1/3/11

Dentro del tubo (Amarok y otros resortes)


Sondela uSomandla sukuma wena obengezela


En 1990 Mike Oldfield había consumido toda la paciencia que un contrato discográfico firmado con urgencia y juventud puede permitir. El propietario de Virgin Records, el por entonces multimillonario Richard Branson (un pequeño comerciante oportunista que se cebó con la suerte comercial de Tubular Bells) le exigía con insistencia la elaboración de música insustancial para las radioformulas y la promoción desmesurada que tanto embadurnaron la música popular de los años 80. Oldfield no se mostró nunca muy de acuerdo con esto.

Durante la década de los 80 sus obras estaban flaqueando si las comparamos con sus trabajos del decenio anterior. Podríamos decir incluso que su producción estuvo sufriendo, desde la llegada de los 80, una especie de des-evolución creativa. Aunque, es preciso citar ciertas excepciones: dentro de obras ochenteras podemos salvar fragmentos y también piezas enteras de entre los álbumes.

De Five Miles Out (1982) quizá excluiría precisamente las canciones pop Family man (que no deja de ser un pop-adulto, una especie de "A.O.P", efectivo hoy en emisoras comerciales de mediopelo) o el single homónimo, con el que cierra el disco. Pero podemos salvar, decididamente, temas casi por completo instrumentales bastante suculentos para viajar y soñar. Estos son, por ejemplo Taurus II, una de las mejores piezas instrumentales de Oldfield, de unos 24 minutos sin interrupción, en la que asistimos a experimentos musicales que determinan los movimientos estilísticos con los que atravesaría la década de los 80. Coqueteando con lo sinfónico, el folk, lo celta, el rock (con unos power chords al principio y al final bastante definitorios), y experimentos con la tecnología de la época. También rescato, sin dudarlo, Orabidoo, con un inicio delicioso de xilófono y guitarra acústica arpegiando acompañamiento, a modo de nana, no exenta de cierta ternura entrañable que luego se transforma en rock ecléctico con percusiones, rock sinfónico y sintetizadores. Al final de Orabidoo hay también un tema con letra, cantado por Maggie Reilly, en el que me mecí tantas veces en la infancia y que, con toda probabilidad, de forma latente cruzó mi inconsciente en la adolescencia. Es una nana en forma de folk británico dedicada a Ireland's Eye, una pequeña isla deshabitada, cercana al condado de Dublín, en Irlanda. A Oldfield siempre le han gustado las Islas y las vistas aéreas. Tras Orabidoo también salvo Mount teide, otra pieza instrumental, con un sabor más salvaje, dedicada al monte Teide en Tenerife.

Mike Oldfield - Orabidoo



De Crises (1983) podemos salvar, con sus más y sus menos (y sin entrar siquiera en valoraciones de Moonlight shadow, porque la he agotado lo suficiente y apenas queda el solo de guitarra a lo Knopfler como sustancia aprovechable), salvo fragmentos del tema homónimo Crises, una pieza casi enteramente instrumental cargada de momentos afortunados y desafortunados casi a partes iguales, pero de algún modo rescatables, que me sobreviven al paso del tiempo, especialmente la semi-canción The watcher and the tower. La breve instrumentación líquida de Taurus III, con una guitarra clásica deslizándose entre leves percusiones y agitaciones de acompañamiento, teñida de cierto color ibérico. O, siendo más generoso, la ciencia ficción de In high places, con la voz de John Anderson (Vangelis, Yes).

De Discovery (1984) podemos salvar -o salvo yo- The Lake, otra pieza instrumental, de unos 12 minutos, en la que Oldfield desgrana y engrana una amalgama de ideas y sonidos variopintos procedentes de numerosas influencias en un permanente rock con movimientos seudo-sinfónicos. No a la altura de otras piezas con la misma significación conceptual para con los discos (Taurus II, Wind Chimes), pero lo suficientemente original para salvarla.

The Killing Fields OST (1984), banda sonora de la película Los gritos del silencio, creo que sería más correspondiente citarlo en un post con un contexto cinéfilo, más bien como banda sonora.

De Islands (1987), salvar el tema principal The wind chimes. A pesar de que las percusiones y tintes bochornosos propiamente ochenteros hacen méritos para desfavorecerla, también contiene bastantes momentos de lucidez melódica y placidez onírica. Con experimentos todavía originales en su trayectoria.

