. Energía eléctrica y calidad instrumental.

Que lo disfrutéis.


Cactus - Cactus (1970) en Spotify y en Megaupload

Cactus - Restrictions (1971) en Spotify y en Rapidshare

Cactus - One way or another (1971) en Spotify y en Megaupload


¿No tienes Spotify? Descárgalo
aquí

9/3/11

Standing in the shadows at the end of my bed



Nadie rebaje a lágrima o reproche
esta declaración de la maestría
de Dios, que con magnífica ironía
me dio a la vez los libros y la noche.

Poema de los dones
J.L Borges


sombra. (De sombrar).

2. f. Proyección oscura que un cuerpo lanza en el espacio en dirección opuesta a aquella por donde viene la luz.

¿Qué es la sombra? ¿Es la (mera) ausencia de luz que proyectan los cuerpos opacos? ¿o a caso posee otros atributos ocultos, que no podemos precisar, para los que no estamos hechos, tal y como poseen casi todas las cosas que podemos atisbar de este mundo?

Cuanto menos, la sombra produce curiosidad, un desdoblamiento de nuestra silueta que nos sigue a todas partes mientras haya luz. La sombra es negra. Como si un pequeño trozo de universo se posara a nuestro lado proyectando otra entidad bajo nuestros pies. La sombra se define en su negrura. Hay algo de cósmico en ella. La que nos aterrorizó en las fiebres de la infancia. La que reveló a los amigos cuando jugábamos al escondite. La que perdió Peter Pan. La que Jung metaforizó para definir el inconsciente personal, lo que somos cuando no lo sabemos. La sombra que estudian los pintores -la sombra de los sueños- en los cuadros. Las sombras que rastreó Borges con su mirada universal.

El futuro es la sombra de los sucesos.

Nosotros, los que vemos, los que nos valemos de la mirada y toda su torpeza, sin la luz apenas nos vivimos. Los ciegos son distintos. Ellos habitan otro mundo, más cercano, creo, al verdadero mundo. Ya que el de los videntes es un mundo de apariencias. Un circo de los objetos. Un carnaval que nos ha embrujado. Una carcajada en espiral. Un espectáculo ordenado de luz, colores y sombras. Vivimos dentro de una pintura. Un cuadro formado por representaciones y voluntades que tan bien comprendió y desarrolló Schopenhauer.


Todos los objetos están vivos
y viven para su sombra
no sólo los que nos gustan
o se quedan.

Todos los objetos están vivos
nos aman
nos temen.

Todos los objetos guardan una memoria
vibran para mostrarse una vez más y parecerse
para que nos resulten iguales que antes
para procurarnos un tacto
para proyectarnos una luz

Todos los objetos están vivos
y velan por nuestra incredulidad
sostienen nuestra ceguera.
Con la infinitud de sus sombras
alimentan nuestro estar en el mundo



















1/3/11

Dentro del tubo (Amarok y otros resortes)


Sondela uSomandla sukuma wena obengezela


En 1990 Mike Oldfield había consumido toda la paciencia que un contrato discográfico firmado con urgencia y juventud puede permitir. El propietario de Virgin Records, el por entonces multimillonario Richard Branson (un pequeño comerciante oportunista que se cebó con la suerte comercial de Tubular Bells) le exigía con insistencia la elaboración de música insustancial para las radioformulas y la promoción desmesurada que tanto embadurnaron la música popular de los años 80. Oldfield no se mostró nunca muy de acuerdo con esto.

Durante la década de los 80 sus obras estaban flaqueando si las comparamos con sus trabajos del decenio anterior. Podríamos decir incluso que su producción estuvo sufriendo, desde la llegada de los 80, una especie de des-evolución creativa. Aunque, es preciso citar ciertas excepciones: dentro de obras ochenteras podemos salvar fragmentos y también piezas enteras de entre los álbumes.

