23/5/11

Un sueño II


Tunnel Trees


... pero ojo -dije-, controlar el miedo no significa despreocuparse, no significa insensibilizarse; no significa avanzar desde el impulso puro o la ceguera; no significa abolir la atención al temblor del otro, no significa velar la timidez; no significa enterrar el pudor, la verg
üenza o la indignación; no significa alimentar la soberbia de yo, no.


Controlar, o abolir el miedo, significa derribarse las efigies, quebrantar la tradición etnocéntrica; soltarse, liberarse; significa que el corazón al latir re-tumbe a todo el cuerpo; significa descreer de las eternas certezas inconscientes; significa arrancar, con lo blando de tus dedos, los clavos y el oro de todas las iglesias y palacios; significa reconstruirse, desdoblarse de sí; saber que se es murmullo, hoja, hierba pequeña o rizoma; significa partir en busca de, y dejarse ser eso en busca de: avanzar en el vértigo; henderse en la tierra o mar en la mano silencio.

Cayendo.


ser
humano
quebrar
el acero

con el alma.


17/5/11

Salto de conciencia




Salto de conciencia
Daniel Díaz Godoy



Hoy traigo una pintura al árbol. Una obra de un joven amigo y pintor. La impresión que causa este scan de una fotografía se aleja considerablemente de la que proporciona la pintura real, vibrando ante uno, imponiendo su presencia, su hueco en el tiempo. Aun así, se puede apreciar la capacidad de Dani para transmitir a través de la pintura. Ese algo que subyace, que no se aprende ni se explica.

Hace poco fue publicada en una bitácora educativa. En los comentarios, que debían tratar sobre la "lectura" del cuadro, dejé esta opinión:


Primero fue la desnudez-burbuja. Luego el verbo.

Al mundo venimos desnudos, venimos sin piel, y venimos en burbujas permeables. Nos arrastramos a gatas saboreando el mundo en su plenitud, manipulamos objetos grandes, muy grandes -¡qué grandes eran entonces, infinitos!- recorremos esquinas, vivimos aventuras debajo de las sillas -tanteando el vértigo-, vagamos durante años en la densidad de la vida -la verdadera vida. Hasta que nos enseñan a trajearnos. Hasta que nos atan las alas. Hasta que nos cuelgan la maleta y nos dicen para qué hemos venido.

Nos arrancan de la vida y nos matan al niño.

A partir de ahí empieza el cuadro de Dani. Es una denuncia sinuosa y una propuesta de salvación irrebatible. Occidente es una gran lengua de niños muertos. Sólo algunos (que podrían ser muchos más), se despojan, después de todo, del lastre perpetuo de los prejuicios, de la mierda aberrante con la que nos pintan el alma, enterrándola casi por completo. Y al despojarnos, leemos con el corazón, reímos con el corazón, amamos y volcamos nuestra savia combativa, allá donde esté la mugre instalada, abolimos la herrumbre, allá donde viven los gusanos. La pequeña lucha entrañada del alma que ha visto, y sangra.

La lectura no es lectura si no la hace un corazón. Un corazón vivo. Sístole y diástole en libertad sensitiva. Así crecemos. Así crecemos en la burbuja y ascendemos, ascendemos hacia abajo y hacia adentro, hacia el estar-siendo, hacia lo que somos.

Para muchos de nosotros, la escritura, la poesía, la pintura o la música, suponen el vehículo transgresor de la fe, desde el origen de los tiempos, una fe imbatible que a todos nos crece en lo hondo, y que nos ha sido arrebatada. ¿Dónde depositar la fe animal inquebrantable que traemos junto a nuestra voluntad viviente?

El sistema de mercado ha abolido a los dioses. Descreemos de todo, y dudamos de nuestra fé. La condición social de nuestra especie nos impulsa como individuos comunitarios -necesitamos al otro y del otro-, pero se impone otra necesidad: la burbuja. La burbuja del cuadro de Dani es la concha del caracol. Es nuestra casa, una casa-vacío donde morar nuestra inquietud y nuestro dolor. Una burbuja permeable (nuestro interior) que deja paso a los que vienen con los ojos sumidos en el temblor, a los hijos de la post-religiosidad que han venido a cultivar la compasión. El arte es el único reducto de fe y de exploración verdaderamente valiosa, que hay que conservar y cultivar como a un perro pequeño, porque es sensible, porque está desamparado, porque busca siempre unos brazos, una psique donde dormirse.

Duermo en el cuadro de Dani. Y le mando un abrazo animalesco y un gruñido cariñoso.

No dejes de pintar.

9/5/11

Una gota de antídoto




Llevaron al diablo a urgencias y lo mantuvieron toda la noche en observación. En la sala de espera, languidecían espectros, proyectos de ser humano ensimismado, caído en el mí. Cada enfermo le rezaba a su dolor, murmurando su laboriosa desesperación.

El diablo, exultante por el delirio, presa de alucinaciones, sintió ese dolor reconcentrado, esas plegarias susurradas, como el crimen más abominable cometido hacia los seres: quiso redimirlos, quiso cargar sobre sus hombros el dolor universal. Para ello ejecutó una desmayada danza ritual y practicó un exorcismo, invocando antiquísimas deidades curativas y salvíficas. Después, recorrió la hilera de penitentes besándolos a todos y alentándolos a la salud. A una anciana la besó en una pierna que iba a ser amputada –más tarde supo que la conservaría.