Tengo que decir que no me quedaría del todo tranquilo despachando los temas pop de los ochenta tan fríamente. He de reconocer que a título personal, más subjetivamente, (si podemos realmente establecer grados de objetividad cuando hablamos de música) guardo especial cariño también a ciertas canciones de este período porque crecí con ellas; en Discovery por ejemplo Saved by a bell y el tema homónimo de Five Miles Out.

De Earth Moving (1989) no salvo nada, excepto la simpatía en la colaboración de Adrian Belew [blank a una entrada de este blog] en el tema Holy.

Pero aquí es cuando me detengo, detengo este fugaz repaso cronológico, porque enfrento la que posiblemente sea la mejor obra de Mike Oldfield y una de las gemas instrumentales más brillantes del siglo XX, a pesar de pasar soterrada y desapercibida: Amarok (1990).

¿Quieres sopa? ¡Toma dos tazas!

Recuerdo un breve documental de los años 70, en el que aparecía Richard Branson hablando sobre Oldfield y su obra; muy orgulloso, mostrándolo como su músico más preciado y talentoso en Virgin; claro, daba muchos millones con sus obras instrumentales por entonces (Tubular Bells, Hergest Ridge, Ommadawn) pero a finales de los 80 las cosas habían cambiado y Branson no es un artista, es un comerciante; él quiere productos que se vendan bien, no quiere obras de arte.

Como decía al principio, tras Earth Moving, la paciencia de Oldfield creando A.O.P comercial y omitiendo su verdadera vocación de músico ecléctico y experimental se estaba agotando.

Tal fue la poca guita que le quedaba con la presión de Branson y el asunto del contrato discográfico (restaban un par de años para terminarlo), que pensó que tenía que vengarse. Esta etapa coincidió con una permanente inspiración fragmentaria. Compuso una cantidad innumerable de piezas cortas, fragmentos instrumentales de lo más originales y algunos cargados de belleza, que no sabía muy bien qué hacer con ellos. Al parecer los iba grabando día tras día en el estudio y probando amplia suerte de instrumentos para conseguir el efecto deseado en cada caso. Así fue naciendo Amarok. Entre ira e inspiración. Entre la frustración discográfica, (la aversión hacia Branson), y la necesidad creativa de un artista adulto y temporalmente inspirado.

No deja de ser curioso, que, cuando menos sorpresas parecía que podía dar este músico, cuando más arruinada parecía su inspiración, ¡cuando menos se esperaba!, gestara esta obra monumental de 1 hora de duración, sin interrupción, en la que puso todo lo que tenía. Además de su tozudez taurina (que de una manera u otra está en todos sus discos, sobre todo cuando quiere "sinfonizar" y también tocando la guitarra), la pieza contiene su ira, su inconformismo, su permamente claustrofobia, sus escapadas de la realidad, su punto de fuga; una gran paleta de colores musicales y muchos sueños. Hay de todo. 60 minutos de melodías, ambientes, sonidos, ruidos, solos, estilos variados, experimentos de toda clase, infinidad de matices con instrumentos extraños y difíciles de reconocer. Todo ocurre sobre un permanente minimalismo bastante curioso, apenas encontramos baterías en la obra, pero sí abundantes percusiones, u objetos que hacen percusión, tambores etc.

Oldfield aprovechó esta obra para introducir todo tipo de experimentos, desafió las exigencias de Branson de una manera bastante notable. Aunque en esto mismo está también lo único que no me gusta de este disco; es poca cosa, apenas unas cuantas intervenciones que duran segundos, pero no me gustan; es más, me suelen molestar. Ciertos sonidos insertados, voces, teclados que aparecen repentinamente o ruidos de guitarra eléctrica, que suenan muy por encima del volumen del master de la obra; son bastante molestos, sobre todo en los primeros 5 minutos. Deben estar insertados así a propósito, a modo de invectiva sonora contra Branson; puede que Oldfield, pensando en el momento en que Branson escucharía el disco, insertara estos espasmódicos sonidos para que el jefazo se llevara algunos sustos; pero me parece altamente egoísta (aunque no es de extrañar tratándose de él) hacer este tipo de estropicios de cara a los que hemos comprado sus discos y de cara a la integridad de la obra. Esos pequeños gestos antiestéticos dejan mucho que desear y me resultan bastante contradictorios. Entiendo que no eran necesarios, con la obra en sí y el mensaje en Morse es más que suficiente.