De Five Miles Out (1982) quizá excluiría precisamente las canciones pop Family man (que no deja de ser un pop-adulto, una especie de "A.O.P", efectivo hoy en emisoras comerciales de mediopelo) o el single homónimo, con el que cierra el disco. Pero podemos salvar, decididamente, temas casi por completo instrumentales bastante suculentos para viajar y soñar. Estos son, por ejemplo Taurus II, una de las mejores piezas instrumentales de Oldfield, de unos 24 minutos sin interrupción, en la que asistimos a experimentos musicales que determinan los movimientos estilísticos con los que atravesaría la década de los 80. Coqueteando con lo sinfónico, el folk, lo celta, el rock (con unos power chords al principio y al final bastante definitorios), y experimentos con la tecnología de la época. También rescato, sin dudarlo, Orabidoo, con un inicio delicioso de xilófono y guitarra acústica arpegiando acompañamiento, a modo de nana, no exenta de cierta ternura entrañable que luego se transforma en rock ecléctico con percusiones, rock sinfónico y sintetizadores. Al final de Orabidoo hay también un tema con letra, cantado por Maggie Reilly, en el que me mecí tantas veces en la infancia y que, con toda probabilidad, de forma latente cruzó mi inconsciente en la adolescencia. Es una nana en forma de folk británico dedicada a Ireland's Eye, una pequeña isla deshabitada, cercana al condado de Dublín, en Irlanda. A Oldfield siempre le han gustado las Islas y las vistas aéreas. Tras Orabidoo también salvo Mount teide, otra pieza instrumental, con un sabor más salvaje, dedicada al monte Teide en Tenerife.

Mike Oldfield - Orabidoo



De Crises (1983) podemos salvar, con sus más y sus menos (y sin entrar siquiera en valoraciones de Moonlight shadow, porque la he agotado lo suficiente y apenas queda el solo de guitarra a lo Knopfler como sustancia aprovechable), salvo fragmentos del tema homónimo Crises, una pieza casi enteramente instrumental cargada de momentos afortunados y desafortunados casi a partes iguales, pero de algún modo rescatables, que me sobreviven al paso del tiempo, especialmente la semi-canción The watcher and the tower. La breve instrumentación líquida de Taurus III, con una guitarra clásica deslizándose entre leves percusiones y agitaciones de acompañamiento, teñida de cierto color ibérico. O, siendo más generoso, la ciencia ficción de In high places, con la voz de John Anderson (Vangelis, Yes).

De Discovery (1984) podemos salvar -o salvo yo- The Lake, otra pieza instrumental, de unos 12 minutos, en la que Oldfield desgrana y engrana una amalgama de ideas y sonidos variopintos procedentes de numerosas influencias en un permanente rock con movimientos seudo-sinfónicos. No a la altura de otras piezas con la misma significación conceptual para con los discos (Taurus II, Wind Chimes), pero lo suficientemente original para salvarla.

The Killing Fields OST (1984), banda sonora de la película Los gritos del silencio, creo que sería más correspondiente citarlo en un post con un contexto cinéfilo, más bien como banda sonora.

De Islands (1987), salvar el tema principal The wind chimes. A pesar de que las percusiones y tintes bochornosos propiamente ochenteros hacen méritos para desfavorecerla, también contiene bastantes momentos de lucidez melódica y placidez onírica. Con experimentos todavía originales en su trayectoria.

Tengo que decir que no me quedaría del todo tranquilo despachando los temas pop de los ochenta tan fríamente. He de reconocer que a título personal, más subjetivamente, (si podemos realmente establecer grados de objetividad cuando hablamos de música) guardo especial cariño también a ciertas canciones de este período porque crecí con ellas; en Discovery por ejemplo Saved by a bell y el tema homónimo de Five Miles Out.

De Earth Moving (1989) no salvo nada, excepto la simpatía en la colaboración de Adrian Belew [blank a una entrada de este blog] en el tema Holy.

Pero aquí es cuando me detengo, detengo este fugaz repaso cronológico, porque enfrento la que posiblemente sea la mejor obra de Mike Oldfield y una de las gemas instrumentales más brillantes del siglo XX, a pesar de pasar soterrada y desapercibida: Amarok (1990).

¿Quieres sopa? ¡Toma dos tazas!

Recuerdo un breve documental de los años 70, en el que aparecía Richard Branson hablando sobre Oldfield y su obra; muy orgulloso, mostrándolo como su músico más preciado y talentoso en Virgin; claro, daba muchos millones con sus obras instrumentales por entonces (Tubular Bells, Hergest Ridge, Ommadawn) pero a finales de los 80 las cosas habían cambiado y Branson no es un artista, es un comerciante; él quiere productos que se vendan bien, no quiere obras de arte.