Sobre las cuatro de la mañana le llegó el turno a los enfermeros. Era el momento de desenmascararlos. ¡Ilusos! Creían salvar almas y sólo remendaban armazones. Se empecinaban en la redención y apenas acertaban a rehabilitar cadáveres.

El diablo les dijo:

¡Curad el alma del hombre, condenada a envilecerse en el estiércol de los días!

¡Contribuid a un auto de fe cósmico!

¡Inmolad las taras del Espíritu!

¡Practicad una cirugía de la conciencia!

¡Extirpad el tumor inmemorial del tedio!

¡Despertad al ángel dormido en lo antiguo de la sangre!

(Era claro que había empachado sus insomnios con Nietzsche, Eckhart y León Bloy, y que no había entendido nada.)

Los enfermeros lo oyeron absortos. Extáticos ante la emergencia del singular discurso. La mayoría enmudeció. Paralizados por esa fe coagulada, brutal, digresiva. Paralizados por las verdades que perfilaban esos confusos anatemas. Alguien se sonó los mocos. Una enfermera lloraba.

El diablo se irguió y continuó su solitaria conquista.

Escaló Himalayas.

Vio imágenes inmundas.

Vio ciudades de espanto y cielos bíblicos.

Vio rostros que en la vigilia aboliría indiferente.

Se sumió en un maëlstrom de aniquilación.

Volcó, torrencialmente, sus gestos en un único estertor.


Cuando la ceniza se esparció por las baldosas, la señora de la limpieza pasó el cepillo, resignada.

A.F.R

1/5/11

Starless





A todos nos pasa. Hay canciones que jamás dejan de recorrernos por dentro tan poderosamente como las primeras veces que las vivíamos. Me consta que es así. Aunque no a todos nos pasa con las mismas canciones; es natural, cada uno tiene su psique y su naturaleza, cada cuerpo vibra de un modo, cada uno "suena" de una manera. Cualesquiera que sean estas canciones o piezas (suelen ser obras muy poderosas) albergan algo in essentia que nos recorre por dentro y nos desencaja la última de las células. Cada escucha es una nueva odisea sensitiva, caminar por-entre ella, dejarse caer en espiral -caída de vigilia- al fondo-vacío. Ser eco y vibrar con ese estar sucediendo.

Algunas de estas canciones ya las he compartido en el árbol, canciones de Bárbara, Nick Drake, Pink Floyd, Radiohead, o piezas de Debussy, Chopin o Bach, entre otros.

Hoy quiero volver a King Crimson (hablé de ellos aquí y aquí) para traer una de las mejores canciones que se han escrito, Starless.

Desde que la conocí, a finales de los años 90, en paseos de crepúsculo, escuchándola en el Walkman, ha ido progresivamente haciéndose hueco en mi lista de canciones preferidas de todos los tiempos. Es una pieza musical increíble que combina algunas vertientes del rock avant garde emergente de los años 70, llevándolo a un lugar insospechado, misterioso, desorbitadamente melancólico y épico.

En esta pieza King Crimson nos coloca en un vértice sensitivo, visual y sonoro, al que ni siquiera Pink Floyd habían accedido. Y por supuesto ninguna otra banda hasta entonces, y quizá hasta hoy. Este "terreno" de experimentación que refiero es una vasta tierra de nadie, o de pocos. Un viaje que incluye una parada muy importante al fondo de la demencia. En ella bien podían habitar árboles secos, alzando oscuras ramas interminables, caminos ondulados sin destino aparente, rocas ensombrecidas... Pero igual conviven en ella lo sensitivo sin imagen, una nostalgia y tristeza señaladas, y cierta esperanza sinuosa.

Es también, en un principio, una habitación llena de dulces tristezas que más tarde será un universo forjado de asperezas y objetos abstractos. Y también será cerebro, tensión, frenesí, fuerza, fantasía neuronal. Esta canción tiene todo lo que se puede esperar y más. Crece con los años. Se instala dentro de nosotros, teje su nido en el inconsciente. Nos cuenta, con sonidos, la estructura psíquica de algo, de alguien, tal vez el espejo de nuestra psique misma, nuestra arquitectura interior. Nos tantea el alma como casi ninguna otra pieza musical, de una forma muy particular. Un poder inaudito que confiere a Starless atributos que la separan de cualquier otra canción de otra agrupación o artista, incluso dentro de la obra misma de King Crimson, tiene su propio espacio individual.

Arranca en un lento caminar, depresivo, casi moribundo, y pronto aparece esa singular melodía de guitarra eléctrica y esa atmósfera de melotrón. A lo largo de la canción los instrumentos de viento la irán transformando, armonizando y decorando. El leitmotiv es esa melodía de guitarra absolutamente atemporal que ensarta la resistencia más hábil. Es una canción muy poderosa, que atraviesa todo, no podríamos resistirnos a su fuerza una vez la hayamos dejado entrar en nosotros.


King Crimson - Starless

Sundown, dazzling day,

Go through my eyes.
But my eyes turn within,
Only see,
Starless and bible black.

Old friend charity,
Cruel, twisted smile.
And the smile signals emptiness,
For me.
Starless and bible black.

Ice blue, silver sky,
Fades into gray.
To a grey hole,
That amends to be,
Starless and bible black


Si conoces esta canción de hace tiempo seguramente estarás de acuerdo conmigo en su extraordinario poder. Si no, no dudes en abandonarte a ella. Cáete, sin miedo, al fondo hay almohadones, nubes y cúpulas de algodón.

Starless te convencerá, serás su aliado; al final, ganaréis juntos una extraña batalla que tuvo lugar en un desconocido otrora, quizá en el origen de los tiempos.