18/10/11

Un sueño IV: dualidades



K y P se encontraron en las orillas de un río. Sin conocerse y sin hablar, dijeron:

K:

- Cada cierto tiempo me urge la necesidad de cambiar aspectos relevantes de mi vida. En ocasiones acometo cambios radicales que parecen dotar a la vida de aventura, de sentido. Creo que de este modo estoy más en la intensidad de vivir. Cambiar de amistades o alternarlas, cambiar de trabajo, de vivienda o de ciudad. Así me siento más vivo y más completo. Más seguro de evadir la muerte o el pensamiento insoportable de aquello último e inevitable, el lugar incierto al que estamos abocados. Me paseo por las emociones vitales sin conocerlas nunca, cayendo una y otra vez en el mismo pozo, tropezando con los mismos errores. Llamo a esto vivir. Llamo a esto ser humano. Cambiar, actuar, decepcionar, mentir, probar el veneno gozoso, perderme de hilo en hilo, sentir la lengua áspera de la traición: 'amar', 'odiar', por igual, asumiendo lo que soy entre las imágenes, humano, ecléctico, imprevisible. Rondar en los días la doblez de mi conciencia y hallar después el perdón. Así parezco escapar del vértigo último. No sé si para siempre. No lo cuestiono. No contaré mis días. Viviré. Viviré colocando riquezas en la miseria del espíritu. Pondré antifaz en cada ojo que se acerque. Seré liebre que escapa veloz entre la multitud, con incierto destino, no sé hasta dónde, no sé hacia dónde.

P:

- Entre la incontable pila de ilusiones que han venido y han ido a lo largo de mi existencia consciente, hay una cuyo propósito permanece con una mayor firmeza que las demás: el deseo de vivir en una cotidianeidad práctica. Puede parecer paradójico, a muchos les parecería aburrido, pero mi mayor deseo es alcanzar una vida práctica en lo estático. Una vida sin hora(s)rio. La vida práctica, cotidiana y social, como un lienzo sobre el que se fuese trazando la pintura de mi verdadera vida; la vida de mi pensamiento, la vida de sentir-se sin ataduras ni convenciones sociales, obligaciones cotidianas casi siempre banales o que ocultan la única naturaleza de lo social: las máscaras. Es un inalcanzable sueño que no obstante persigo con la única esperanza de acercarme, habitar el casi. Una vida limpia de adversidades etiquetables, archivadas en lo posible, post-románticas (románticas al fin y al cabo): calcinadas. Sin sorpresas, sin atracos al sentimiento, sin incertidumbres socio-sentimentales. Sin asperezas. Quiero el infinito ese que sólo está dentro. Viajar y cambiar de lugar nunca me ha reportado más que la sensación de intentar huir de no-yo, y el 'disfrute estético' de aquel o este sitio más o menos encantador. Pero deseo la quietud; ser y estar en la paz y la templanza inabarcables de las que sé que estoy hecho y provengo. Ser agua de un lago perdido y lejano, donde van a beber los pájaros y se fortalecen las algas y los musgos. Estático pero vibrante. Densidad, placidez de árbol, ternura. Hallar la paz en la humedad de las noches. Ese es mi deseo mayor. El único inevitable, el más imposible. Lo que dice salvarse entre los desfiladeros del sueño.

10 comentarios:

PeterPan

Dualidad común. El blanco y negro de la vida. Qué hacer, moverse o pararse. Adelante o atrás. Nunca lo podemos saber. Si arrepentirse es un error, no decidirse también.

saludos!

Aphisme

Como dijiste hace tiempo en otra entrada "la vida se nos va", y habrá que pensar cómo queremos vivirla. Dualidades y multiplicidades hay en nosotros los seres humanos incontables. Unos prefieren la calma social pero por dentro son volcanes y huracanes y otros por fuera son tornados y por dentro viven en una calma cósmica.

Me gustó el texto

Abrazos

outlander

tb puede ser una especie de mezcla de ambos, caminando en una extraña linea intermedia que abarque ambas maneras de hacer.

abrazo cracko!

Ahab

PeterPan:

Puede ser, en ralidad sobre esto pocas lecciones se pueden dar sin errar. Cada uno vivirá la vida del modo que mejor encaje con su forma de ser y, en la medida de lo posible, como quiera. Lo contrario produce una sensación de tristeza lamentable.

Gracias por venir

Ahab

Sí Aphisme, así hay muchas personas. Y también hay otras muchas que ni lo uno ni lo otro. Somos demasiado complejos en realidad para definirnos por premisas como las que señala el texto que he publicado, con el que he retrado, efectivamente, dos aspectos muy generales que para nada son contrarios, sino distintos. Sin embargo muy comunes en los seres humanos, porque también se implican nuestras actitudes de personalidad, intrínsecas, innatas. Extroversión e introversión. Ni del todo una cosa ni la otra. Pero todos somos un poco más de una que de otra, inevitablemente.

Como siempre, celebro que vengas y comentes, abrazos para ti

Ahab

gracias por comentar estimado Outlander, tiempo ha que no te leía por aquí.

Sí, también, esa puede ser una opción; me parece que todos, cada uno con sus cosas y a su manera, estamos ahí, en esa dualidad.

Abrazo

C C

Muy bellos textos que nos dejas Capitán. Viendo la fotografía imagino la espiral que K. y P. pueden extender hastya el infinito como un carrete al viento. Está en nuestro adn dicen, poco entiendo de ciencia y biología, pero puede ser el caso. Creo que en la quietud están los abismos, la profundidad, el anverso custodiando las ilusiones. Y perdón por pasarme tan tarde.

Un abrazo.

Ahab

CC Rider:

siempre celebro tu llegada, sea antes o después. Coincido contigo, es en la "quietud" y no en otro estado cuando o donde el alma se dilata y surgen los viajes interiores, la fusión con la materia y lo invisible por igual. Estados casi lisérgicos por su pasmosa clarividencia y ensanche creativo de la auto-observación.

Gracias una vez más por alimentar al árbol

Abrazo

KAra.

Excelente entrada Ahab,una lástima que sea la última, pero la vida es eso: el cambio constante, el del flujo de aquel río sobre el cual Heráclito decía que nunca vuelve a ser el mismo, y que por eso es metáfora del tiempo.
Coincido yo también en cuanto a lo de la quietud. De allí es que se entiende, por ejemplo, que una geografía como la del desierto haya ocupado un lugar casi sacralizado en las historias de las distintos religiones. El desierto visto entonces como el continuum del silencio en la naturaleza, y en consecuencia el espacio ideal para la introspección: silencio de mí y silencio fuera de mí.

DuDo

Otra vez leo buenas palabras. Hacía mucho tiempo que no pasaba por aquí, y me alegro, porque así aun habiéndose detenido el arbol en su crecimiento, puedo continuar disfrutando de estas entradas atemporales, como si aun permaneciera activo. Me hace ver que no ha muerto como pensaba cuando leí la última entrada hace tiempo. No ha sido talado, sigue ahí, vivo: dando sombra fresca cuando el sol abrasa y confortable cobijo en el interior de su tronco cuando la tempestad y el frío golpean.

Me siento completamente retratado tanto en K como en P, unos momentos K, otros P.

Un abrazo Ahab.