Como decía al principio, tras Earth Moving, la paciencia de Oldfield creando A.O.P comercial y omitiendo su verdadera vocación de músico ecléctico y experimental se estaba agotando.

Tal fue la poca guita que le quedaba con la presión de Branson y el asunto del contrato discográfico (restaban un par de años para terminarlo), que pensó que tenía que vengarse. Esta etapa coincidió con una permanente inspiración fragmentaria. Compuso una cantidad innumerable de piezas cortas, fragmentos instrumentales de lo más originales y algunos cargados de belleza, que no sabía muy bien qué hacer con ellos. Al parecer los iba grabando día tras día en el estudio y probando amplia suerte de instrumentos para conseguir el efecto deseado en cada caso. Así fue naciendo Amarok. Entre ira e inspiración. Entre la frustración discográfica, (la aversión hacia Branson), y la necesidad creativa de un artista adulto y temporalmente inspirado.

No deja de ser curioso, que, cuando menos sorpresas parecía que podía dar este músico, cuando más arruinada parecía su inspiración, ¡cuando menos se esperaba!, gestara esta obra monumental de 1 hora de duración, sin interrupción, en la que puso todo lo que tenía. Además de su tozudez taurina (que de una manera u otra está en todos sus discos, sobre todo cuando quiere "sinfonizar" y también tocando la guitarra), la pieza contiene su ira, su inconformismo, su permamente claustrofobia, sus escapadas de la realidad, su punto de fuga; una gran paleta de colores musicales y muchos sueños. Hay de todo. 60 minutos de melodías, ambientes, sonidos, ruidos, solos, estilos variados, experimentos de toda clase, infinidad de matices con instrumentos extraños y difíciles de reconocer. Todo ocurre sobre un permanente minimalismo bastante curioso, apenas encontramos baterías en la obra, pero sí abundantes percusiones, u objetos que hacen percusión, tambores etc.

Oldfield aprovechó esta obra para introducir todo tipo de experimentos, desafió las exigencias de Branson de una manera bastante notable. Aunque en esto mismo está también lo único que no me gusta de este disco; es poca cosa, apenas unas cuantas intervenciones que duran segundos, pero no me gustan; es más, me suelen molestar. Ciertos sonidos insertados, voces, teclados que aparecen repentinamente o ruidos de guitarra eléctrica, que suenan muy por encima del volumen del master de la obra; son bastante molestos, sobre todo en los primeros 5 minutos. Deben estar insertados así a propósito, a modo de invectiva sonora contra Branson; puede que Oldfield, pensando en el momento en que Branson escucharía el disco, insertara estos espasmódicos sonidos para que el jefazo se llevara algunos sustos; pero me parece altamente egoísta (aunque no es de extrañar tratándose de él) hacer este tipo de estropicios de cara a los que hemos comprado sus discos y de cara a la integridad de la obra. Esos pequeños gestos antiestéticos dejan mucho que desear y me resultan bastante contradictorios. Entiendo que no eran necesarios, con la obra en sí y el mensaje en Morse es más que suficiente.

El disco se desmarca con mucho de sus obras anteriores, y apunta más, por su esencia, a las obras épicas; supongo que, cuando este disco apareció, muchos fans se alegrarían mucho y volverían a confiar en su música tras los sobrevividos 80. Yo todavía no conocía su obra.

Una de las características más notables y sorprendentes de este álbum es su resistencia al paso del tiempo. La música que hay en esos 60 minutos y 2 segundos está totalmente fuera de modas musicales de estilo (al contrario que muchas cosas suyas de los 80). La pieza en sí misma parece haberse gestado en otra dimensión musical paralela a su propia obra, aunque se valga de sus habituales herramientas estilísticas, su forma de tocar, y, en cierto modo, aunque sea difícil de ver, guarde una relación con sus primeras obras en la estructura. Amarok es la obra más viva y dinámica de Mike Oldfield. Compuesta por decenas de fragmentos pequeños y cientos de efectos, sonidos, voces... una infinidad de matices que hacen que el disco crezca con cada escucha. Es un lago profundo en el que perderse. Es uno de esos discos que yo llamo "discos habitables", porque se puede vivir en ellos, te permiten soñar, surcar vías, evadirte, perderte en un cosmos de sonidos.