El disco se desmarca con mucho de sus obras anteriores, y apunta más, por su esencia, a las obras épicas; supongo que, cuando este disco apareció, muchos fans se alegrarían mucho y volverían a confiar en su música tras los sobrevividos 80. Yo todavía no conocía su obra.

Una de las características más notables y sorprendentes de este álbum es su resistencia al paso del tiempo. La música que hay en esos 60 minutos y 2 segundos está totalmente fuera de modas musicales de estilo (al contrario que muchas cosas suyas de los 80). La pieza en sí misma parece haberse gestado en otra dimensión musical paralela a su propia obra, aunque se valga de sus habituales herramientas estilísticas, su forma de tocar, y, en cierto modo, aunque sea difícil de ver, guarde una relación con sus primeras obras en la estructura. Amarok es la obra más viva y dinámica de Mike Oldfield. Compuesta por decenas de fragmentos pequeños y cientos de efectos, sonidos, voces... una infinidad de matices que hacen que el disco crezca con cada escucha. Es un lago profundo en el que perderse. Es uno de esos discos que yo llamo "discos habitables", porque se puede vivir en ellos, te permiten soñar, surcar vías, evadirte, perderte en un cosmos de sonidos.


1992

Es un disco anticomercial, desde luego no concebido para el mundo en que vivimos, no se puede vender como producto de masas desde ningún prisma comercial porque no sirve para el homo-sapiens de hoy: un ser que no conserva la mínima capacidad de atención y concentración, un ser sumido en la velocidad, en la inmediatez, un ser que ha dejado casi de vivir. Con Amarok hay que detenerse, escuchar, vivir una hora de viaje interior. Esto es exigirle mucho al ser humano de hoy, por más que pese, en cierto sentido, comprobarlo.

Tampoco es comercial porque no es radiable. En su momento (1990) los medios de promoción musical seguían siendo la radio y el formato video-clip para la tv. Pero ¿Cómo hacer un videoclip con tal amalgama de fragmentos, tan breves y diferentes entre sí? ¿Cómo sacar un single radiofónico de este disco? Difícil. Aunque, por supuesto, lo hicieron. Si no en la época de lanzamiento (no lo sé) al menos sí aparece un fragmento en las recopilaciones. En Elements (1993), por ejemplo. Un fragmento extraído de una parte cercana al final de la obra, compuesto mayoritariamente de percusiones y voces.

Es un disco que no suele calar demasiado en las primeras escuchas, especialmente si no se es un poco melómano. El propio Mike advertía en la contraportada del disco:

"Advertencia de escucha: esta grabación puede ser peligrosa para la salud de los mentecatos 'oreja de trapo'.

(refiriéndose a Branson)

Pero a medida que se adentra uno en él, va construyendo y de-construyendo mundos y micromundos. Mundos invisibles, o sin forma, confeccionados en las sensaciones y el inconsciente. Tiene el poder suficiente para colarse dentro de nosotros y auscultar nuestro interior. Ofrecernos sueños en abstracción y abs-traernos.

Desde pequeño lo he interiorizado, quizá por eso apenas puedo ser objetivo con él, y con parte de la obra de Oldfield. Lo mío con este disco es onirismo. Desde el minuto 5:35 más o menos, en adelante, es un disco muy especial para mí. Lleno de melodías muy características de este multiinstrumentista británico. Cerradas. Melodías que tienen una esencia infantil, aunque se revistan de blues de salón en ocasiones. Melodías que suenan a ciencia ficción en sí mismas. A planetas, asteroides, naves; grandes espacios vacíos, vistas aéreas de superficies de mundos invictos. Es un disco para soñar, con esa subjetiva acepción de la ciencia ficción. No es de extrañar que la música de Oldfield guste tanto a los científicos.

Para la grabación de este disco se valió de una ayuda muy concreta, en principio reclutó nuevamente a Bridget St John (que ya había trabajado con él en los años 70) para cantar. Las voces en esta pieza de piezas no creo que puedan ser más idóneas. También reclutó a un grupo de músicos africanos, dirigidos por Julian Bahula, para interpretar ciertas partes del disco. Tom Newman se encargó de la producción. Utilizó muchas técnicas de estudio para la elaboración de este disco, y mucha música inspirada.