1992

Es un disco anticomercial, desde luego no concebido para el mundo en que vivimos, no se puede vender como producto de masas desde ningún prisma comercial porque no sirve para el homo-sapiens de hoy: un ser que no conserva la mínima capacidad de atención y concentración, un ser sumido en la velocidad, en la inmediatez, un ser que ha dejado casi de vivir. Con Amarok hay que detenerse, escuchar, vivir una hora de viaje interior. Esto es exigirle mucho al ser humano de hoy, por más que pese, en cierto sentido, comprobarlo.

Tampoco es comercial porque no es radiable. En su momento (1990) los medios de promoción musical seguían siendo la radio y el formato video-clip para la tv. Pero ¿Cómo hacer un videoclip con tal amalgama de fragmentos, tan breves y diferentes entre sí? ¿Cómo sacar un single radiofónico de este disco? Difícil. Aunque, por supuesto, lo hicieron. Si no en la época de lanzamiento (no lo sé) al menos sí aparece un fragmento en las recopilaciones. En Elements (1993), por ejemplo. Un fragmento extraído de una parte cercana al final de la obra, compuesto mayoritariamente de percusiones y voces.

Es un disco que no suele calar demasiado en las primeras escuchas, especialmente si no se es un poco melómano. El propio Mike advertía en la contraportada del disco:

"Advertencia de escucha: esta grabación puede ser peligrosa para la salud de los mentecatos 'oreja de trapo'.

(refiriéndose a Branson)

Pero a medida que se adentra uno en él, va construyendo y de-construyendo mundos y micromundos. Mundos invisibles, o sin forma, confeccionados en las sensaciones y el inconsciente. Tiene el poder suficiente para colarse dentro de nosotros y auscultar nuestro interior. Ofrecernos sueños en abstracción y abs-traernos.

Desde pequeño lo he interiorizado, quizá por eso apenas puedo ser objetivo con él, y con parte de la obra de Oldfield. Lo mío con este disco es onirismo. Desde el minuto 5:35 más o menos, en adelante, es un disco muy especial para mí. Lleno de melodías muy características de este multiinstrumentista británico. Cerradas. Melodías que tienen una esencia infantil, aunque se revistan de blues de salón en ocasiones. Melodías que suenan a ciencia ficción en sí mismas. A planetas, asteroides, naves; grandes espacios vacíos, vistas aéreas de superficies de mundos invictos. Es un disco para soñar, con esa subjetiva acepción de la ciencia ficción. No es de extrañar que la música de Oldfield guste tanto a los científicos.

Para la grabación de este disco se valió de una ayuda muy concreta, en principio reclutó nuevamente a Bridget St John (que ya había trabajado con él en los años 70) para cantar. Las voces en esta pieza de piezas no creo que puedan ser más idóneas. También reclutó a un grupo de músicos africanos, dirigidos por Julian Bahula, para interpretar ciertas partes del disco. Tom Newman se encargó de la producción. Utilizó muchas técnicas de estudio para la elaboración de este disco, y mucha música inspirada.


La estatua dorada

Hace mucho tiempo, en un lugar que podría haber sido Irlanda (y que podría haber estado en África o Madagascar) ocurrieron una serie de inusuales acontecimientos.

Dos buenos amigos oyeron hablar de una gran estatua dorada que se hallaba de pie en el interior de un gran agujero en la tierra, cerca de su aldea. Como eran gente sencilla, el rumor se extendió rapidamente. Algunos decían que no era una estatua, pero tampoco un hombre. Una cosa estaba clara: nunca se movió. Pero también se decía que producía ruidos, un sonido, o varios sonidos de vez en cuando. La gente decía que a veces también emitía todos esos sonidos a la vez. Los hombres idearon un plan para ir a visitarlo y partieron una mañana temprano.

Caminaron despacio:

- ¿Te sientes tan cansado como yo? -dijo el primer hombre-.
- Me he sentido mejor -dijo el otro-. Pero debemos continuar.

Tras muchas horas, el primer hombre se paró en el camino, oteando en la distancia.

-Lo veo -dijo tranquilo-.
- ¿Qué ves?
- Veo un resplandor dorado maravilloso, un gran haz de luz...

A pesar del cansancio, aceleraron su paso. Pero cuanto más rápido andaban, la distancia entre ellos y lo que habían llamado "la gran luz dorada" seguía pareciendo la misma. Después de un rato pararon. Estaban muy frustrados. El más tranquilo de los dos dijo: nunca llegaremos

- Si regresamos, llegaremos -dijo su amigo-.
El otro le miró.
- ¿Por qué piensas eso?

Sin contestarle, el otro se volvió y empezó a andar de regreso por el camino por el que habían llegado. Ante la sorpresa del otro y después de un rato, la luz comenzó a ser visible para él también y cuanto más andaban, más lo veían. Pronto, todo el campo a su alrededor empezó a parecer como si hubiera un gran incendio. Los árboles ennegrecidos se troncharon sobre el suelo, y la pradera estaba abrasada y árida. Se sintieron inquietos, pero continuaron.
Bastante seguros, llegaron a un imponente agujero chamuscado. Parecía como si una gran roca hubiera llegado desde los cielos.

- Qué desastre... -dijo el primer hombre- echémos un vistazo
- Ve tú - dijo cauteloso su compañero- dime lo que veas.

Se acercó hasta el borde del gran agujero y colgándose de un árbol seco pero firme, miró escudriñando hacia abajo.

En el gran agujero de la Tierra estaba la figura más grande que jamás había visto. Era de un acabado en oro precioso, completamente lisa. No era una estatua, pero tampoco un hombre. Nunca había visto algo como aquello, y no podía apartar la mirada.

Hemos llegado demasiado lejos -se dijo a sí mismo- escucho que tiene voces que hablan sobre cosas de las que no podemos hablar.

Miró alrededor, y allí estaba su amigo justo detrás de él, mirando al cráter. Dijo: he oído que cuando alguien escucha su voz, permanece en los oídos, no puede librarse de ella. Tiene diferentes voces: algunas felices, pero otras tristes. Causan un estruendo como un balón, murmullos como un niño, golpes como brazos resplandecientes de un millón de percusionistas, crujidos como el agua en un vaso, cantos como una amante y lamentos como un sacerdote.

-Sólo le he escuchado decir una palabra -dijo el otro.
Su amigo le miró:
- Dije que depende de cómo escuches.
- ¿Qué quieres decir?
- Imagina una criatura con una melodía por voz. Puedes escucharla o no.
- No entiendo -dijo el otro-.
- Se describe a sí mismo pero no puede verlo; cuando él lo ve, no puede describirlo. Pero el sonido siempre está, siempre hará el sonido.

Se sintió tranquilo. Pasó un rato. El segundo hombre se giró hacia el primero.

- No parece que vayamos a escucharlo, ¿verdad?
- Lo he oído.

Su amigo le miró con mucha atención.

- Pero no hay ningún sonido. Ninguno. ¿De qué estás hablando?
- Anímate oreja de trapo -dijo- tan sólo es un cuento de hadas, ¿no es verdad?

William Murray



Este pequeño cuento, escrito por el diseñador gráfico del disco, aparece en el libreto de las primeras ediciones de Amarok. Virgin eliminó el relato en las siguientes ediciones, las que se venden hoy (disculpad la baja calidad literaria del cuento, no encontré la versión original, así que no es una traducción, sino una modificación de una traducción que encontré en internet).

Oldfield también contó, para una parte importante de la obra (al final) con la actriz y comediante escocesa Janet Brown, quien se hizo muy popular en el reino unido en los años 80 por su imitación de la voz de Margaret Thatcher. Oldfield se valió de esa cualidad para que leyera un texto que es una carta optimista de despedida.

En el minuto 54:24 podemos oír la pieza, que está compuesta por percursiones tribales, y en la que al poco tiempo, aparece la voz de Margaret Thatcher (Janet Brown), pronunciando este discurso:

Hello everyone. I suppose you think that nothing much is happening at the moment. Ah-ha-ha-ha-ha. Well, that's what I want to talk to you all about; endings. Now, endings normally happen at the end. But as we all know, endings are just beginnings. You know, once these things really get started, it's jolly hard to stop them again. However, as we have all come this far, I think, under the circumstances the best solution is that we all just keep going. Let's keep this going in sight, never an ending. Let's remember that this world wants fresh beginnings. I feel here, in this country, and throughout the world, we are crying out for beginnings, beginnings. We never want to hear this word "endings". I know we all want to sit down. I know you want to take it easy. Of course we're looking for the good. Of course we're looking for the fresh start. [...] Isn't that charming. too-te-loo I'm really feel I could dance. Ah-ha-ha.