La estatua dorada

Hace mucho tiempo, en un lugar que podría haber sido Irlanda (y que podría haber estado en África o Madagascar) ocurrieron una serie de inusuales acontecimientos.

Dos buenos amigos oyeron hablar de una gran estatua dorada que se hallaba de pie en el interior de un gran agujero en la tierra, cerca de su aldea. Como eran gente sencilla, el rumor se extendió rapidamente. Algunos decían que no era una estatua, pero tampoco un hombre. Una cosa estaba clara: nunca se movió. Pero también se decía que producía ruidos, un sonido, o varios sonidos de vez en cuando. La gente decía que a veces también emitía todos esos sonidos a la vez. Los hombres idearon un plan para ir a visitarlo y partieron una mañana temprano.

Caminaron despacio:

- ¿Te sientes tan cansado como yo? -dijo el primer hombre-.
- Me he sentido mejor -dijo el otro-. Pero debemos continuar.

Tras muchas horas, el primer hombre se paró en el camino, oteando en la distancia.

-Lo veo -dijo tranquilo-.
- ¿Qué ves?
- Veo un resplandor dorado maravilloso, un gran haz de luz...

A pesar del cansancio, aceleraron su paso. Pero cuanto más rápido andaban, la distancia entre ellos y lo que habían llamado "la gran luz dorada" seguía pareciendo la misma. Después de un rato pararon. Estaban muy frustrados. El más tranquilo de los dos dijo: nunca llegaremos

- Si regresamos, llegaremos -dijo su amigo-.
El otro le miró.
- ¿Por qué piensas eso?

Sin contestarle, el otro se volvió y empezó a andar de regreso por el camino por el que habían llegado. Ante la sorpresa del otro y después de un rato, la luz comenzó a ser visible para él también y cuanto más andaban, más lo veían. Pronto, todo el campo a su alrededor empezó a parecer como si hubiera un gran incendio. Los árboles ennegrecidos se troncharon sobre el suelo, y la pradera estaba abrasada y árida. Se sintieron inquietos, pero continuaron.
Bastante seguros, llegaron a un imponente agujero chamuscado. Parecía como si una gran roca hubiera llegado desde los cielos.

- Qué desastre... -dijo el primer hombre- echémos un vistazo
- Ve tú - dijo cauteloso su compañero- dime lo que veas.

Se acercó hasta el borde del gran agujero y colgándose de un árbol seco pero firme, miró escudriñando hacia abajo.

En el gran agujero de la Tierra estaba la figura más grande que jamás había visto. Era de un acabado en oro precioso, completamente lisa. No era una estatua, pero tampoco un hombre. Nunca había visto algo como aquello, y no podía apartar la mirada.

Hemos llegado demasiado lejos -se dijo a sí mismo- escucho que tiene voces que hablan sobre cosas de las que no podemos hablar.

Miró alrededor, y allí estaba su amigo justo detrás de él, mirando al cráter. Dijo: he oído que cuando alguien escucha su voz, permanece en los oídos, no puede librarse de ella. Tiene diferentes voces: algunas felices, pero otras tristes. Causan un estruendo como un balón, murmullos como un niño, golpes como brazos resplandecientes de un millón de percusionistas, crujidos como el agua en un vaso, cantos como una amante y lamentos como un sacerdote.

-Sólo le he escuchado decir una palabra -dijo el otro.
Su amigo le miró:
- Dije que depende de cómo escuches.
- ¿Qué quieres decir?
- Imagina una criatura con una melodía por voz. Puedes escucharla o no.
- No entiendo -dijo el otro-.
- Se describe a sí mismo pero no puede verlo; cuando él lo ve, no puede describirlo. Pero el sonido siempre está, siempre hará el sonido.

Se sintió tranquilo. Pasó un rato. El segundo hombre se giró hacia el primero.

- No parece que vayamos a escucharlo, ¿verdad?
- Lo he oído.

Su amigo le miró con mucha atención.

- Pero no hay ningún sonido. Ninguno. ¿De qué estás hablando?
- Anímate oreja de trapo -dijo- tan sólo es un cuento de hadas, ¿no es verdad?

William Murray



Este pequeño cuento, escrito por el diseñador gráfico del disco, aparece en el libreto de las primeras ediciones de Amarok. Virgin eliminó el relato en las siguientes ediciones, las que se venden hoy (disculpad la baja calidad literaria del cuento, no encontré la versión original, así que no es una traducción, sino una modificación de una traducción que encontré en internet).