Hola a todos. Supongo que estaréis pensando que de momento no sucede nada. Ah-ha-ha-ha-ha. Bien, de eso quiero hablaros: de los finales. Los finales suceden normalemnte al final. Pero como todos sabemos, los finales son también principios. Sabeis, una vez que estas cosas empiezan, es realmente dificil detenerlas de nuevo. Sin embargo ya que hemos llegado tan lejos, pienso que, bajo tales circunstancias, la mejor solución es que sigamos adelante. Que igamos en busca de este objetivo: nunca terminar. Siento como aquí, en este país y por todo el mundo están pidiendo a gritos comienzos, comienzos. No queremos volver a oír esa palabra "finales". Sé que todos queremos sentarnos; que todos queremos tomarlo con calma. Por supuesto que todos estamos buscando lo mejor. Por supuesto que estamos buscano un buen comienzo. ¿No es fascinante?. [...] ¿Sabes? realmente siento que podría bailar. Ah-ha-ha-ha-ha. [...] (baile) Ah-ha-ha-ha-ha... encantador... ha-ha-ha.

Este texto expresa claramente, con atinada ironía, las intenciones de Branson y sobre todo las suyas.

A lo largo de la obra, podemos escuchar en numerosas ocasiones unos cantos que entonan la frase "Sondela uSomandla sukuma wena obengezela", frase en Xhosa, lengua sudafricana, que significa algo así como "Acércate/el Todopoderoso/muéstrate/el que brilla" ("Ven a nosotros Dios, tú que brillas y levántate para que podamos verte los mortales")

La cantidad de instrumentos de los que se vale para experimentar al máximo y crear una obra musical de tal magnitud es sorprendente, decenas; y numerosos efectos de sonido, grabaciones de acciones cotidianas; podemos oír un rascado de barba, un lavado de dientes, aspiradoras, teléfonos, zapatos (bailando), voces invertidas, ecos etc. También hay un curioso mensaje a Richard Branson en código morse, que se puede oír en el minuto 48, que comunica: "Fuck off RB" (jódete R.B). Y por supuesto múcha guitarra eléctrica. Para mí Mike Oldfield ha sido siempre guitarrista por encima de todo. Del que he aprendido mucho más de lo que puedo saber. Curiosamente, debido, supongo, al poderoso arquetipo de la imágen de Mike Oldfield en la cultura popular, no está tan valorado como guitarrista por los profanos. Sin embargo, es ahí donde más hay que mirar. Ha llegado a enhebrar preciosos solos de guitarra, muy poderosos, y también muy sutiles, que no todo el mundo se ha parado a escuchar. Pero se puede disfrutar muchísimo. Me gustan sus solos con carácter heroico, o los lentos y densos que oscilan como ondas. Uno de mis guitarristas preferidos. Lo que pasa es que hay que buscar. Hay que tomarse el trabajo de buscar en su obra para encontrar las cosas que hay de mucho valor. No suelen ser las más famosas. Por ejemplo, en Tubular Bells II (1992) hay un tema instrumental, al final del disco, que se llama Maya Gold, que tiene uno de los solos de guitarra eléctrica que más me gustan.

Es uno de los guitarristas que más me han enseñado y que más me han emocionado. Sus melodías sinfónicas, esas líneas de sonido atravesando atmósferas inconfundibles; a veces la furia, a veces la calma, la densidad. El poder de la música instrumental. Melodías que hablan y se contestan, se "cierran" casi siempre. A veces con la esencia de la música barroca y otras con el romanticismo más pasional, sus melodías te pueden atravesar. Atravesaron parte de mi infancia y adolescencia de una manera diferente. Me invitaron siempre al sueño. A la evasión onírica.

Amarok es un diamante enterrado en la música popular del siglo XX, un gran saco de sueños. Uno de los discos que más me gustan y que recomiendo a todxs.


No apto para orejas de trapo.

Mike Oldfield - Amarok
(completo)



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