Oldfield también contó, para una parte importante de la obra (al final) con la actriz y comediante escocesa Janet Brown, quien se hizo muy popular en el reino unido en los años 80 por su imitación de la voz de Margaret Thatcher. Oldfield se valió de esa cualidad para que leyera un texto que es una carta optimista de despedida.

En el minuto 54:24 podemos oír la pieza, que está compuesta por percursiones tribales, y en la que al poco tiempo, aparece la voz de Margaret Thatcher (Janet Brown), pronunciando este discurso:

Hello everyone. I suppose you think that nothing much is happening at the moment. Ah-ha-ha-ha-ha. Well, that's what I want to talk to you all about; endings. Now, endings normally happen at the end. But as we all know, endings are just beginnings. You know, once these things really get started, it's jolly hard to stop them again. However, as we have all come this far, I think, under the circumstances the best solution is that we all just keep going. Let's keep this going in sight, never an ending. Let's remember that this world wants fresh beginnings. I feel here, in this country, and throughout the world, we are crying out for beginnings, beginnings. We never want to hear this word "endings". I know we all want to sit down. I know you want to take it easy. Of course we're looking for the good. Of course we're looking for the fresh start. [...] Isn't that charming. too-te-loo I'm really feel I could dance. Ah-ha-ha.

Hola a todos. Supongo que estaréis pensando que de momento no sucede nada. Ah-ha-ha-ha-ha. Bien, de eso quiero hablaros: de los finales. Los finales suceden normalemnte al final. Pero como todos sabemos, los finales son también principios. Sabeis, una vez que estas cosas empiezan, es realmente dificil detenerlas de nuevo. Sin embargo ya que hemos llegado tan lejos, pienso que, bajo tales circunstancias, la mejor solución es que sigamos adelante. Que igamos en busca de este objetivo: nunca terminar. Siento como aquí, en este país y por todo el mundo están pidiendo a gritos comienzos, comienzos. No queremos volver a oír esa palabra "finales". Sé que todos queremos sentarnos; que todos queremos tomarlo con calma. Por supuesto que todos estamos buscando lo mejor. Por supuesto que estamos buscano un buen comienzo. ¿No es fascinante?. [...] ¿Sabes? realmente siento que podría bailar. Ah-ha-ha-ha-ha. [...] (baile) Ah-ha-ha-ha-ha... encantador... ha-ha-ha.

Este texto expresa claramente, con atinada ironía, las intenciones de Branson y sobre todo las suyas.

A lo largo de la obra, podemos escuchar en numerosas ocasiones unos cantos que entonan la frase "Sondela uSomandla sukuma wena obengezela", frase en Xhosa, lengua sudafricana, que significa algo así como "Acércate/el Todopoderoso/muéstrate/el que brilla" ("Ven a nosotros Dios, tú que brillas y levántate para que podamos verte los mortales")

La cantidad de instrumentos de los que se vale para experimentar al máximo y crear una obra musical de tal magnitud es sorprendente, decenas; y numerosos efectos de sonido, grabaciones de acciones cotidianas; podemos oír un rascado de barba, un lavado de dientes, aspiradoras, teléfonos, zapatos (bailando), voces invertidas, ecos etc. También hay un curioso mensaje a Richard Branson en código morse, que se puede oír en el minuto 48, que comunica: "Fuck off RB" (jódete R.B). Y por supuesto múcha guitarra eléctrica. Para mí Mike Oldfield ha sido siempre guitarrista por encima de todo. Del que he aprendido mucho más de lo que puedo saber. Curiosamente, debido, supongo, al poderoso arquetipo de la imágen de Mike Oldfield en la cultura popular, no está tan valorado como guitarrista por los profanos. Sin embargo, es ahí donde más hay que mirar. Ha llegado a enhebrar preciosos solos de guitarra, muy poderosos, y también muy sutiles, que no todo el mundo se ha parado a escuchar. Pero se puede disfrutar muchísimo. Me gustan sus solos con carácter heroico, o los lentos y densos que oscilan como ondas. Uno de mis guitarristas preferidos. Lo que pasa es que hay que buscar. Hay que tomarse el trabajo de buscar en su obra para encontrar las cosas que hay de mucho valor. No suelen ser las más famosas. Por ejemplo, en Tubular Bells II (1992) hay un tema instrumental, al final del disco, que se llama Maya Gold, que tiene uno de los solos de guitarra eléctrica que más me gustan.

Es uno de los guitarristas que más me han enseñado y que más me han emocionado. Sus melodías sinfónicas, esas líneas de sonido atravesando atmósferas inconfundibles; a veces la furia, a veces la calma, la densidad. El poder de la música instrumental. Melodías que hablan y se contestan, se "cierran" casi siempre. A veces con la esencia de la música barroca y otras con el romanticismo más pasional, sus melodías te pueden atravesar. Atravesaron parte de mi infancia y adolescencia de una manera diferente. Me invitaron siempre al sueño. A la evasión onírica.

Amarok es un diamante enterrado en la música popular del siglo XX, un gran saco de sueños. Uno de los discos que más me gustan y que recomiendo a todxs.


No apto para orejas de trapo.

Mike Oldfield - Amarok
(completo)



Más información aquí y aquí

Mike Oldfield - Amarok (1990) en Spotify

¿No tienes Spotify? Descárgalo aquí

13 comentarios:

Anónimo

muy buena reseña,pero se te ha olvidado mencionar al bueno de paddy moloney que sale tocando el tin whistle en el disco ;-)

Gonsthard Billiard

Un artículo buenísimo... super completo. Además escrito con pasión, que hace que se disfrute mucho más... no sabía lo de la Tatcher...muy curioso, siempre se aprende algo nuevo sobre el Tito!

Tim

Gonsthard Billiard

Muy buen artículo! Hace una visión general de un disco difícil de etiquetar, y clarifica muchas cosas... Yo también comparto la pasión por este ALBUM. Además... no sabía lo de la Tatcher... así que gracias! siempre se aprende algo nuevo!!! jajajaja

Tim

Aphisme

Buena sorpresa me he llevado al encontrarme esta entrada. Me ha emocionado. El único disco que todavía escucho de MO. Lleno, como dices, de momentos interesantes y que no se agotan nunca. Gracias por la informacion, no sabia muchas cosas que has comentado.
Lo escucho ya de paso.

saludos

Anónimo

Una reseña muy completa ahab, aunque coincido con el comentario de antes, no has mencionado a Paddy Moloney.

Gracias por esta entrada amplia sobre el tío Oldfield. Hacía mucho que no escuchaba sus discos y sus canciones, muchos recuerdos.

P. Galvez

PeterPan

Discazo total!. Tus reseñas de oldfield son de las mejores que he leido. La que escribiste sobre Hergest ridge también estuvo muy bien.

Gracias por compartir buena musica

Anónimo

Todos los amdmiradores que somos muchos de MO amamos este disco. Con el paso de los años otros discos nos van gustando menos, pero este es magnifico. recomendable para todos los grandes melomanos.

un saludo

Ahab

Anónimo:

olvidé mecionar a Moloney, cierto. Lapsus mientras escribía.

gracias

Ahab

Tim:

gracias por pasarte y comentar con tu entusiasmo característico.

Lo de thatcher no deja de ser curioso sí. Oldfield ha tenido ciertas ideas originales, no se puede negar.

Saludos!

Ahab

Aphisme:

contento por haberte emocionado con la entrada. Y sí, a mi me pasa parecido, es uno de los pocos discos de Oldfield que puedo escuchar y disfrutarlo completo.

gracias

Ahab

P. Galvez:

a veces es sano y puede ser muy enriquecedor, dejar pasar cierto tiempo entre nuestro interior y ciertas obras de la música popular; porque las interiorizamos mucho, es bueno apartarse de ellas, para luego, tras un tiempo considerable, disfrutarlas de nuevo, volver atrás con las huellas como guía y vivir recuerdos, imágenes o abastracciones. Suelo hacerlo con algunos discos de Mike Oldfield.

Espero que hayas disfrutado la escucha.

gracias

Ahab

PeterPan:

gracias. Bueno, escribo normalmente sobre cosas que me gustan, aliñando la subjetivodad y la imagianción. Con las obras de Oldfield que he reseñado, como bien dices, Hergest Ridge y Amarok me situado en esa tesitura emocio-intelectual.

saludos

Ahab

Anonimo:

es cierto que algunos discos no se agotan nunca del todo, siempre les quedan "resortes" (como digo en el título de la entrada) para seguir disfrutando. Y otros se mantienen al completo o casi casi, como Amarok.

gracias